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viernes, 3 de septiembre de 2010
ÍNDICE 21

HISTORIA Y CULTURA DE
LOS ANTIGUOS MAYAS

PRESENTACIÓN

El desarrollo de la cultura maya
Cronología de la cultura maya
Mapa del área maya
La arquitectura maya
Arquitectura Puuc
Elementos de la
arquitectura maya
Arquitectura maya-tolteca
Arquitectura de
la Costa Oriental
Museo Regional de
Antropología de Yucatán
Palacio Cantón, Mérida
Patrón de asentamiento
Museo del Pueblo Maya
(Dzibilchaltún)
La sal
El henequén
La creación en el Popol Vuh
Fray Diego de Landa
La guerra
Códices mayas
El tipo físico maya
La historia del
enano y el gobernante
Chac
Abastecimiento de agua
Los calendarios mayas
Viajeros del siglo XIX
Ritos reales
El Juego de Pelota
de Chichén Itzá
Cenotes
Prácticas funerarias
Cuevas
Escritura maya
La tecnología agrícola
La casa maya
La navegación
El comercio
Pintura mural
La guerra de castas
Descubrimiento de México.
Yucatán y Quintana Roo


ALGO MÁS QUE ARQUEOLOGÍA
Reservas naturales
Artesanías populares
Platos típicos de la región
Calendario de fiestas
Para leer más
Índice de imágenes y créditos

RUTAS ARQUEOLÓGICAS
YUCATÁN Y QUINTANA ROO

Mapa de rutas mayas
Cómo leer esta guía
Ruta 1: Alrededores
de Mérida

Mapa
Dzibilchaltún, Yucatán
Xcambó, Yucatán
Aké, Yucatán
Acanceh, Yucatán
Izamal, Yucatán
Mayapán, Yucatán


Ruta 2: El Puuc 
Mapa
Oxkintok, Yucatán
Uxmal, Yucatán
Kabah, Yucatán
Sayil, Yucatán
Xlapac, Yucatán
Labná, Yucatán
Loltún, Yucatán
Chacmultún, Yucatán

Ruta 3: Chichén Itzá-Cobá
Mapa
Chichén Itzá, Yucatán
Yaxuná, Yucatán
Balamkanché, Yucatán
Ek' Balam, Yucatán
Cobá, Quintana Roo
Ruta 4: Costa de Quintana Roo
Mapa
El Meco, Quintana Roo
El Rey, Quintana Roo
San Gervasio, Quintana Roo
Xcaret, Quintana Roo
Xelhá, Quintana Roo
Tulum, Quintana Roo
Muyil, Quintana Roo






LOS MAYAS
RUTAS ARQUEOLÓGICAS

YUCATÁN Y QUINTANA ROO




ÍNDICE



PRESENTACIÓN
Fomento Cultural Banamex, A. C., por cuarta vez, se complace en coeditar con Editorial Raíces un nuevo especial de la revista Arqueología Mexicana, en esta ocasión dedicado a diversos itinerarios del mundo maya dentro del espacio geográfico de la península de Yucatán. Recorridos, sin lugar a duda, muy atractivos por la exuberancia del entorno natural, pero sobre todo por la riqueza cultural que los envuelve.
Calidad, actualización y un espíritu de compromiso con el patrimonio cultural son las premisas que compartimos los colaboradores y que configuran los propósitos de este número en que el pasado, el exotismo y el carisma de los destinos seleccionados celebran el verdadero gusto por el viaje.
El viaje es movimiento, cambio, desplazamiento de ida y vuelta, distancia, aproximación, sorpresa, aventura y conocimiento. Su fin es un destino, una meta que culturalmente implica un impulso exploratorio y acumulación de saberes. El viaje es el medio para acercarse a las formas en que se entreteje la red de símbolos que dan unidad y distinción a los grupos sociales. En otras palabras, es una de las mejores maneras para experimentar la alteridad cultural.
El territorio yucateco es una parte importante del mundo maya, área cultural en la que floreció esa gran civilización milenaria, viva, cambiante y perdurable. Los testimonios son muchos y se encuentran por los diversos sacbés, vocablo maya que significa “camino blanco”. Lo vemos en las numerosas ciudades arqueológicas de complejas estructuras y de refinada escultura, entrelazadas a través de rutas que se conocen por los rasgos de su arquitectura, por ejemplo, la Puuc. Asimismo, constatamos el esplendor maya en su pintura mural y en su cerámica, en sus inscripciones y escritura, en la variedad de lenguas, en los mitos y rituales, en las tradiciones y manifestaciones artísticas que persisten hoy en cada pueblo, gracias a la práctica cotidiana de sus habitantes, herederos de ese gran legado.
Además de su rico pasado prehispánico, en la península de Yucatán se refleja la historia de la época virreinal, durante la cual se construyeron, al amparo de órdenes religiosas, infinidad de espacios dedicados al culto católico, como iglesias, santuarios y conventos, algunos de ellos ligados a centros ceremoniales prehispánicos, como es el caso de Izamal: la ciudad de las tres culturas.
Por otro lado, al acontecer reciente del territorio yucateco se vincula el patrimonio arquitectónico edificado en los siglos XIX y XX, como resultado del auge henequenero. Las haciendas que se dedicaron a la explotación del henequén hoy son parte indisociable del entorno natural de la península y, recientemente, se han regenerado bajo la premisa de integrarlas al patrimonio cultural y como una variable ligada al desarrollo social. Ejemplo de ello es la ex hacienda de Ochil, reconvertida en un parador para visitantes que cuenta con un Museo de Arte Popular y talleres artesanales.
Fomento Cultural Banamex es un organismo no lucrativo con 35 años de compromiso con el desarrollo cultural de México. En la última década ha reforzado su actividad de rescate en favor del patrimonio cultural, de una manera integral y en corresponsabilidad con los gobiernos estatales, instituciones públicas y entidades privadas.
Nuestro Programa de Restauración y Conservación del Patrimonio Cultural comprende cerca de 30 proyectos activos a nivel nacional en diversos rubros, como monumentos arquitectónicos virreinales, zonas arqueológicas, conservación de recintos virreinales para el desarrollo de museos, conservación de pueblos y recintos para el desarrollo y la promoción turística de comunidades, así como desarrollo comunitario integral.
Una proporción considerable de los proyectos se gestiona y opera en la península yucateca. Destacan aquellos del programa anual en colaboración con el Instituto Nacional de Antropología e Historia, desarrollado desde 2001, que se centra en restaurar y conservar iglesias y conventos virreinales. Se han intervenido: Homún, Tecoh, Kikil, Pixilá, Ichmul, Ticum, Ekpetz, Tixcacaltuyub, Sudzal y Uayma. En cuanto a zonas arqueológicas cabe mencionar el rescate, conservación y consolidación de Kabah, Aké, Xocnaceh, Santa Rosa Xtampak, Chichén Itzá y Labná, con la participación del World Monuments Fund.
Muchas de las acciones de rescate se vinculan al desarrollo comunitario y a la promoción turística de ciudades tradicionales y de pequeñas comunidades. En coordinación con otras líneas de acción de la asociación se desarrollan talleres artesanales de Grandes Maestros del Arte Popular y de Mujeres Artesanas Indígenas. También se ha establecido un programa educativo alrededor de esos talleres y en sitios donde se realiza restauración, con el fin de reforzar el orgullo, arraigo y sentido de pertenencia de las familias de artesanos y demás miembros de las comunidades.
La guía que el lector tiene en sus manos es una grata invitación a visitar la península de Yucatán para conocer, en las rutas que propone, las joyas arqueológicas y de arquitectura virreinal, la exquisitez de su artesanía, la espiritualidad de su vida religiosa, la alegría de la cotidianeidad, la delicia de su gastronomía, la hospitalidad de su gente y la variedad de su fauna y vegetación. Es también un medio para planear su viaje y una edición para conservar, ya que, al repasar sus páginas, las magníficas imágenes lo transportarán nuevamente al fascinante mundo maya, para recrear todas las experiencias vividas. Reiteramos la invitación y cerramos esta presentación parafraseando a Désiré Charnay, explorador francés del siglo XIX: “Yucatán es rico en recuerdos, se dirige al corazón, al alma, a la imaginación, al espíritu; imposible abandonarlo con indiferencia”.






EL PALMAR, CAMPECHE
Kenichiro Tsukamoto, Javier López Camacho, Octavio Q. Esparza Olguín
A pesar del gran avance de las investigaciones arqueológicas en las Tierras Bajas Mayas, existe un número significativo de ciudades antiguas que todavía se encuentran ocultas en la selva tropical. El sitio arqueológico de El Palmar, descubierto en 1936, se había mantenido en el anonimato a pesar de ser considerado de gran importancia por su monumentalidad y sus cuantiosas inscripciones jeroglíficas. Sin embargo, nuevas investigaciones arqueológicas en el asentamiento nos han permitido vislumbrar su compleja organización urbana.
El Palmar
Eric Thompson y su equipo descubrieron El Palmar, en 1936. Entonces hicieron trabajos arqueológicos y mapas, con estos últimos se determinó que los edificios se ubican en un área de 900 m por 660 m. Reprografía: Proyecto Arqueológico El Palmar
El Palmar se encuentra en el ejido de Kiche Las Pailas, municipio de Calakmul, en el sureste de Campeche. Hoy en día, el sitio se localiza dentro de la Reserva de la Biosfera de Calakmul, que se caracteriza por una zona de clima cálido-húmedo con selva alta y mediana subperennifolia. A pesar de la modificación del entorno por grupos humanos, en la zona arqueológica todavía es posible encontrar vegetación y animales silvestres, entre los que destacan el mono aullador, mono araña, armadillo y venado, así como especies vegetales que incluyen maderas preciosas como la ceiba, el cedro y el chaca.
Por otro lado, ya en dos estudios previos de reconocimiento arqueológico, los de Karl Ruppert y Denison (1943) e Ivan Šprajc (1996-2008), se señala que la abundancia de recursos naturales fortaleció una densa concentración de asentamientos mayas en esta región durante el periodo prehispánico. Por ejemplo, alrededor de El Palmar se encuentran otros sitios ya conocidos como Calakmul (50 km al poniente), Río Bec (33 km al norte), Mucaancah (18 km al oriente) y Río Azul (30 km al sur). Sin duda, la ciudad antigua de El Palmar debió desarrollarse a partir de la riqueza del medio y de las interacciones sociales que mantuvo con sitios colindantes.
INVESTIGACIONES PREVIAS
El sitio fue descubierto por Eric Thompson en 1936. Durante tres semanas de campo, su equipo realizó labores de levantamiento de mapas, excavación de pozos de sondeo y calas, además de registrar 44 estelas y numerosos altares circulares, algunos de los cuales se registraron por medio de calcas. El trabajo topográfico realizado en aquel entonces permitió de-limitar la parte monumental, que se distribuye en un área de 900 m en dirección norte-sur y 660 m en sentido oriente-poniente. Con base en el análisis cerámico, Thompson concluyó que la ocupación del sitio abarcó el periodo 300 a.C.-800 d.C., mientras que el estudio de los monumentos grabados proporcionó fechas de rueda calendárica que abarcan de 711 d.C. a 884 d.C. Además, Thompson encontró una ofrenda dedicatoria asociada con un monumento, la cual contenía diversos artefactos líticos conocidos como “excéntricos”.
A pesar de que Thompson destacaba la importancia de El Palmar por su ubicación, monumentalidad y gran cantidad de monumentos grabados, no efectuó más temporadas de trabajo, por lo que el sitio quedó en el olvido por varios años. No obstante, El Palmar ha sido mencionado en repetidas ocasiones por diversos autores (Ruz, 1945; Proskouriakoff, 1950; Piña Chan, 1970; Adams y Jones, 1981, Šprajc, 1996, entre otros), la mayoría de los cuales se basaron en el reporte de Thompson con todo y sus omisiones. En lo que respecta a los monumentos, Tatiana Proskouriakoff (1950) hizo una descripción de dos estelas, y Merle Greene Robertson (1995) elaboró calcografías de un altar circular y dos estelas.
De diciembre de 1996 a marzo de 1997, Carlos Brokmann dirigió el “Proyecto arqueológico de El Palmar, Campeche”, que se centró en la localización y protección de monumentos grabados, levantamiento de mapas, registro de calas y pozos de saqueo, así como en la recolección de materiales arqueológicos. Durante el trabajo de campo logró reubicar 22 estelas y tres altares, con lo cual faltaban, al menos, 22 estelas para igualar la cantidad mencionada por Thompson 60 años antes. Para tratar de explicar esta situación, Brokmann consideró que Thompson podría haber contabilizado los fragmentos de una misma pieza por separado. Por otra parte, él visitó un sitio denominado Tres Ruinas, situado 2 km al sureste de la parte monumental del asentamiento, y llegó a la conclusión de que pudo ser parte de El Palmar.


ÍNDICE 101
Portada:
Teotihuacan, estado de México.
Dibujo: Alejandro Villalobos

arqueomex@arqueomex.com
Teotihuacan 
Revista Bimestral, ENERO-FEBRERO De 2010
Volumen XVII, Número 101


BREVE IN MEMORIAM DESDE MÉXICO
Claude Lévi-Strauss (1908-2009)
DOSIER
Las pirámides de México
Esta entrega de Arqueología Mexicana busca poner al alcance del público un panorama sobre las pirámides, e incluye reflexiones sobre su papel en la configuración y reiteración de una cosmovisión en la que son vistas como representaciones de montañas sagradas que simbolizan el centro del universo.
Pirámides como centro del universo
Eduardo Matos Moctezuma
Para los pueblos mesoamericanos, el movimiento de los astros y particularmente del Sol era determinante para estructurar su imagen del universo, y con base en ella definían también la orientación de sus ciudades y templos principales.
Las pirámides de México (Visual)
Enrique Vela
Las pirámides y la integración plástica
María Teresa Uriarte
La pirámide forma parte de un todo que está concebido y planeado de acuerdo con numerosos factores. Al ver los edificios prehispánicos nos damos cuenta de que, como sucedía en otras ciudades de la antigüedad, la falsa separación entre pintura, escultura y arquitectura no existía.
Las pirámides: procesos de edificación.
Tecnología constructiva mesoamericana

Alejandro Villalobos
Grandes señores del paisaje urbano mesoamericano, los edificios y complejos arquitectónicos prehispánicos han sido objeto de todo género de estudios, que han privilegiado aspectos tales como el estilo y forma construida resultante.
La construcción de las grandes pirámides de México
Elliot M. Abrams
Los arqueólogos que utilizan el enfoque antropológico siguen explorando las maneras de analizar el trabajo y la organización requeridos para la construcción de las enormes pirámides de la antigüedad.





LAS PIRÁMIDES EN MÉXICO


ÍNDICE 101• ARQUEOLOGÍAXochicalco y Adela Breton
• Las pirámides de México• El Palmar, Campeche
• Pirámides como centro del universo• HISTORIA: La primera gran pandemia de (1520)
• Las pirámides de México (Visual)• La conquista musical de México
 Las pirámides y la integración plástica• HISTORIA DE LOS CÓDICES: Códice de Dresde
• Las pirámides: procesos de edificación• PIEZA: Los monolitos del mercado y el tianquiztli
• La construcción de las pirámides• DOCUMENTO: Códice Mexicanus

DOSIER
LAS PIRÁMIDES DE MÉXICOTeotihucan
Pirámide de la Luna. Teotihuacan, estado de México.
Foto: M.A. Pacheco / Raíces
Desde que las sociedades del México antiguo se volvieron sedentarias, los centros de culto de los grupos nómadas de cazadores-recolectores –situados en lugares que eran visitados periódicamente– se convirtieron en edificaciones permanentes ubicadas en el núcleo de los asentamientos, y en muchos sentidos se volvieron el centro de la vida misma. Es-tas construcciones, en el imaginario colectivo, se conocen como “pirámides”, denominación que también es de uso común entre los especialistas a pesar de que en un inicio tenía connotaciones que la asociaban con otros monumentos, como los de los egipcios, con los cuales no compartían en realidad ni la forma ni su vocación esencial: las pirámides de los egipcios eran mausoleos, las de México tenían como objetivo el culto público.
Ante estas edificaciones –de una enorme variedad en cuanto a tamaño, forma y decoración, pero a la vez con denominadores comunes en lo que se refiere a sus dimensiones y su ubicación respecto a las construcciones que las rodeaban–, se congregaban los habitantes del lugar para celebrar sus rituales fundamentales. Las características últimas de estos monumentos proporcionan información no sólo sobre las creencias de un grupo particular en una época determinada, sino que también arrojan luz sobre conocimientos arquitectónicos y de ingeniería. Son además un indicio de la complejidad social, pues es obvio que levantarlas requería de la participación de grandes grupos humanos, cuya sola convocatoria y organización eficiente supone la existencia de un acuerdo.
Esta entrega de Arqueología Mexicana, busca poner al alcance del público un panorama sobre esas construcciones, e incluye reflexiones sobre su papel en la configuración y reiteración de una cosmovisión en la que las pirámides son vistas como representaciones de montañas sagradas que simbolizan el centro del universo. Asimismo, se intenta responder a preguntas recurrentes entre nuestros lectores: ¿cómo se construyeron?, ¿qué esfuerzo implicaba levantarlas? Ofrecemos también un recuento visual de los distintos modos en que se ha representado a las pirámides, desde la época prehispánica hasta la actualidad, pues son una presencia constante, como corresponde a uno de los elementos más llamativos de nuestro legado histórico y cultural.


PIRÁMIDES COMO CEN TRO DEL UNIVERSO
Eduardo Matos Moctezuma
Para los pueblos mesoamericanos, el movimiento de los astros y particularmente del Sol era determinante para estructurar su imagen del universo, y con base en ella definían también la orientación de sus ciudades y templos principales. El Sol nace por el oriente y se eleva en el firmamento para después empezar a declinar hacia el poniente, es decir, la forma piramidal representada en un edificio se asemeja en cierta forma al movimiento de ascenso-descenso que realiza el astro.
mural teotihuacano
Las pirámides son representaciones del Tonacatépetl, “montaña de los mantenimientos”, que para los mesoamericanos era una gran troje que contenía los granos y el agua que fertilizaba la tierra y hacía crecer las plantas. En un mural teotihuacano hay una imagen de una montaña en que se ven granos y agua que brota. Tlalocan. Tepantila, Teotihuacan, estado de México.
Foto: Marco Antonio Pacheco
Si atendemos al significado del término “pirámide” resulta evidente que su primera acepción se relaciona con la forma de un cuerpo geométrico. Sin embargo, un segundo nivel nos lleva a considerarla como la manera común con que la gente se expresa en relación con edificios antiguos. Se habla de “pirámides de Egipto” (que en cuanto a la forma son verdaderas pirámides) o de las mesoamericanas, que en realidad no se ajustan cabalmente a la forma típica sino que son una serie de cuerpos escalonados superpuestos que adquieren cierta forma piramidal, con la escalinata que conduce a la parte superior. Esta masa arquitectónica conocida como basamento tiene por función la de servir para que sobre él se erija el templo propiamente dicho, que se encuentra en la parte más alta del mismo. En ocasiones, el basamento descansa sobre una plataforma que sustenta a todo el edificio.
La primera pregunta que surge es: ¿por qué esta forma del edificio? Esto nos remite de inmediato a la manera de concebir el universo de los pueblos mesoamericanos. Para ellos, el movimiento de los astros y particularmente del Sol era determinante para estructurar su imagen del universo, y con base en ella definían también la orientación de sus ciudades y templos principales. El Sol nace por el oriente y se eleva en el firmamento para después empezar a declinar hacia el poniente, es decir, la forma piramidal representada en un edificio se asemeja en cierta forma al movimiento de ascenso-descenso que realiza el astro..
Ahora bien, dentro de la variedad de pirámides tenemos aquellas cuya función era ser centro del universo o axis mundide las sociedades en que se dan. Varias características les son propias: a) Están construidas en lugares considerados sagrados; la sacralidad del lugar se establece por medio de señales o símbolos que le dan validez. b) El edificio guarda una orientación hacia el poniente. c) Se asocia con sacrificio humano y guerra. d) Representa montañas sagradas con cuevas en su interior que contienen el agua y los granos que habrán de alimentar al hombre. e) Como consecuencia de los dos apartados anteriores, tienen relación con la dualidad vida-muerte. f) Estas montañas representan mitos importantes. g) Al ser el centro del universo, estos cerros/templos son el medio de comunicación entre los niveles terrestre, celeste y el inframundo, y de ellos parten los cuatro rumbos universales. h) Estas pirámides están rodeadas por plataformas que las circundan a la vez que delimitan su acceso y sirven para establecer el espacio sagrado de habitación de los dioses frente a otro espacio externo de habitación humana. i) Estas grandes plazas sirven para que en ellas se realicen ceremonias masivas con participación de la población en fechas especiales (Matos, 1995, 1997, 2003).
En la región central de Mesoamérica hay ciudades en las que se presentan algunos de estos rasgos, como en Teotihuacan, Cholula, Tula, Tenayuca, Tenochtitlan, Tlatelolco y otras más, si bien tomaremos como ejemplos aquellas de las que tenemos mayor información: Teotihuacan y Tenochti-tlan. En el caso de la primera se aprecian en dos conjuntos: la Pirámide del Sol y el Templo de Quetzalcóatl o de la Serpiente Emplumada en la Ciudadela. La primera fue construida durante la fase Tzacualli (1-150 d.C.) y el segundo en la fase Miccaotli (150-250 d.C.). En Tenochtitlan los rasgos se aprecian en el Templo Mayor, que se empezó a construir alrededor de 1325 d.C. y se fue ampliando al paso del tiempo. A continuación analizaremos cada una de las características mencionadas presentes en estos conjuntos.
A) SÍMBOLOS DE SACRALIDAD
En el caso de la Pirámide del Sol, el lugar sagrado está indicado por la cueva que fue encontrada debajo del monumento por Jorge Acosta en 1971 y estudiada por Doris Heyden (Heyden, 1975). Ya habíamos comentado que no importa si la cueva es natural, artificial (hecha por el hombre) o presenta ambas características; lo que importa es el simbolismo que la representa como lugar por donde se puede ir al mundo de los muertos o la matriz que pare pueblos. Por eso suele asociarse con el agua como elemento de fertilidad, como lo indican los canalones hallados en el interior de ella. En el caso de la Ciudadela, recientemente se ha encontrado una especie de túnel que parte de la plaza y llega hasta el Templo de Quetzalcóatl (Sergio Gómez y Rubén Cabrera, comunicación personal).
En lo que respecta a Tenochtitlan, sabemos por diferentes crónicas que el símbolo de sacralidad está representado por el águila parada sobre el nopal, lugar donde se erigirá el Templo Mayor. Esta imagen la vemos en la parte posterior de la escultura del Teocalli de la Guerra Sagrada, así como en la lámina 1 del Códice Mendoza y en el Aubin, por mencionar sólo algunos casos. La figura del águila en su connotación solar representa al dios Huitzilopochtli; las tunas y la piedra sobre la que se erige el nopal nos recuerdan el relato del sacrificio de Cópil por parte de Huitzilopochtli y la manera en que se le arranca el corazón y se arroja en medio del lago. Por lo tanto, sacrificio, guerra y Sol triunfante marcan el lugar sagrado en donde se ubicará el Templo Mayor.
B) ORIENTACIÓN HACIA EL PONIENTE
Los edificios que venimos tratando están orientados hacia el poniente, lo que obedece en todos los casos al movimiento solar de este a oeste, por medio del cual se establece la orientación de la ciudad como imagen del cosmos. El orto y el ocaso del astro tienen un contenido importante y a partir de él se fijan los rumbos del universo con sus símbolos, deidades, colores, fauna y flora que los identifican. La imagen cuatripartita del universo queda así expresada en estas urbes, la cual se plasma en códices como el Fejérvary-Mayer y en estructuras arquitectónicas como la que se encuentra el frente de la Pirámide de la Luna en Teotihuacan.
C) SACRIFICIO HUMANO
Este aspecto se ve en la Pirámide del Sol, con los infantes hallados por Leopoldo Batres en cada una de las esquinas del monumento. Otro tanto ocurre en el Templo de Quetzalcóatl con los enterramientos masivos de individuos que tienen las manos atadas a la espalda en grupos de 4, 9 y 18 esqueletos, además del túmulo mortuorio encontrado en el centro del templo. Del Templo Mayor de Tenochtitlan tenemos un buen cúmulo de información por parte de los cronistas acerca de la práctica del sacrificio humano tanto en el lado de Tláloc como en el de Huitzilopochtli.
D) MONTAÑAS SAGRADAS
En la actualidad muchas comunidades indígenas conservan la idea de que algunos cerros contienen agua en su interior. Esta creencia proviene del mundo prehispánico y se expresa en el altépetl o montaña de agua alrededor del cual se asienta la comunidad. Si bien las referencias sobre éste son tardías, no es de dudar que tenga sus inicios en Teotihuacan o aun antes. Es así como en el mural de Tepantitla, en Teotihuacan, aparece la imagen de una deidad asentada sobre una montaña en cuyo interior observamos agua y granos depositados dentro de una cueva. A su vez, la deidad arroja con sus manos agua a la tierra. En el Templo de Quetzalcóatl se ven serpientes con conchas y caracoles, indicadores todos ellos de un carácter acuático y de fertilidad. En Tenochtitlan sabemos que el lado norte del edificio estaba tutelado por Tláloc y hemos planteado que posiblemente representa el Tonacatépetl o montaña de los mantenimientos, en tanto que el lado dedicado a Huitzilopochtli representa la montaña de Coatépec, en donde se lleva a cabo el nacimiento y posterior combate entre este dios y los poderes nocturnos (Matos, 2003). En la etapa constructiva IV-b del Templo Mayor se hallaron, detrás del arranque de las escalinatas que conducen a los adoratorios dedicados a estos dioses, dos cámaras o “cuevas” que contenían elementos de fertilidad. El concepto de la doble montaña lo tenemos, por ejemplo, en los pasos que nos dice Sahagún (1956) que hay que atravesar para llegar al Mictlan, así como en el Códice Vaticano Ríos; es probable que el Templo Mayor desempeñara este papel al ser el lugar por donde es posible acceder a los niveles celestes y al inframundo.
Las pirámides conformaban el centro fundamental de los pueblos mesoamericanos y eran receptáculo de los principales componentes de su cosmovisión.Dibujo de piramide
Templo Mayor de Tlatelolco. Foto: Marco Antonio Pacheco / Raíces
E) DUALIDAD VIDA-MUERTE
Esta dualidad surge de la observación que el hombre campesino hace de la naturaleza, al notar que a lo largo del año trópico hay una temporada de lluvias en que crecen las plantas y otra temporada de secas en que no hay agua y las plantas no dan frutos. Fue base fundamental para que se estableciera, a mi juicio, la dualidad que cobra forma en el calendario y sus festividades. En la Pirámide del Sol se expresa por medio del sacrificio humano pero también en la cueva que se encuentra debajo del monumento con su contenido de matriz/inframundo. El Templo de Quetzalcóatl muestra ambos aspectos con la presencia del sacrificio y los símbolos relacionados con fertilidad, vida, etc. El Templo Mayor de Tenochtitlan con sus dos adoratorios dedicados a Tláloc (lluvia, fertilidad) y Huitzilopochtli (sacrificio, muerte) es también expresión de este concepto fundamental del mundo prehispánico (Matos, 2003).
F) PRESENCIA DE MITOS
En Teotihuacan no contamos con fuentes históricas que pudieran hacer referencia a mitos. Situación diferente ocurre en Tenochtitlan, donde el lado de Huitzilopochtli en el Templo Mator representa la montaña sagrada del Coatépec, mito que resulta de vital importancia, ya que relata cómo nace el dios Huitzilopochtli para combatir contra Coyolxauhqui, de modo que el destino de este pueblo es conquistar a otros pueblos enemigos para imponerles un tributo. De esta manera se lograba justificar teológicamente la expansión militar mexica. En la fiesta de panquetzaliztli, dedicada al dios guerrero, se hacía un recuerdo de la peregrinación y de lo ocurrido en el cerro de Coatépec, que finalizaba con el sacrificio de guerreros cautivos y esclavos. De esta manera el mito se realizaba periódicamente y se manifestaba en los componentes presentes en ese lado: Huitzilopochtli, triunfante, en lo alto de la montaña; Coyol-xauhqui, vencida y mutilada, al pie del Coatépec. Además, el acto sacrificial en lo alto del cerro/templo repetía lo hecho por el dios con su hermana: el cuerpo del guerrero sacrificado era arrojado desde lo alto y yacía al fondo, como se aprecia en la escultura de la diosa lunar.
En cuanto al lado de Tláloc, ya hemos mencionado que posiblemente se trata del cerro de los mantenimientos, lo que lo relacionaría con el mito del robo del maíz por parte de Quetzalcóatl y con las festividades que se hacían en el lado de Tláloc en el mes de huey tozoztli, en el que, como dice Durán, se trataba de imitar un cerro: “…hacían un bosque pequeño en el patio del templo, delante del oratorio de este ídolo Tláloc, donde ponían muchos matorrales y montecillos y ramas y peñasquillos que parecían cosa natural y no compuesta y fingida” (Durán, 1951).
G) ESTRUCTURA DEL UNIVERSO
Las ciudades mencionadas guardaban una distribución acorde con la imagen del universo. Estaban divididas en cuadrantes y en el centro se encontraba la gran plaza o recinto ceremonial con el edificio que cumplía el papel de axis mundi. Al mismo tiempo el monumento principal en sí tenía ciertas características –algunas ya mencionadas– que lo hacían particular y a la vez diferente de otros. Por él se podía subir simbólicamente a los niveles celestes, pasar al inframundo, y era el centro del que partían los cuatro rumbos universales. Era también el lugar en donde se encontraban las diferentes fuerzas del cosmos. Acerca de la gran sacralidad de que estaban revestidos tales monumentos como eje esencial de la estructura del universo, apunta Mircea Eliade: “…por el hecho de que están situados en el centro del cosmos, el templo o la ciudad sagrada son siempre el punto de encuentro de las tres regiones cósmicas” (Eliade, 1979).
Las pirámides conformaban el centro fundamental de los pueblos mesoamericanos y eran receptáculo de los principales componentes de su cosmovisión.Dibujo de piramide
H) PLATAFORMAS CIRCUNDANTES
La Pirámide del Sol tenía una plataforma de aproximadamente 35 m de ancho que rodea el edificio por todos sus lados, formándose así una plaza en cuyo interior estaba el citado monumento. El único acceso posible al interior de la misma era por la Calle de los Muertos, tal como ocurre con la plaza de la Ciudadela. En Tenochtitlan y Tlatelolco también se han encontrado arqueológicamente estas plataformas que formaban la plaza dentro de la que se encontraba el Templo Mayor y muchos otros edificios. El acceso a la plaza se hacía por medio de las puertas de las que partían las grandes calzadas hacia los cuatro rumbos del universo. La función de estas plataformas era la de servir como límite entre un espacio de gran sacralidad y otro que podríamos llamar profano, según Eliade:
La fundación de la nueva ciudad repite la creación del mundo; en efecto, una vez que el lugar ha sido validado ritualmente, se eleva una cerca en forma de círculo o de cuadrado interrumpida por cuatro puertas que corresponden a los cuatro puntos cardinales […] las ciudades, a semejanza del cosmos, están divididas en cuatro; dicho de otra manera, son una copia del universo (Eliade, 1979).
I) FIESTAS Y CEREMONIAS
Para finalizar, me referiré a la función de estas grandes plazas en donde había pirámides que eran consideradas axis mundi. Pese a que tenían un acceso restringido, como lo muestran los vestigios arquitectónicos, fueron lugares de concentración masiva de la población, la cual participaba en determinadas celebraciones. No tenemos datos para Teotihuacan, pero en Tenochtitlan sabemos que en diversas ceremonias (como la de panquetzaliztli ya citada), la participación se extendía no sólo al recinto ceremonial sino a diferentes partes de la ciudad.
Con lo hasta aquí expuesto hemos penetrado en las esencias del papel que tenían tales monumentos, pues ellos conformaban el centro fundamental de estos pueblos y eran receptáculo de los principales componentes de su cosmovisión.



LAS PIRÁMIDES DE MÉXICO
VISUAL 
Enrique Vela
Piramide del Adivino, Uxmal
Pirámide del Adivino, Uxmal, Yucatán. 
Foto: Guillermo Aldana / Raíces
En el paisaje arqueológico de México, las pirámides constituyen el elemento más llamativo. De tal manera que para la mayoría el término “pirámides” se asocia, en primera instancia, al total del conjunto de vestigios relacionados con las culturas prehispánicas, aunque también se le utiliza para referirse en específico a aquellas construcciones que a la sola vista se perciben especiales.
De hecho, varios de los nombres que ahora reciben muchas de las estructuras principales van acompañados por el calificativo de pirámide, por ejemplo: la Pirámide del Sol y la Pirámide de la Luna en Teotihuacan, estado de México, o la Pirámide de los Nichos en Tajín, Veracruz, sin duda monumentos emblemáticos de la época prehispánica.
Esas grandes construcciones representaban para las sociedades prehispánicas sus obras de mayor calado y significado. Hoy en día son elementos icónicos no sólo por su atributos estéticos, sino por lo que convocan sobre sus constructores: sociedades con complejos rituales, con organizaciones capaces de mandatar su construcción y con eficientes técnicas para lograrla. En la medida en que eran edificios cargados de simbolismo, que constituían elementos indispensables en el desarrollo de la vida ritual, no es extraño encontrar representaciones de ellas en la iconografía prehispánica. Se les plasmó lo mismo en grabados y pintura mural que en maquetas, muy probablemente para recrear a otra escala los ritos que se efectuaban en las pirámides, con la misma intención que debieron tener las representaciones de templos en los patios de algunas estructuras teotihuacanas.
En los códices prehispánicos también se encuentran representaciones de esos grandes templos, las cuales permiten percatarse de la complejidad de su decoración. Debe tomarse en cuenta que esas grandes construcciones que ahora estamos habituados a ver en la simple monocromía de la piedra, estuvieron en su momento totalmente pintadas en vivos colores y con una multitud de motivos de hondo significado. En varios documentos posteriores a la conquista aparecen asimismo representaciones de esos edificios que si bien muestran ya la influencia europea sobre la mano indígena que los elaboró, reflejan adecuadamente sus características. Durante la Colonia y a lo largo del siglo XIX, las pirámides llamaron la atención de los viajeros y estudiosos, quienes elaboraron representaciones, las más de las veces idealizadas. Con la profesionalización de la arqueología y la exploración de un buen número de esas estructuras, las representaciones tendieron a ser cada vez más fieles y hoy en día se cuenta con registros detallados que dan cuenta de cada elemento constructivo y decorativo.
En el México moderno persiste la presencia de las pirámides, no sólo como edificios que pueden admirarse en las zonas arqueológicas abiertas al público sino como elemento distintivo recurrente en nuestra numismática; también han sido fuente de inspiración para artistas como Diego Rivera y en varias construcciones es palpable la intención de los arqui-tectos de tomarlas como modelo.


LAS PIRÁMIDES Y LA INTEGRACIÓN PLÁSTICA
María Teresa Uriarte
La pirámide forma parte de un todo que está concebido y planeado de acuerdo con numerosos factores. Al ver los edificios prehispánicos nos damos cuenta de que, como sucedía en otras ciudades de la antigüedad, la falsa separación entre pintura, escultura y arquitectura no existía.
Templo de las Inscripciones de Palenque
Uno de los más significativos ejemplos de pirámides en Mesoamérica es el Templo de las Inscripciones de Palenque, Chiapas, que cubre la tumba de K’inich Janaab’ Pakal I, gobernante de la ciudad entre 615 y el 680 d.C. Fotos: Guillermo Aldana / Raíces
En un número de Arqueología Mexicana dedicado al estudio de las pirámides, seguramente ya se habrá comentado que se trata de una alegoría de la montaña y que además siempre o casi siempre está asociada con la cueva. La pirámide constituye un eje del mundo y tal vez el ejemplo más significativo que hay en Mesoamérica sea el Templo de las Inscripciones de Palenque, Chiapas, en donde la pirámide cubre la tumba de K’inich Janaab’ Pakal I, gobernante de la ciudad entre 615 y 680 d.C.
Hablar de integración plástica es dejar fuera algunos otros aspectos que son fundamentales para la mejor comprensión de lo que estas estructuras masivas representaron en la ideología mesoamericana. La pirámide forma parte de un todo que está concebido y planeado de acuerdo con numerosos factores. En primer término me gustaría referirme a las proporciones humanas que encontramos en la mayoría de los edificios prehispánicos. El cuerpo humano es la base de las medidas, al menos de la mayoría de ellas. En el mundo occidental conservamos la brazada, el pie o la pulgada, que aluden a esas partes del cuerpo utilizadas como unidad de medida.
En segundo término debemos considerar el entorno: las montañas o los ríos van a tener una gran importancia en relación con la planeación de las ciudades; esto es evidente en Teotihuacan, estado de México, en su vinculación con los cerros Gordo y Patlachique y finalmente en relación con el cosmos. No hay ciudades prehispánicas que no tengan alguna vinculación con la alineación de diversos cuerpos celestes o con la salida y ocaso del Sol. Hay diversos ejemplos de esto; uno muy espectacular es lo que sucede en el Castillo de Chichén Itzá, Yucatán, en los equinoccios, así como en el juego de pelota de Xochicalco, Morelos, o como ejemplo más antiguo, en Teopantecuanitlán, Guerrero, que es de 1000 a.C. aproximadamente: aquí ese fenómeno natural se refleja en una cancha de juego de pelota que recibe la sombra de las cuatro efigies que están colocadas al oriente y poniente del patio hundido.
INTEGRACIÓN
Una vez que esto ha quedado establecido, al ver los edificios prehispánicos nos daremos cuenta de que como sucedía en otras ciudades de la antigüedad, la falsa separación entre pintura, escultura y arquitectura no existía. Hay numerosos ejemplos en el mundo de esa integración, y a mi modo de ver uno de los más espectaculares es Ankor Wat, en Camboya, que tiene algunas similitudes con las construcciones prehispánicas, por el uso del rostro humano para ornamentar las fachadas de los edificios.
Los olmecas labraron las efigies de sus gobernantes en gigantescos bloques de basalto, y yo tengo la convicción de que el siguiente paso fue integrarlos a las fachadas de las construcciones. Así sucedió en numerosos lugares del área maya, como Uaxactún –en la subestructura del Edificio 2–, Becán, Cerros, Mirador y Kohunlich. Después de siglos, esa práctica siguió con diferentes estilos, desde aquellos que reflejan rasgos olmecoides, como en Calakmul, hasta rostros divinizados, en otros sitios.


LAS PIRÁMIDES: PROCESOS DE EDIFICACIÓN
TECNOLOGÍA CONSTRUCTIVA MESOAMERICANA 
Alejandro Villalobos
Grandes señores del paisaje urbano mesoamericano, los edificios y complejos arquitectónicos prehispánicos han sido objeto de todo género de estudios, que han privilegiado aspectos tales como el estilo y forma construida resultante. Aquí se combinan arqueología y arquitectura con el objeto de proponer alternativas para el conocimiento de sus procesos de edificación, exploración y conservación.
Ingenieria
Las estructuras arqueológicas, como plataformas, drenajes, plazas, espacios para circulación y pirámides o basamentos de templos, entre otros, son resultado de la organización social. Así se obtienen satisfactores necesarios para resolver necesidades colectivas. Basamento y templo, Cerro del Tepalcate, San Rafael Chamapa, estado de México. Preclásico Temprano. Dibujo: Alejandro Villalobos
Emplazamiento, dimensiones, geometría y tecnología constructiva de los edificios arqueológicos domésticos y monumentales han constituido, sin lugar a dudas, un profundo empeño de la investigación antropológica, arqueológica y naturalmente arquitectónica. El propio Ignacio Marquina afirma en sus memorias que fue la monumental dimensión de la Pirámide del Sol lo que tempranamente (como joven arquitecto del equipo de Manuel Gamio en 1917) le sobrecogiera de tal forma, que jamás pudo separarse del estudio y conocimiento de los monumentos arqueológicos. Frente a los ejemplares de la arquitectura monumental del México antiguo el sentimiento de asombro es inmutable y las preguntas sobre su origen se suceden interminablemente, desde la expresa voluntad que materializan, hasta los mecanismos sociales necesarios para su construcción.
La edificación es un segmento en el proceso de producción de los complejos arquitectónicos que contienen al espacio comunitario; debemos reconocer que una estructura arqueológica es el resultado de complejos sistemas de organización social que se articulan mediante los procedimientos constructivos necesarios para la final obtención de un satisfactor a necesidades de escala colectiva: plataformas, drenajes, plazas y espacios públicos, circulaciones, pirámides o templos.
VISIONES ALTERNAS
La arquitectura y el urbanismo mesoamericanos, a diferencia de lo que muchos estudiosos han aportado con sus valiosos análisis de estilo y forma construida resultante, pueden ser estudiados por medio de las condiciones específicas de sus materiales constitutivos, lo cual nos dirige hacia un estudio más profundo de la geología, la geomorfología, la mecánica estructural y la tecnología constructiva que de la historia del arte.
Las provincias geológicas de nuestro país están demarcadas por las características de sus rocas y la forma como éstas se distribuyen en el territorio, generando así el espacio físico asociado a la provisión de materiales para la edificación. Las características y particularidad de estas materias primas inorgánicas no sólo condicionan la geometría resultante de las
estructuras arqueológicas de escala monumental y uso público sino que, extensivamente, inciden directamente en las formas de organización social necesarias para generar y multiplicar los procesos de producción de arquitectura doméstica familiar o comunitaria y aquella que atiende la escala de la sociedad.



LA CONSTRUCCIÓN DE LAS GRANDES PIRÁMIDES DE MÉXICO
Elliot M. Abrams
Los arqueólogos que utilizan el enfoque antropológico siguen explorando las maneras de analizar el trabajo y la organización requeridos para la construcción de las enormes pirámides de la antigüedad. Combinada con los análisis artísticos y otros estudios complementarios, la energética arquitectónica nos brinda un amplio abanico de enfoques respecto a la construcción de obras en el pasado.
La construcción de las piramides
Una de las conclusiones de la investigación del cálculo de la energética arquitectónica de la construcción es que los grandes proyectos arquitectónicos podían controlarse, organizados por administradores con experiencia y bajo la dirección de los arquitectos de la realeza. Trabajadores teotihuacanos construyendo la llamada pirámide de Sol, supervisados por un dirigente. (Teotihuacan, Estado de México, 200 d.C.) Ilustración: Iker Larrauri
Algunas de las pirámides más grandes del mundo se construyeron en sitios de México como Teotihuacan, estado de México, y Palenque, Chiapas. Al visitar estos u otros grandes sitios de México, lo que más nos impresiona es su presencia. Los monumentos del pasado nos asombran por su magnitud, altura y esplendor artístico, y nos llevan a pensar en sus constructores. Al enfrentar en silencio los monumentos también nos preguntamos, con frecuencia, cómo fueron hechos: ¿cómo pudieron imaginar semejantes obras pueblos que solamente contaban con herramientas de piedra y madera, y con su fuerza de trabajo humana? ¿Cómo lograron construir tan impresionantes obras arquitectónicas?
Para contestar a estas preguntas, los arqueólogos que utilizan el enfoque antropológico usan diversas metodologías de cálculo, en una esfera que he llamado “energética arquitectónica”, cuyo objeto es determinar los costos humanos invertidos en la construcción. He realizado muchos análisis de este tipo en la arquitectura antigua, particularmente en las pirámides mayas; los resultados nos permiten estimar el número de personas que intervinieron en la construcción y la forma de organizar el trabajo a fin de lograr semejantes proyectos de ingeniería. Este método nos muestra, de manera significativa, la equivalencia de una pirámide en trabajo humano y, por consiguiente, permite ver el pasado en su aspecto humano.
ENERGÉTICA ARQUITECTÓNICA
El estudio de la energética arquitectónica comienza con un detallado mapa de la pirámide, los materiales empleados y las dimensiones derivadas de la investigación arqueológica. Luego se calcula el volumen de material bruto ocupado en la pirámide –piedra, madera, tierra– y así llegamos al cálculo aproximado de los materiales que fueron utilizados en la construcción de la pirámide.
También debemos saber cuánto tiempo tomó hacer cada una de las tareas, ya que en la construcción de las pirámides había muchos quehaceres diferentes. Los obreros tenían que obtener los materiales en bruto, llevarlos hasta el sitio, trabajar algunos objetos (como las piedras que sirven de recubrimiento) y finalmente levantar la estructura completa. Todos esos trabajadores debían ser organizados para ser eficientes. Cualquier falla en alguna de las etapas habría retrasado el proceso en su conjunto y demasiadas fallas habrían significado la ruina del arquitecto de la realeza encargado de supervisar la obra. Todos los proyectos debían planearse de tal manera que fueran realizados en época de secas, no dedicada a la agricultura, de modo que siempre había algún plazo límite para los proyectos.
Para determinar el tiempo que requería cada una de las tareas, los antropólogos deben hacer experimentos que simulen cada una de dichas etapas constructivas. Cuando trabajé en los sitios mayas de Copán, en el occidente de Honduras, y en Palenque, Chiapas, se pidió a los trabajadores que reconstruyeran los edificios antiguos excavados, bajo la supervisión de arquitectos profesionales. Tuve la oportunidad de ver a los trabajadores construyendo las paredes y colocando mortero detrás de los muros de contención, tal y como debieron hacerlo los mayas en el pasado. En algunos casos llevé a cabo experimentos independientemente del trabajo de restauración; por ejemplo, contraté a un talentoso labrador de cantera local y tomé el tiempo que le llevaba labrar una escultura maya. El resultado final de estas observaciones cronometradas nos permitió calcular los costos que implicaban las tareas constructivas y el acopio de los materiales en bruto de cada edificio. Al combinar ambos datos puede calcularse el costo aproximado de cada edificio en términos de trabajo humano, medido en días-hombre.



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