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Escuintla, Ciudad de las Palmeras

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viernes, 3 de septiembre de 2010


ÍNDICE 76
Portada: Estructura 35 Sub de La Acrópolis, llamada Sak Xok Naah, “la casa blanca de la lectura”, Ek’ Balam, Yucatán.
Foto: Sergio Autrey / Raíces
arqueomex@arqueomex.com

Revista Bimestral, nov-dic de 2005
Volumen XIII, Número 76


ARQUEOLOGÍA
Dossier:
Últimos descubrimientos mayas. Parte II: Yucatán y Quintana Roo

Clásico Terminal y Posclásico en el área maya. Colapso y reacomodos
Enrique Nalda
La civilización maya sigue planteando interrogantes ¿qué provocó el “colapso maya”?, es una de ellas. He aquí un esbozo de sus posibles causas y una síntesis de lo acontecido en la región tras el declive de las grandes ciudades del Clásico.


CLÁSICO TERMINAL (750-1050 D.C.) Y POSCLÁSICO
(1050-1550 D.C.) EN EL ÁREA MAYA COLAPSO
Y REACOMODOS 
Enrique Nalda
Palacio del Gobernador, Uxmal, Yucatán. Esta ciudad se convirtió en una potencia hacia la segunda mitad del siglo IX, cuando los centros de las Tierras Bajas del Sur habían decaído. La relación entre ambos eventos, si es que existe, requiere de mayor investigación, como de hecho es necesario a lo largo de toda la zona maya para entender la naturaleza de la transición del Clásico Terminal (750-1050 d.C.) al Posclásico (1050-1550 d.C.).
Por muchos años se ha debatido sobre el abandono masivo de algunas de las ciudades más importantes de las Tierras Bajas del sur del área maya en el siglo IX de nuestra era. El proceso se conoce como el “colapso del Clásico maya” y ha despertado la imaginación de muchos mayistas, viejos y jóvenes por igual.
Muchas son las teorías propuestas para dar cuenta de ese acontecimiento. La de mayor arraigo tiene que ver con una supuesta degradación ambiental producida por cambio climático, agravada por un explosivo incremento poblacional en los años precedentes. Existe evidencia reciente que tiende a apoyar esta tesis pero, también, información que la contradice. La región del “colapso” es de una diversidad ambiental tal que hace improbable el que un cambio climático, de haber ocurrido en esas fechas, haya tenido un impacto parejo en toda su gran extensión: en esa región se mezclan situaciones ribereñas, lacustres y de bajos inundables estacionalmente; se alternan zonas de topografía ondulante, de macizos montañosos y de sabanas; se encuentran suelos profundos, ricos en nutrientes y bien drenados, así como tierras de baja productividad agrícola; existen, en fin, importantes diferencias en precipitación pluvial anual.
Lo que sí parecería ser una constante en toda la región afectada es el hecho de que previo al éxodo masivo se dio un fuerte incremento poblacional. Así, para algunos de los estudiosos de la historia maya, explicar el colapso maya equivale a encontrar la razón de ese incremento poblacional, tarea nada insignificante si se toma en consideración que no existen datos confiables sobre la demografía de los sitios implicados. Enfrentados al hecho de que muchos de esos sitios parecen haber experimentado con anterioridad fuertes oscilaciones en su curva poblacional sin que llegaran a producir efectos tan devastadores, quienes apoyan la idea de un crecimiento poblacional como motor del proceso recurren al cambio climático para redondear la hipótesis: el deterioro climático fue la gota que derramó el vaso, gota que no se dio en ocasiones anteriores, argumentarían. El cambio climático se postula de esta manera como un factor adicional en el proceso, sin duda importante, pero complementario.
LA GUERRA
Más sofisticadas son las tesis que colocan a la guerra como motor del colapso. No sería la desolación que suelen producir sino, fundamentalmente, el "desgaste social" que inducen, lento pero progresivamente más profundo, lo que estaría al centro de estas ideas. La argumentación en este caso es que, llevada a un nivel de práctica sostenida y generalizada, la actividad bélica impone una carga económica que puede afectar peligrosamente a la base social: el costo de las campañas militares y el mantenimiento de una elite encargada de la planeación y preparativos para la guerra se hacen, además, cada vez mayores. Para los derrotados las condiciones de vida empeoran; para el común de quienes salen victoriosos en la contienda, la participación en los beneficios suele ser menor o, simplemente, nula; la elite, eso sí, saldrá fortalecida. El costo de la derrota puede ser muy alto. El caso de Tikal parece ejemplificar la cuestión: durante 130 años (entre 562 y 692 d.C.) no se levantó en ese sitio un sólo monumento conmemorativo fechado; el periodo, conocido como el hiatus de Tikal, es justamente el que separa la derrota de Tikal a manos de un desconocido (que algunos autores considera que fue Calakmul) en alianza con Caracol y la derrota que infligió Tikal a ese mismo adversario en 695 d.C.
Hay varios problemas en el manejo de la guerra como motor del colapso. El primero es que, con contadas excepciones, en este tipo de propuesta no se menciona qué es lo que está detrás de esas guerras. Cuando se hace, se recurre frecuentemente a cuestiones de prestigio: la guerra es, según unos, un acontecimiento pactado, circunscrito a las elites, sin propósito "económico", dirigido a la toma de cautivos destinados al sacrificio. Otros, menos convencidos de la importancia del ritual, se inclinan por ver la guerra como una forma de hacerse de recursos que les permitan satisfacer las demandas crecientes de una población y una elite cuyos números aumentan constantemente, acercándose peligrosamente a un clímax que no es sino la antesala del colapso. En ambos casos, sin embargo, quedaría por explicarse cómo es que las guerras del Clásico Temprano no produjeron en la región el éxodo que caracterizó al "colapso maya". Podría contestarse diciendo que se trata de dos periodos distintos y, también, de dos tipos de guerra: una de tipo simbólico y la otra por, razones más mundanas, más preocupada por "mantenerse a flote" que por las demandas divinas. Pero entonces habría que preguntar cómo es que, por ejemplo, la intensificación de la actividad bélica llevó a Dzibanché, en el sur de Quintana Roo, a hacerse de un vasto territorio y, al mismo tiempo, a una transformación social violenta que afectó por igual a la elite y la base social, todo ello en el Clásico Temprano (250-600 d.C.) e inicios del Tardío (600-750 d.C.), muy lejos de las fechas correspondientes al "colapso del Clásico maya". Habría que señalar, también, que una de las causas más comunes de las guerras mayas debió haber sido la confrontación entre miembros de la elite, en especial entre miembros de un mismo grupo dinástico, por la sucesión. Lo que estaba al centro de la guerra no era, en este caso, las obligaciones pactadas con los dioses ni cuestiones de prestigio sino sólo la pretensión de hacerse del poder.
UNA SUMA DE HISTORIAS
En la discusión del "colapso maya", demografía y guerra, aislados o combinados, son frecuentemente pensados como factores que actuaron en un sistema fuertemente integrado no sólo por alianzas entre elites sino también como consecuencia del intenso comercio que se practicó en la región. Quienes apoyan esta idea consideran, en esencia, que las Tierras Bajas del sur del área maya operaban como un "sistema mundo" en el que un cambio de importancia en uno de sus centros mayores repercutía muy pronto en todo el sistema. Cambios mayores en uno de sus centros podían, de hecho, producir una verdadera catástrofe, similar a la que pudo haber sido generada por un cambio climático sostenido y generalizado.
La idea de un "efecto dominó" que explicaría en gran medida el "colapso maya" es congruente con esta tesis. Esa visión catastrófica se ha abandonado, y es así porque existen diferencias muy grandes en cuanto a tiempo y tipo de "colapso" de ciudades mayas particulares. El abandono masivo de las ciudades de la región del Usumacinta-Río de la Pasión: Yaxchilán, Piedras Negras, Palenque y Dos Pilas, se dio de manera casi simultánea entre finales del siglo VIII y comienzos del siglo IX de nuestra era, situación, por cierto, que ha inducido a Arthur Demarest a pensar que el colapso de los sitios podría haber estado relacionado "con un declive del sistema de comercio ribereño, quizás causado por la guerra y la aparición de enclaves militares en Ceibal y Altar [de Sacrificios] que habrían roto el sistema de intercambio de productos exóticos provenientes de las tierra altas" (Demarest et al., 2004, p. 547). Copán, en el otro extremo del área maya, sufrió un abandono similar en esas mismas fechas, sin duda por razones diferentes; poco después parece haberlo hecho su vecino y rival, Quiriguá. Tikal y Caracol, relativamente próximos entre sí, prolongaron su estatus hasta ya entrada la segunda mitad del siglo IX; aunque con una ocupación significativamente menor, el segundo de ellos prolongó su presencia hasta el siglo XI. Calakmul parece haber entrado en declinación hacia esas mismas fechas; Toniná, a gran distancia de este último, sufrió un proceso similar ya entrado el siglo X.
Si se considera que el abandono de Dos Pilas fue seguido de un proceso de revitalización ocupacional y cultural regional, notoriamente en Ceibal y Altar de Sacrificios, sitios que, a su vez, fueron abandonados a finales del siglo X, entonces estamos hablando de un proceso que, en esta región, se dio en más de dos siglos, un tiempo demasiado prolongado, incompatible con la idea de un sistema fuertemente integrado, con una economía y un sistema político cuyos límites territoriales serían los definidos por la extensión de la cultura maya, esa sí de una gran homogeneidad. Se trata también de un proceso de ritmo variado: a juzgar por las inscripciones que hacen referencia a sus gobernantes, parecería que en algunos sitios, en especial los ubicados en el poniente de las Tierras Bajas del sur, el "colapso" fue abrupto y en otros parece haber operado una lenta declinación del poder de sus respectivos grupos dinásticos; ése sería el caso de los sitios que tuvieron la ocupación más prolongada. La situación se complica aún más cuando se toman en cuenta sitios ubicados en Belice y el sur de Quintana Roo: en Lamanai, por ejemplo, hay una ocupación sin interrupción hasta la época colonial; el desarrollo de Kohunlich, por otro lado, no se detiene sino hasta finales del llamado Clásico Terminal (1050 d.C.); en Dzibanché, se prolonga hasta el Posclásico Tardío (1250-1550 d.C.)
En esta perspectiva, el problema del "colapso del Clásico maya" de las Tierras Bajas del sur resulta ser un problema falso. Las diferencias cronológicas y de desarrollo histórico en la región obligan a pensar la historia de esa gran área cultural como la suma de historias particulares, no necesariamente vinculadas. Hacen injustificable la extrapolación a todas las Tierras Bajas del sur de ideas generadas a partir de situaciones encontradas en sitios particulares -origen, por cierto, de las primeras hipótesis sobre el "colapso del Clásico maya".
EL CLÁSICO TERMINAL (750-1050 D.C.)
El hecho de que en Belice y el sur de Quintana Roo se hayan encontrado los sitios menos afectados por los acontecimientos que provocaron en el Clásico Tardío (600-750 d.C.) el abandono masivo de la mayor parte de los grandes sitios de las Tierras Bajas del sur, aunado al llamado florecimiento del norte de Yucatán durante el Clásico Terminal (750-1050 d.C.), han hecho pensar que el misterio del abandono de los grandes sitios de la zona central maya puede resolverse postulando migraciones desde el poniente hacia el oriente -hacia la Costa del Caribe- y del sur hacia el norte, hacia el Puuc y la región general de Chichén y Cobá.
Varias fuentes informan sobre desplazamientos poblacionales en la península de Yucatán, pero ninguna de ellas consigna desplazamientos que puedan correlacionarse directamente con el éxodo masivo producido por el abandono de los grandes sitios del centro del área maya durante los siglos IX y X. El Chilam Balam de Chumayel, por ejemplo, refiere dos "bajadas" u oleadas, aunque ambas se resuelven en el norte de la península, con desplazamientos desde el oriente y poniente, ninguno desde el sur: una "bajada", de dimensiones menores, con origen en Polé (hoy Xcaret), habría rematado en la región de Mérida después de una parada en Cetelac, en la región de Chichén, y haber cruzado el Puuc. La otra "bajada", mucho mayor, la relata con cierto detalle Landa (si bien la fecha con vacilación); habría tenido su origen al poniente, supuestamente en la zona maya-chontal, en el Golfo de México. Las fechas propuestas para ambos movimientos poblacionales son relativamente dispares: Eric Thompson (1987), por ejemplo, fechó la primera en 918 y la segunda en 980 d.C.; A.F. Chase (1986), por su lado, fecha la "pequeña bajada" hacia 1230 y la "gran bajada" hacia 970 d.C.
El hecho de que Uxmal emerja como potencia regional hacia la segunda mitad del siglo IX, y que lo haya hecho dentro de una tradición cultural que sugiere contactos con las Tierras Bajas del sur, induce a pensar que debe haber alguna relación entre ambos procesos. De ser correcta la idea de un desarrollo de Uxmal -y, en general, del Puuc- asistido por el influjo de migrantes provenientes del sur, habría que preguntarse cómo se realizó la inserción poblacional y cómo impactó la demografía y la organización existentes y cómo la cultura material, con su sello tan particular, desarrollado a lo largo de un siglo, fue afectada. Sin tener respuesta a estas interrogantes, el postular un origen favorecido por un movimiento migratorio desde el sur resulta ser una propuesta sin soporte.

NUEVAS SOCIEDADES, OTROS ESTILOS
Sea lo que fuere, el periodo de las grandes dinastías de las Tierras Bajas del sur y de la arquitectura monumental dirigida tanto a reforzar la imagen del gobernante (el k’uhul ajaw divinizado) como a mantener el orden cósmico llegó a su fin. En su lugar surgió una sociedad esencialmente diferente, con una estructura de poder fragmentada y una cosmovisión renovada, con una economía fuertemente dependiente del comercio a larga distancia, un nuevo patrón de asentamiento, y una cultura material propia, muy distintiva. La tem‡tica de las antiguas estelas y altares, centrada en la vida y logros del k’uhul ajaw, fue en gran medida sustituida por la del ceremonial en el que participan personajes de estatus equivalente, lo que sugiere un cambio hacia la descentralización en la toma de decisiones, hacia un gobierno compartido, integrado por pares y, posiblemente, una sede de gobierno rotativa. Entre otras, la imaginería de Chichén da fe de esta transformación.
Consistente con este cambio en la esfera de lo político, se habría producido una nueva formalización de la cosmovisión. Claude-Franois Baudez, entre otros, es de la idea de que antes del Posclásico, y con la posible excepción de la llamada tríada de Palenque, la de los mayas fue una religión sin dioses; en ausencia de dioses estereotipados, las imágenes producidas en el Clásico serían, según este autor, combinatorias de seres míticos y fuerzas naturales, composiciones complejas de un mundo "poblado de espíritus, criaturas celestiales e infernales, personajes alegóricos, héroes culturales y ancestros reales" (Baudez, 2004, p. 127). En efecto, la lista de dioses mayas que conocemos hoy día fue elaborada a partir de códices del Posclásico; su extrapolación al Cl‡sico parecería una operación ilegítima, en especial si se considera que se tata de dos momentos y dos estructuras sociales muy diferentes.
De manera paralela parece haberse dado un mayor énfasis en el ceremonial doméstico. Los materiales encontrados en depósitos del Clásico Terminal y del Posclásico en el sur de la península de Yucatán, por ejemplo en Kohunlich y en Dzibanché, apuntan en esa dirección. No es de extrañar si se considera que la transformación del Clásico al Posclásico implicó una pérdida de prestigio y un debilitamiento del poder centrado en el k’uhul ajaw.
Igualmente notable es la transformación estilística que se produce a partir del siglo VIII. En cerámica, nuevas estrategias de manufactura, nuevas formas de vasijas, nuevas técnicas decorativas, nuevos diseños y una iconografía particular, se combinaron para producir un espectro de producción alfarera que se alejó distintivamente de la industria que hasta entonces tenía como referente a las Tierras Bajas del sur. Pero fue en la arquitectura donde se hizo más evidente ese distanciamiento: proliferaron nuevos estilos, se recombinaron ocasionalmente y, si bien es posible asignar a cada uno de ellos una zona de mayor presencia, la mayor parte de ellos se distribuyó por toda la península de Yucatán. Llama la atención igualmente la aparición en la segunda mitad del Posclásico de un estilo idéntico al utilizado en códices y arte mobiliario mixtecos. Conocido como estilo Mixteca-Puebla, sus mejores expresiones pueden encontrarse en los murales de Santa Rita Corozal, en Belice, pero sobre todo en Tulum. En Dzibanché y Lamanai se han encontrado artefactos de hueso grabado que podrían confundirse con objetos similares encontrados, por ejemplo, en Zaachila, Oaxaca. De no haber sido por los murales señalados, habría sido difícil evitar pensar que la aparición del mismo estilo en esos lugares era prueba de la existencia de un comercio a larga distancia.
La proliferación y amplia distribución de estilos arquitectónicos en la península de Yucatán durante el Clásico Terminal y el Posclásico está en consonancia con la idea derivada de las fuentes coloniales en el sentido de que el periodo esta caracterizado por continuos movimientos poblacionales. Es difícil aislar la realidad "histórica" de estas migraciones de lo que suele ser la razón de muchos de los escritos de esa época: el reclamo de tierras apelando a un supuesto derecho primigenio. Seguramente mucho de lo que manejamos son tan sólo construcciones espurias, pero a partir de la información arqueológica es posible confirmar la existencia de una gran movilidad de la población de ese periodo. En muchos lugares, como en Kohunlich, se observan en el Clásico Terminal movimientos en ambas direcciones: mientras algunos optan por abandonar el sitio, otros, provenientes de diversos lugares, con sus propias tradiciones culturales, entran al sitio, y se acomodan sin que, aparentemente, la población radicada en el sitio les ofrezca resistencia alguna. Fueron, sin duda, tiempos distintos a los del Clásico Temprano.
EL POSCLÁSICO (1050-1550 D.C.)
Los documentos coloniales, abundantes sin duda, han sido especialmente œtiles en la construcción de la historia del Posclásico maya, pero quizás también hayan contribuido a crear sesgos que sin duda la arqueología podr’a corregir. Mucho se ha trabajado en sitios del Clásico Terminal, entre los que destacan, entre muchos otros, los del Puuc y Chichén. Pocos han sido los sitios del Posclásico Tardío que han merecido la atención de los mayistas. Notable, por ello, son los trabajos de exploración y conservación realizados por Carlos Peraza en Mayapán, el sitio más importante de la última fase de ocupación prehispánica en el norte de Yucatán. No hay duda que se requiere más trabajo, en especial en lugares sobre los cuales no hay fuentes que describan las condiciones del Posclásico Tardío, como es el caso del sur de Quintana Roo y de Campeche.
Se trata de un periodo especialmente interesante cuya importancia ha sido minimizada por la historia previa, la de los grandes centros monumentales del Clásico, una historia que ignora que sitios igualmente importantes para entender la historia antigua de México pertenecen a la última parte del tramo prehispánico, entre otros Tulum y San Gervasio (Cozumel) en la Costa Oriental. Quizás en este punto habría que recordar la descripción que recientemente hicieran dos arqueólogas del centro de México a propósito del Epiclásico, un término equivalente en principio al Clásico Terminal del área maya: "una época dinámica y balcánica en la que, ante la desarticulación del sistema estatal teotihuacano, el escenario se abre a la competencia de diversas culturas antes periféricas, atestigua la llegada de grupos foráneos que toman ventaja del vacío de poder dejado por Teotihuacan, y colaboran con la creación de una fructífera inestabilidad hibridizante, que finalmente dio origen al nuevo orden del Posclásico" (Uruñuela y Plunket, 2005, pp. 303-304). Ese periodo, especialmente atractivo -y, también, especialmente difícil del entender, en especial si se considera como parte de un proceso continuo con antecedentes en el Clásico maya-, merece una mejor atención de los arqueólogos.
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MAYAS DE QUINTANA ROO
KOHUNLICH Y DZIBANCHÉ LOS ÚLTIMOS AÑOS DE INVESTIGACIÓNEnrique Nalda, Sandra Balanzario
En los últimos años, en Kohunlich y Dzibanché se han realizado trabajos de prospección y excavaciones extensivas. Han sido, también, de hallazgos y de un gran avance en el conocimiento de la historia prehispánica de las sociedades que poblaron estos dos sitios.
Kohunlich
Ahora sabemos, por ejemplo, que Kohunlich tuvo una ocupación continua desde alrededor de 500 a.C. hasta 1100 d.C., mucho más larga de lo que habíamos estimado en un principio. En ese largo periodo Kohunlich experimentó al menos dos fuertes depresiones demográficas. De la primera, hacia mediados del Clásico, se recuperó; superada, comenzó un proceso de crecimiento acelerado que alcanzó un clímax hacia 900-1000 d.C., fecha del inicio de la segunda depresión, que culminó con el abandono total del sitio hacia 1100 d.C. La historia de Kohunlich es, así, más de tipo cíclico que de naturaleza lineal, lo cual no debe extrañarnos, pues se trata de un patrón común en el área maya.
Sabemos también que esta segunda caída poblacional estuvo prece-dida de la entrada a Kohunlich de migrantes que llegaron desde diferentes lugares del área maya, cada uno con su propio bagaje de conocimientos y costumbres. Así, la cultura material de esa época se manifiesta en el sitio con una gran diversidad y también con una calidad de ejecución difícil de encontrar en las obras de tiempos anteriores. Ese clímax cultural y demográfico marca el punto de inicio del “colapso” final.

El Edificio 1 es uno de los seis que se han explorado
en la Plaza Yaxná, la más grande de Kohunlich.
ARTÍCULO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA


MAYAS DE YUCATÁN
NUEVOS HALLAZGOS EN CHICHÉN ITZÁPeter J. Schmidt
La plaza suroeste del Grupo de la Serie Inicial vista desde el norte. (La ubicación del altar tronco-cónico en
la pequeña plataforma del centro es hipotética, pues aún no se realizan excavaciones que la confirmen.)
Los trabajos en el Grupo de la Serie Inicial han permitido ampliar el conocimiento sobre el desarrollo de esta importante ciudad maya, más allá del conjunto de grandes monumentos que por décadas han acaparado la atención de estudiosos y visitantes.
Han pasado más de cinco años desde el último resumen presentado en esta revista sobre Chichén Itzá. En esos años el proyecto del inah en el sitio, esencial para la historia prehispánica de Yucatán, ha logrado algunos avances considerables. En el campo, en el gabinete y en el laboratorio se ha recuperado y procesado abundante material para la solución de muchas interrogantes que impiden nuestro cabal conocimiento de una de las ciudades más enigmáticas de Mesoamérica.
Desde 1999, los trabajos de campo se han concentrado en el Grupo de la Serie Inicial, uno de los núcleos de la gran ciudad situado al sur de la sección de la zona arqueológica que normalmente recorre multitud de visitantes. Es el mismo núcleo que al principio de la exploración en el siglo XIX se bautizó como Chichén Viejo, aunque esto no significa que sus construcciones sean más antiguas que las del resto del sitio.También se le conoce como Grupo de la Fecha, en honor a la única inscripción con fecha de la serie inicial completa que se ha encontrado en Chichén Itzá. Con una extensión de aproximadamente 150 m norte-sur y 125 m este-oeste y con cerca de diez estructuras medianas y dos o tres grandes, es uno de los grupos secundarios más importantes de la zona.



MAYAS DE YUCATÁN
HALLAZGOS RECIENTES EN EK’ BALAMLeticia Vargas de la Peña, Víctor R. Castillo Borges
Ek’ Balam fue una gran ciudad que se extendió en casi 12 km2, alrededor de un recinto amurallado que
encierra los edificios más importantes, en los cuales se han centrado las exploraciones recientes.
Muchos han sido los hallazgos en Ek’ Balam, todos de gran importancia cultural y artística: fachadas decoradas, esculturas, murales, una tumba real y numerosos textos glíficos constituyen un verdadero tesoro de información arqueológica.
Después de diez años de trabajo en el sitio arqueológico de Ek’ Balam, que significa “estrella jaguar”, hemos tenido la fortuna de recuperar y conservar sorprendentes ejemplos de su arquitectura, entre ellos fachadas y murales magníficamente conservados, y muchos textos glíficos que nos han permitido conocer una parte de la historia de Ek’ Balam, principalmente de su periodo de mayor desarrollo en el Clásico Tardío/Terminal (600-850/900 d. C.).
La mayoría de esos vestigios y la información se ha recuperado en los últimos ocho años, que han sido dedicados exclusivamente a la excavación, restauración y conservación de la Estructura 1, a la que llamamos la Acrópolis. Los primeros cuatro años fueron de continuos descubrimientos y hubo un avance muy rápido en las investigaciones, principalmente en la temporada de campo 1998-2000. Sin embargo, los cuatro años más recientes han sido primordialmente de conservación y de muy poco avance en las exploraciones, debido a los recursos insuficientes.
Muchos datos de Ek’ Balam se han obtenido gracias a las inscripciones pintadas o labradas en la piedra realizadas por mandato de Ukit Kan Le’k Tok’, “el padre de las cuatro frentes de pedernal”, el primer rey conocido. Fue iniciador de una dinastía y bajo su liderazgo el reino de Talol alcanzó su apogeo; aunque no se conoce el significado de Talol, lo más probable es que éste haya sido el nombre del reino y Ek’ Balam el de su ciudad sede.



Kohunlich y Dzibanché. Los últimos años de investigación
Enrique Nalda, Sandra Balanzario
Los trabajos de prospección y las excavaciones extensivas en Kohunlich y Dzibanché han permitido ahondar sobre la historia prehispánica de las sociedades que los habitaron.

Nuevos hallazgos en Chichén Itzá
Peter J. Schmidt
Las investigaciones en el Grupo de la Serie Inicial han permitido ampliar el conocimiento sobre esta importante ciudad maya, más allá del conjunto de grandes monumentos que han acaparado la atención de estudiosos y visitantes.

Hallazgos recientes en Ek’ Balam
Leticia Vargas de la Peña, Víctor R. Castillo Borges
Luego de diez años de trabajo en Ek’ Balam, muchos han sido los hallazgos y de gran importancia cultural y artística: fachadas decoradas, esculturas, murales, una tumba real y numerosos textos glíficos.

Los jeroglíficos de Ek’ Balam
Alfonso Lacadena García-Gallo
Los reyes de Ek’ Balam atrajeron a la corte gran cantidad de artesanos y ampararon a una de las escuelas de escribas y maestros calígrafos más notables de su tiempo.

DIVERSOS
ARTÏCULO GENERAL
Crónicas de la Buena Muerte a la Santa Muerte en México
Elsa Malvido
Historia de la iconografía de la muerte católica, desde el medioevo hasta la reutilización de su imagen como Santa Muerte entre los creyentes de este rito popular en México. 

CÓDICES MEXICANOS
El Códice Cozcatzin
Ana Rita Valero de García Lascuráin
El Códice Cozcatzin es uno de los documentos más finos elaborados en el siglo XVI. De tema histórico, jurídico y fiscal, su contenido es de gran importancia pues proporciona una visión muy completa de la vida en el Centro de México durante el primer siglo colonial.

ENTREVISTA
Arquitecto Agustín Hernández. Sinfonía en piedra
Magali Tercero
Un recorrido por la impronta del México prehispánico en la obra de uno de los arquitectos más destacados del México contemporáneo.












MAYAS DE YUCATÁN Y QUINTANA ROO 
ÚLTIMOS DESCUBRIMIENTOS
Los últimos descubrimientos en sitios de Quintana Roo y Yucatán presentados en estas páginas conforman la segunda parte de los trabajos y hallazgos que publicamos sobre el área maya, resultado de excavaciones realizadas por más de 10 años y complemento al número previo, dedicado a los sitios mayas de Campeche.
El artículo introductorio a la región maya se dedica ahora a los periodos Clásico Terminal (750-1050 d.C.) y Posclásico (1050-1550 d.C.), como continuación cronológica de los periodos previos. En particular, se aborda y cuestiona el difundido proceso conocido como “el colapso del Clásico maya” (abandono masivo de algunas importantes ciudades), a través de sus tres causas aparentes, individuales o en conjunto: el deterioro climático, el incremento desproporcionado de la población y las guerras que se dieron por diferentes motivos (rituales, económicos o políticos). También se habla sobre la nueva sociedad maya que surgió en el Posclásico y sus importantes diferencias respecto a la sociedad del Clásico (250-1050 d.C.), que se reflejan sobre todo en su organización política y en su transformación estilística.
Además, se encuentran textos sobre Dzibanché y Kohunlich, sitios localizados en Quintana Roo, y sobre Chichén Itzá y Ek’ Balam, en Yucatán. Son cuatro ciudades prehispánicas en las que se ha realizado un intenso trabajo arqueológico y que formaron parte, desde principios de la década de los noventa, de los llamados “Proyectos Especiales”. Al igual que en el caso de los lugares de Campeche, es muy revelador ver nuevos y diferentes datos, que complementan la información que desde 1993 hemos venido publicando sobre la región maya.
En ambos números de la revista el lector tiene visiones de los especialistas, basadas en los vestigios encontrados y en sus diferentes estudios interdisciplinarios, que resultan ser una especie de “libros abiertos”. En éstos es posible leer avances en la interpretación sobre las posibles formas de vida y organización de nuestros antepasados mayas, pero también reflejan las ideas o hipótesis equivocadas sobre ellos y las numerosas interrogantes que todavía quedan en el aire sobre varias facetas de esta cultura prehispánica.

Fachada poniente de la Casa de los Caracoles, en Chichén Itzá, Yucatán.
Foto: Jorge Pérez de Lara / Raíces


















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