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viernes, 3 de septiembre de 2010


Cenotes y cuevas inundadas de la península de Yucatán
DE LOS PRIMEROS POBLADORES A LA GUERRA DE CASTAS
Lisseth Pedroza

Tomando notas en cenotes y cuevas, Yucatán
Tomando notas de un hallazgo arqueológico sumergido.
Foto: Octavio Del Río / Archivo De La Subdirección De Arqueología
Subacuática (SAS), INAH
Gran parte de los sistemas kársticos de la península de Yucatán están aún sin explorar. En los últimos 50 años, el reconocimiento y exploración de cenotes y cuevas inundadas, facilitado por el espeleobuceo, ha sido el comienzo de una incursión a lo desconocido de los sistemas subterráneos mayas, una ventana abierta al pasado, en donde cada hallazgo nos acerca paso a paso a la vasta historia de la región.
El interés por conocer lo que yace en el fondo de los cenotes se puede apreciar en la Relación de las cosas de Yucatán, de fray Diego de Landa, manuscrito descubierto en Madrid por el abate Charles Etienne Brasseur de Bourbourg y publicado en 1864. El escrito es sin duda una fuente básica sobre la historia, costumbres, religión y recursos naturales que caracterizan a la península de Yucatán. Sobre los cenotes escribe: “En la tierra proveyó Dios de unas quebradas que los indios llaman zenotes […] Estos zenotes son de muy lindas aguas y muy de ver…”; en otro párrafo refiere algunas de las actividades que realizaban los antiguos mayas: “escribiremos la manera del pozo donde echaban hombres vivos en sacrificio y otras cosas preciosas […] Algunas veces echaban personas vivas en el pozo de Chicheniza creyendo que salían al tercer día aunque nunca más parecían”.
En el siglo XIX Desiré Charnay, en su visita a México alrededor de 1881, realiza el primer intento por extraer lo que se pensaba eran tesoros y valiosas reliquias. Usó dos máquinas de Toselli de sondeo automático, sin éxito. Tuvieron que pasar cerca de 25 años para que se intentara de nuevo con otros métodos. En 1894, Edward Thompson adquirió el terreno de la Hacienda de Chichén Itzá, Yucatán, que incluía el cenote y las ruinas, dándose a la tarea de buscar “las cosas preciosa arrojadas al cenote”, mencionadas en las fuentes coloniales. Realizó dos temporadas de búsqueda, la primera con la ayuda de una draga entre 1904 y 1909, y la segunda de 1910 a 1911, con buceo de escafandra. La colección de los materiales producto de dichas extracciones se encuentra en el Museo Peabody, en Washington.
Fue hasta 1960-1961 que el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la National Geographic Society realizaron el primer proyecto de investigación arqueológico, en el Cenote Sagrado de Chichén Itzá, con la cooperación del Club de Exploraciones y Deportes Acuáticos de México (CEDAM). Se utilizó una draga tipo airlift, pero la técnica fue abandonada porque los objetos frágiles y huesos humanos se rompían al pasar por el tubo.
A este proyecto le siguieron algunos otros, básicamente en los cenotes ubicados en las inmediaciones de algunos sitios arqueológicos, como el Xlacah en Dzibilchaltún y el X-coton en la ciudad amurallada de Mayapán, ambos en Yucatán. Las inmersiones en esos sitios fueron realizadas por buzos deportivos nacionales y extranjeros, y con ellas se extrajo gran cantidad de materiales (Luna, 1980).
¿QUÉ SON LOS CENOTES Y LAS CUEVAS INUNDADAS?
Hoy sabemos que la península de Yucatán es una planicie kárstica tropical sujeta a intensa disolución, y cuya morfología actual es el resultado de una larga secuencia de eventos geológicos y geomorfológicos. La combinación de alta precipitación pluvial, temperatura, vegetación, sumada a la mezcla de agua dulce y salada en el interior del macizo rocoso, dieron pie a la formación de dolinas y a los sistemas de cuevas más grandes del mundo.




Tratamientos mortuorios en los cenotes
Carmen Rojas Sandoval

Cenote Las Calaveras
En el cenote Las Calaveras se realizaron diferentes tipos de prácticas mortuorias, para lo cual se depositaron de forma directa cuerpos completos o semicompletos, y muy posiblemente los restos exhumados de contextos terrestres, en un patrón de colocación mixto. Desde epocas tempranas, este cenote parece haber sido un espacio propicio para el depósito de cadáveres, que ahí comenzaban su recorrido hacia el mundo de los muertos, el Xibalbá.

En el cenote Las Calaveras se depositaron los restos de por lo menos 120 individuos, la mayoría de los cuales estaban sobre los taludes que se forman de la orilla hacia el centro del cenote.
Foto: Jerónimo Avilés / INAH
En el número 83 de Arqueología Mexicana, dedicado al tema “Cenotes en el área maya” (2007), presentamos algunas ideas preliminares relacionadas con la interpretación de algunos cenotes con esqueletos humanos ubicados en la península de Yucatán, los cuales, sospechamos, no corresponden a individuos sacrificados, sino a personajes depositados como parte de sus tratamientos funerarios. Uno de estos cenotes es el de Las Calaveras, en el que se localizan los restos de más de 100 individuos. El estudio de los restos óseos de por lo menos 23 individuos procedentes de ese cenote nos permite plantear la existencia de un patrón de colocación de tipo mixto, es decir, se trata de un lugar donde algunos cuerpos se depositaron completos, o semicompletos, y en el que también es probable que se hayan colocado restos exhumados previamente en contextos terrestres. Entre los resultados más interesantes de nuestros estudios destacan dos cráneos con rasgos que indican que fueron modificados para convertirlos en objetos rituales, posiblemente en máscaras-cráneo.
ANTECEDENTES
La península de Yucatán es una planicie calcárea, que se formó por la sedimentación en el fondo de mares antiguos de poca profundidad. Los cenotes son el resultado de la disolución de las rocas, entre otros factores, lo que ocasionó que se formaran dolinas o bóvedas colapsadas, así como extensos sistemas de cuevas. El cenote Las Calaveras tiene forma de botellón, por lo que hay que descender 12.40 m para llegar al agua; tiene un diámetro de 25 a 30 m y una profundidad de 15 m. El cenote forma parte del sitio arqueológico de Punta Laguna, ubicado en el área natural protegida Otoch Maax Yetel Co (Casa del Mono y del Puma), en la frontera de los estados de Yucatán y Quintana Roo. El asentamiento prehispánico, que se localiza 18 km al noreste de Cobá, está conformado por 36 estructuras, las cuales no han sido excavadas aún, pues se encuentran cubiertas por la selva. Sus orígenes se remontan al Preclásico Tardío (300 a.C.-250 d.C.), con ocupaciones hasta el Posclásico (900-1517 d.C.).
ANÁLISIS TAFONÓMICOS
Por medio del estudio tafonómico, es decir, del análisis de los procesos que ocurren desde el fallecimiento de los individuos hasta el depósito de sus restos, así como los eventos posteriores que inciden en su conservación o deterioro, se ha buscado determinar si el depósito osteológico en el cenote fue producto de prácticas funerarias, sacrificiales o bélicas. Para ello, han sido de gran relevancia los resultados de los diferentes análisis realizados por el doctor Alejandro Terrazas, la antropóloga física Martha Benavente, el doctor Allan Ortega y la arqueóloga Ximena Chávez.
En el cenote se depositaron los restos de por lo menos 120 individuos, según el número de cráneos registrado, distribuidos en el perímetro de los taludes que se forman desde la orilla hacia el centro. Una de las mayores concentraciones al interior del depósito se registró mediante tres fotomosaicos, obtenidos utilizando lentes de 15, 18 y 20 mm, así como diferentes tipos de iluminación subacuática, ya que la oscuridad del cenote es casi total, pues sólo entra un rayo de sol al mediodía. En el primer fotomosaico se registraron 40 individuos y en los siguientes fotomosaicos se volvieron a registrar tan sólo 20 individuos, pero a mayor detalle, pues la retícula se redujo de 5 metros cuadrados a 1 metro cuadrado.






DOSIER
Los cenotes en el área maya
Los cenotes constituyen uno de los rasgos más llamativos del paisaje de la península de Yucatán y su presencia contribuyó al desarrollo de grandes ciudades como Chichén Itzá.

Los cenotes de la península de Yucatán
Patricia Beddows, Paul Blanchon, Elva Escobar, Olmo Torres-Talamante
El número de cenotes en el estado de Yucatán es de entre 7 000 a 8 000; la gran extensión de bosque ha hecho más difícil el cálculo para los estados de Campeche y Quintana Roo.

Cenotes y asentamientos humanos en Yucatán
Tomás Gallareta Negrón
Sin lugar a dudas, los diferentes tipos de cenotes de la planicie norte de la península de Yucatán desempeñaron un papel destacado en la colonización y el desarrollo de la vida civilizada

Bolonchén, Campeche
John L. Stephens
El famoso viajero del siglo XIX nos comparte sus impresiones sobre la visita a la gruta de Xtacumbil-Xunaan (Señora Escondida), un extraordinario ejemplo del tesoro acuático oculto bajo la superficie de la península yucateca.






El cenote Xlacah. Dzibilchaltún, Yucatán
Rubén Maldonado Cárdenas
El cenote Xlacah aún conserva la belleza de sus transparentes aguas y su riqueza de flora y fauna. Los vestigios encontrados en el cenote ofrecen valiosa información sobre los mayas antiguos que habitaron en sus cercanías.
El Cenote Sagrado de Chichén Itzá, Yucatán
Rafael Cobos
En el Cenote Sagrado se han llevado a cabo exploraciones que han permitido la recuperación de abundantes materiales culturales, los cuales confirman su uso ceremonial, en especial para rituales de sacrificio.
Los huesos del Cenote Sagrado. Chichén Itzá, Yucatán
Guillermo de Anda Alanís
Los huesos de algunos de los individuos recuperados del
fondo del Cenote Sagrado muestran marcas que corresponden a un amplio rango de tratamientos asociados con actos de violencia antes y durante el momento de la muerte.
Cementerios acuáticos mayas
Carmen Rojas Sandoval
Para los mayas, los cenotes –al igual que las cuevas– eran entradas al mundo de los muertos, el Xibalbá, lo cual los convertía en cámaras funerarias naturales.
El cenote Ziiz Ha. Evidencias de artillería
Sergio Grosjean, Arturo González y Carmen Rojas
Único en su tipo, pues en su interior se encontraron cerca
de 153 armas y mecanismos de los siglos XVIII y XIX.
Los cenotes en la actualidad. Entre la veneración y la explotación
Luis Alberto Martos López
Los cenotes siguen teniendo una enorme importancia. Aunque subsisten ciertas prácticas de su antigua veneración, es claro que su significado dista mucho de lo que eran para los antiguos mayas. Hoy día, su valor está asociad
Guía de Viajeros. Cenotes en la península de Yucatán

PIEZA
El bloque labrado con inscripciones olmecas.
El Cascajal, Jaltipan, Veracruz

Enrique Nalda
ARQUEOLOGÍA
Artesanos y barro.
Figurillas y alfarería en Otompan, estado de México
Cynthia L. Otis Charlton, Thomas H. Charlton
DOCUMENTO
Códice de Huichapan
Xavier Noguez


CENOTES EN EL ÁREA MAYA



ÍNDICE 83
 DESCUBRIMIENTO: Hallazgo de lápida monumental, Tlaltecuhtli. Los huesos del Cenote Sagrado. Chichén Itzá, Yucatán
• La diosa Tlaltecuhtli Cementerios acuáticos mayas
 DOSIER: Los cenotes en el área maya• El cenote Ziiz Ha.
• Los cenotes de la península de Yucatán Los cenotes en la actualidad
 Cenotes y asentamientos humanos en Yucatán Guía de Viajeros. Cenotes en la península de Yucatán
 Bolonchén, Campeche PIEZA: El Cascajal, Jaltipan, Veracruz
 El cenote Xlacah. Dzibilchaltún, Yucatán ARQUEOLOGÍA: Artesanos y barro
 El Cenote Sagrado de Chichén Itzá, Yucatán DOCUMENTO: Códice de Huichapan

LA ÉPOCA PREHISPÁNICA EN GUERRERO
Paul Schmidt Schoenberg
Los cenotes constituyen uno de los rasgos más llamativos del paisaje de la península de Yucatán. En este extenso territorio caracterizado por la ausencia de las grandes corrientes superficiales que cruzan el resto de la zona maya, esos pozos naturales representan el abastecimiento principal de agua. Si bien no fueron el único factor en la distribución de las poblaciones mayas prehispánicas, no hay duda que su presencia contribuyó significativamente a su desarrollo, y de hecho grandes ciudades como Chichén Itzá sacaron provecho no sólo de sus condiciones naturales, sino de su carácter sagrado.
En la medida que son fuente del líquido vital, los cenotes han tenido un lugar especial en la vida ritual de los grupos mayas. En sus orillas se ubicaban templos en los que se realizaban ritos asociados a la lluvia y a la fertilidad, y a sus aguas sagradas se arrojaban diversos objetos –muchos de ellos ahora entre los mejores ejemplos de la habilidad artística de los antiguos mayas– y la máxima ofrenda que podía hacerse a los dioses: la vida humana. Hoy en día siguen siendo centros de veneración y culto, pues su don principal, el agua, es aún un elemento fundamental para la sobrevivencia de las comunidades que habitan la región.
Los cenotes siempre atrajeron la atención de viajeros e investigadores y algunos llegaron a realizar exploraciones en las que se localizó una gran cantidad de objetos de excelente manufactura, además de que se confirmó la importancia concedida a sus aguas como medio de comunicación con las divinidades. En las últimas décadas se han emprendido estudios en los que se utilizan métodos y técnicas acordes con la complejidad que implica la naturaleza de los cenotes. Se han realizado exploraciones subacuáticas que han arrojado un buen caudal de datos arqueológicos, se han llevado a cabo estudios geológicos que explican el proceso de formación de estos peculiares pozos, se ha analizado su relación con el desarrollo de las grandes ciudades de la región, entre otros aspectos. Del estado de esta novedosa visión global sobre los cenotes y su papel en la historia de los mayas del norte de la península de Yucatán damos cuenta en este número.




LOS CENOTES DE LA PENÍNSULA DE YUCATÁN
Patricia Beddows, Paul Blanchon,
Elva Escobar, Olmo Torres-Talamante
Cenote Dzitnup, Valladolid, Yucatán.
Foto: Claudio Contreras Koob



LA PENÍNSULA DE YUCATÁN ES UNA DE LAS CINCO ZONAS FISIOGRÁFICAS DE LA REPÚBLICA MEXICANA Y REPRESENTA 2% DE LA SUPERFICIE DEL PAÍS, CON 39 340 KM2. EL NÚMERO DE CENOTES EN EL ESTADO DE YUCATÁN ES DE ENTRE 7 000 A 8 000; LA GRAN EXTENSIÓN DE BOSQUE HA HECHO MÁS DIFÍCIL EL CÁLCULO PARA LOS ESTADOS DE CAMPECHE Y QUINTANA ROO.


La península de Yucatán corresponde a la parte que emerge de la plataforma continental de Yucatán, que abarca una extensión de 300 000 km2 y que separa al Mar Caribe del Golfo de México. En la península, los rasgos orogénicos (formación de montañas) están prácticamente ausentes, lo que es singular en el contexto nacional; 90% de su superficie está a menos de 200 msnm y la Sierrita de Ticul es la única elevación prominente. Topográficamente se puede dividir en planicie norte, Sierrita de Ticul y planicie del sur. Cabe mencionar que de norte a sur la elevación aumenta ligeramente, lo cual se explica más adelante. Esta zona abarca, como unidad fisiográfica/geológica, tanto el territorio mexicano, el Petén guatemalteco y el norte de Belice. La península carece de drenaje superficial debido a la litología (relativo a las rocas), y el río Hondo en la frontera con Belice es el único sistema fluvial de la península.
El clima de la península de Yucatán es cálido-subhúmedo con lluvias en verano, sin embargo, presenta un gradiente de precipitación que aumenta de noroeste a sureste, lo cual se refleja en la vegetación, desde la de zonas áridas en el noroeste, pasando por selvas bajas y medianas subcaducifolias y caducifolias (es decir, que pierden en parte o totalmente las hojas en la estación de secas), hasta selvas altas en el sur, cerca de Chiapas. En verano se presentan huracanes y en invierno, “nortes”.
GEOLOGÍA
El Bloque Yucatán es un bloque tectónico único, sin plegamientos, del Paleozoico, cuyo límite es la falla Motagua. Este basamento metamórfico de origen pangeico continental se separa del Bloque Louisiana-Texas al momento de la apertura del Golfo de México; su posición actual viene desde finales del Triásico (~ 200 millones de años). Sobre este basamento se ha acumulado una capa gruesa de sedimentos marinos del Paleozoico Tardío, seguido por sedimentación continental en el Jurásico, que a su vez subyacen a un depósito extenso de evaporitas (rocas sedimentarias formadas a partir de los residuos de antiguos mares o lagos evaporados) que corresponden a una cuenca carbonatada limitada por arrecifes del Cretácico Temprano. Sobre éstas se encuentran calizas (rocas sedimentarias porosas formadas por carbonatos) depositadas en plataforma durante el Cretácico Tardío; la frontera entre el Cretácico y el Terciario presenta la estructura de impacto Chicxulub. La plataforma de Yucatán, conformada por calizas de periodos del Cretácico (144 a 165 millones de años) al Cenozoico-Cuaternario (65 millones de años al reciente), refleja un gradiente temporal en sentido norte-sur, lo cual indica una emergencia paulatina de la plataforma durante el Plioceno (5.2 a 1.8 millones de años). Esta emergencia paulatina explica la asimetría, que se extiende solamente unos 10 km en el margen del Caribe y hasta 200 km del lado del Golfo de México.
El tercio norte y la mitad oriental de la península están formados por karst (paisaje propio de terrenos calizos, por el efecto que la disolución del agua tiene sobre ellos) más reciente de planicie, con elevación máxima de 10 m, compuesta por secuencias de capas horizontales de calizas y dolomitas del Terciario Tardío (Plioceno) de la formación Carrillo Puerto, limitada por los depósitos periféricos del Cuaternario. La formación Carrillo Puerto tiene un espesor de entre 163 y 240 m, con la presencia del foraminífero (orden de microfósiles marinos) Archaias angulatus, que actualmente se asocia a algas endosimbiontes (que viven en simbiosis con su huésped dentro de sus células) en aguas someras muy claras de plataformas continentales. Los depósitos del Cuaternario están restringidos a una franja periférica angosta a lo largo de la costa. A lo largo de la costa norte estos depósitos constan de calizas compuestas por conchas de bivalvos, compactadas densamente. En la costa noreste los depósitos del Cuaternario son del Pleistoceno y su extensión y topografía en la costa se interpretan como carbonatos supramareales (formados por encima del nivel de las mareas) que reflejan los movimientos de la línea de costa, lo cual es consistente con la formación de cavidades extensas de la disolución subterránea asociada a la haloclina (capas de agua en donde la salinidad del agua cambia rápidamente con la profundidad) y su profundidad en relación con el nivel del mar en esa época, como se explica más adelante.
La topografía de la península presenta como rasgo más importante a los cenotes. Éstos se concentran en la parte norte, a lo largo de una línea imaginaria situada entre Tulum, Quintana Roo y Campeche, y disminuyen hacia el sur de la península. La roca kárstica se caracteriza por su alta permeabilidad y un gradiente hidráulico casi nulo; el agua de origen meteórico se infiltra y acumula en el subsuelo, formando una lente de agua dulce delgada que flota sobre una masa de agua salina, más densa, cuyo origen es la intrusión marina natural. El contacto entre ambas masas de agua, dulce y marina, forma una zona de mezcla o haloclina que en conjunto conforman un componente geológico importante del acuífero. La lente de agua dulce constituye la única fuente de agua dulce en la península de Yucatán, desde tiempos prehistóricos, renovable solamente por la lluvia estacional.
Este acuífero es, por sus características, intrínsecamente vulnerable a la contaminación. La masa de agua marina ingresa por la costa a la península y llega hasta los 110 km tierra adentro en el estado de Yucatán. En estudios recientes, realizados por Patricia Beddows, se ha propuesto la existencia de una circulación salina profunda transpeninsular, derivada de las diferencias en el nivel del mar entre el Mar Caribe –más elevado– y el Golfo de México, con menor elevación.
ORIGEN Y FORMACIÓN DE LOS CENOTES
El origen de los cenotes se debe al proceso geomorfológico denominado karst, que consiste en la combinación de los mecanismos de disolución, colapso y construcción de la caliza. Estos procesos están gobernados por factores intrínsecos y extrínsecos, los cuales actúan en diferentes escalas de tiempo y espacio, generando una amplia gama de formas y grados de karstificación. Los factores intrínsecos incluyen la litología, el grado de porosidad de la matriz y la fractura de la roca; los extrínsecos, el clima, la temperatura, la vegetación, la mezcla de agua dulce y salada y el tiempo de duración de la exposición al proceso en cuestión.
El resultado es la disolución de rocas solubles (yeso, caliza, dolomita y halita) por corrosión química con base en las condiciones hidrológicas imperantes, que resultan en formas negativas del terreno e incremento de la permeabilidad debido al desarrollo de grandes sistemas de drenaje subterráneo.

Disolución. La disolución consta de tres procesos:
1) La disolución inicial se debe a la ligera acidificación del agua de lluvia. Ésta se da en parte por la absorción de CO2 de la atmósfera, formando ácido carbónico; el agua de lluvia acidificada absorbe más ácido carbónico al entrar en contacto con el suelo, donde la descomposición de la materia orgánica por medio de los microorganismos produce el ácido y aumenta la agresividad del agua.2) La mezcla del agua salada y dulce aumenta en los cambios y en la haloclina la agresividad del agua sobre la roca y es considerado el proceso más potente de disolución.3) La disolución mediada biológicamente puede ocurrir en el suelo o dentro del sistema de flujo subterráneo, donde el ácido sulfhídrico (H2S) se genera por la descomposición microbiana de la materia orgánica y disuelve la roca desde la masa de agua.Colapso: El segundo mecanismo vinculado al karst es la fluctuación del nivel del mar en los periodos glaciar e interglaciar. Cuando el nivel del mar ha bajado en periodos glaciares desciende el acuífero y deja una cavidad o cueva aérea tras de sí, donde secciones del techo se pueden desplomar por falta de soporte, formando una dolina o depresión (cenote). Al final del periodo glaciar el mar regresa e inunda la cueva.Construcción: El tercer mecanismo del karst es el responsable de las formaciones de estructuras constructivas o de acumulación, también denominadas espeleotemas (estalactitas, estalagmitas y columnas), del material disuelto en el proceso del karst. Las cuevas secas originadas por los dos primeros mecanismos continúan recibiendo agua de lluvia acidificada que lleva en solución a los minerales de la roca disuelta. Al llegar a la cavidad aérea el CO2 abandona el equilibrio acuoso y los minerales se precipitan y crean las espeleotemas. El crecimiento de las espeleotemas se detiene cuando la cueva se inunda por un incremento en el nivel del mar en un periodo interglaciar.
Entendiendo los mecanismos y procesos del “karst tropical” de la península podemos decir que la formación de cenotes se genera a través de una secuencia de eventos. Partiendo de un sistemade circulación horizontal (cueva inundada) se puede formar una gruta o bien un cenote tipo cántaro por derrumbe o hundimiento parcial del techo. El proceso avanza desde arriba, por infiltración pluvial, y desde abajo por circulación subterránea. Posteriormente, la totalidad del techo se derrumba dando lugar a un cenote cilíndrico; del cenote cilíndrico se puede generar un cenote tipo aguada por azolve y por hundimiento lento de la zona adyacente.
Como se mencionó anteriormente, la disolución mayor ocurre en la zona de contacto entre el agua dulce y salada o haloclina, la cual sube o baja dependiendo del nivel del mar. A lo largo de la costa del sector norte del Caribe los exploradores mexicanos y extranjeros han cartografiado más de 600 km de galerías y túneles inundados, usando técnicas de espeleobuceo y reconociendo diferentes niveles y pasajes verticales, que incluyen las cinco cuevas sumergidas más grandes del mundo, resultado de la disolución de volúmenes grandes de roca disuelta por la mezcla y haloclina. Esta disolución se asocia a las variaciones del nivel del mar a lo largo de miles de años. Los ríos subterráneos de dimensiones inmensas drenan la lluvia que cae al interior de la península. El agua transportada drena en la costa a través de caletas como Xel Ha y Xcaret y manantiales submarinos en las rías.
En contraste, la zona de Mérida y la costa norte no presentan un desarrollo tan extenso de flujos subterráneos, aunque tiene el mayor número de cenotes de la península, en lo que se ha denominadoel anillo de cenotes, el cual coincide con el diámetro externo del cráter Chicxulub. Los descensos en el nivel del mar durante el Holoceno obligaron tanto a humanos como a parte de la fauna a ingresar a las cuevas para acceder al acuífero, lo cual explica los registros paleontológicos y antropológicos que hoy encontramos en el subsuelo de la península. El nivel actual del mar se alcanzó hace 5 000 años aproximadamente.
CLASIFICACIÓN Y TIPOS DE CENOTES
La palabra cenote viene del vocablo maya ts’ono’ot o d’zonot, que significa “caverna con depósito de agua”. Este término se ha generalizadopara designar a la mayoría de las manifestaciones kársticas en la península de Yucatán. Los cenotes, como se describió anteriormente, son sistemas complejos y dinámicos. Por su origen se clasifican como lagos de disolución o generados por la actividad del agua sobre la roca soluble. El lago kárstico elemental es la dolina-colapso. El término cenote denota cualquier espacio subterráneo con agua, con la única condición de que esté abierto al exterior en algún grado. Es decir, incluye toda manifestación kárstica que alcance el nivel freático.
El número aproximado de cenotes en la península no se ha estimado dada la dinámica existente en su formación. El número considerado en el estado de Yucatán va de los 7 000 a los 8 000 cenotes; la cobertura de bosque ha hecho más difícil el cálculo para los estados de Campeche y Quintana Roo.
Por su morfología, los cenotes se clasifican de acuerdo con la etapa del proceso de apertura que comunica el acuífero subterráneo con la selva y la luz solar en superficie como se describió en el proceso de formación. Por sus características hidrobiogeoquímicas, los cenotes se clasifican como jóvenes y viejos. Los jóvenes o lóticos –del griego lotus, “rápido, veloz” (Schmitter-Soto et al., 2002)– se conectan libremente con el acuífero a través de los túneles de las cuevas. El flujo del agua es horizontal y el tiempo de residencia del agua es corto. Los cenotes más viejos o lénticos presentan un bloqueo de la conexión principal con el acuífero, debido al colapso del techo o las paredes y la sedimentación, con lo cual el intercambio con el agua subterránea es restringido y el recambio del agua es más lento. En éstos el agua acumula materia orgánica disuelta, particulada, detrito orgánico y organismos vivientes. La materia orgánica particulada y el detrito se remineralizan en nutrientes por vía microbiana, modificando las características fisicoquímicas del agua y reflejadas en el pH, la turbidez y el contenido de oxígeno disuelto, que inciden en la generación de gradientes químicos verticales marcados, por lo cual se presentan aguas anóxicas (sin oxígeno) y ácidas en el fondo.
El tamaño de la apertura del cenote determina, hasta cierto grado, cuánta materia orgánica puede introducirse desde los terrenos adyacentes del suelo de la selva en épocas de lluvia. La producción de materia orgánica in situ depende, entre otros factores, de la presencia de luz. Los cenotes tipo cántaro están menos expuestos a la luz solar, los cenotes totalmente expuestos como los cilíndricos y aguadas presentan una cantidad mayor de materia orgánica: alóctona y autóctona, procedente esta última de plantas acuáticas y algas, e influyen en el tipo de vida que en ellos se encuentra.




CENOTES Y ASENTAMIENTOS HUMANOS EN YUCATÁN
Tomás Gallareta Negrón
SIN LUGAR A DUDAS, LOS DIFERENTES TIPOS DE CENOTES DE LA PLANICIE NORTE DE LA PENÍNSULA DE YUCATÁN DESEMPEÑARON UN PAPEL DESTACADO EN LA COLONIZACIÓN Y EL DESARROLLO DE LA VIDA CIVILIZADA, TANTO EN LA ÉPOCA PREHISPÁNICA COMO EN LA COLONIAL Y CONTEMPORÁNEA. LOS MAYAS, SIN EMBARGO, MEDIANTE SOLUCIONES TECNOLÓGICAS, CARACTERÍSTICAS DE SU INGENIO Y CONOCIMIENTO PROFUNDO DE LA FISIOGRAFÍA LOCAL, LOGRARON EN GRAN MEDIDA LIBERARSE DE LAS LIMITACIONES AMBIENTALES DEL PAISAJE KÁRSTICO.
El Cenote Sagrado de Chichén Itzá, YucatánFoto: Edward Kurjack
Las diversas condiciones naturales que enfrentaron con éxito las comunidades de las Tierras Bajas Mayas se perciben con mayor claridad si tomamos en cuenta el agua, recurso natural de suma importancia, y las diferentes estrategias empleadas para abastecerse de ella. Mientras en muchas localidades del centro y el este los antiguos mayas drenaron y canalizaron el exceso de agua en la superficie, en las regiones Puuc y Chenes fue necesario almacenar en chultunes y aguadas el agua pluvial, posiblemente racionarla durante la temporada de secas o extraer –invirtiendo grandes cantidades de tiempo y energía– el agua subterránea almacenada en el fondo profundo de cavernas, como en el caso de las Grutas de Xtacumbilxunaán.
En la planicie norte de Yucatán, donde no existen corrientes de agua superficiales, los cenotes son la única fuente natural de abastecimiento del vital líquido y uno de los rasgos del terreno más sobresalientes. Los cenotes más conocidos son los de forma redonda, con paredes verticales, en los que se encuentra expuesto el acuífero (
ts’ono’ot); el ejemplo más famoso de este tipo es el Cenote Sagrado de Chichén Itzá. Hay otras formas de cenotes en los que la boca es de un diámetro de menores dimensiones que el del embalse (llamados ch’e’n, pues parecen pozos desde la superficie) y cenotes-grutas (aktún) en los que el agua en ocasiones se localiza a gran profundidad y en algunos casos son secos. También son cenotes las depresiones con forma de cuenco conocidas localmente como aguadas (akalché), y lagunas o lagos cuando alcanzan grandes dimensiones. En el oriente de Yucatán muchas de esas dolinas no alcanzan el nivel freático y se les denomina rejolladas (k’op), aunque en ocasiones tienen una parte húmeda en el fondo y se conocen con el nombre maya de dzadz.
CENOTES Y CENTROS DE POBLACIÓN
La singularidad del drenaje y los cenotes yucatecos llaman poderosamente la atención de quienes visitan la península. Durante el siglo XVI fueron de imporancia para fundamentar la política colonial de congregar a la población en localidades donde el abasto de agua potable estuviera garantizado. Es sabido que aunque los cenotes abundan en la planicie norte, su distribución no es homogénea. John L. Stephens mencionó en 1843 que había sectores de la península donde había numerosos cenotes, como la franja de terreno entre Chichén Itzá, Valladolid y Tizimín. El geógrafo y cartógrafo alemán Karl Sapper consideraba que la tendencia de la poblaciones de Yucatán a concentrarse era consecuencia directa del número limitado de fuentes de agua permanentes. La coincidencia en la ubicación de sitios arqueológicos y cenotes fue enfatizada por el famoso mayista Sylvanus G. Morley, en su libro 
La civilización maya:
En un país tan desprovisto de agua superficial como es el norte de Yucatán, estos cenotes eran el factor determinante del asiento de los antiguos centros de población. Donde había un cenote inevitablemente prosperaba un grupo de habitantes. En tiempos pasados eran la fuente principal de abastecimiento de agua de la misma manera que lo son en la actualidad, y constituían el factor decisivo que influía en la distribución de la población antigua del norte de Yucatán (1947, p. 30).
Los estudios geológicos indican que la presencia y mayor frecuencia de cenotes en Yucatán está relacionada con tres zonas en las que la concentración de fracturas en la roca caliza es muy alta. Una de ellas es el anillo de cenotes que corresponde con el borde del cráter formado por el Bólido Maya a finales del Cretácico. Este impacto de material extraterrestre causó una diferencia marcada respecto a la incidencia de fallas geológicas entre la extensión comprendida dentro del anillo y la externa, ya que no existen fallas al interior del anillo. La segunda la conforman la anteriormente mencionada zona de cenotes del oriente del estado de Yucatán y extensiones angostas al sur y oeste, externas al anillo. La falla de Ticul forma el límite sur de la zona anterior y causó el escarpamiento localmente conocido como el Puuc . Existe otra parte de la península con otro patrón de cenotes, derivada de la fractura de Holbox, que causó la formación de los lagos de Cobá, en Quintana Roo, uno de los asentamientos más densos y extensos del norte de Yucatán.
Si el acceso al acuífero fue entonces de suma importancia para determinar la ubicación de los sitios arqueológicos yucatecos y los cenotes son más numerosos en algunas partes que en otras, ¿hasta qué punto fueron los cenotes y las zonas de cenotes determinantes para la ubicación de los asentamientos humanos de Yucatán? ¿Qué tan cierto es que donde había un cenote existía invariablemente un sitio arqueológico? O más bien, ¿todos los sitios arqueológicos de Yucatán están junto a cenotes? ¿Qué relación existe entre estas fuentes de agua y los grandes centros poblacionales que seguramente fueron las capitales de las unidades polí ticas mayores de Yucatán?.







BOLONCHÉN, CAMPECHEJohn L. Stephens
Bolonchén deriva su nombre de dos palabras de la lengua maya: bolon que significa nueve, y chen que significa pozo, lo cual reunido quiere decir nueve pozos. Desde tiempo inmemorial, en efecto, nueve pozos formaban en la plaza el centro de esta población, y aún se ven en la misma plaza los tales pozos. [...]
Mas en aquél [año], con motivo de la prolongada duración de la estación lluviosa, se había mantenido provistos por más tiempo y aún conservaban abundante agua. Sin embargo, acercábase a gran prisa el tiempo en que estas aguas iban a agotarse, y los habitantes debían acudir a proveerse a una extraordinaria caverna distante media legua del pueblo. [...]
Había una gran dificultad en nuestro proyecto de visitar la cueva en aquella circunstancias. Desde que comenzó la estación lluviosa, había dejado de frecuentarse; y cada año, poco antes de comenzar de nuevo a recibir la visita de los habitantes del pueblo, empleábanse varios días en reparar las escaleras. Pero como aquella vez era la única oportunidad que teníamos de verla, determinamos hacer la prueba.
El cura se encargó de hacer los necesarios aprestos, y después del almuerzo nos pusimos en marcha en medio de una larga procesión de indios y de vecinos. Como a media legua de distancia del pueblo, camino de Campeche, penetramos en una amplia vereda que seguimos hasta entrar en un pasadizo tortuoso. Bajando gradualmente por él llegamos al pie de una ruda, elevada y caprichosa abertura practicada bajo una atrevida bóveda de rocas pendientes, con el aire de una magnífica entrada a un gran templo destinado al culto del dios de la Naturaleza.
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Fragmentos tomados de John L. Stephens, Viajes a Yucatán, ilustraciones de Frederick Catherwood, traducción de Justo Sierra O’Reilly, Consejo Editorial de Yucatán/sep, México, 1986, pp. 118-128
Desembarazámonos de los atavíos que pudieran servirnos de dificultad y siguiendo al indio que debía guiarnos, provistos de una antorcha de viento, entramos en la salvaje caverna, que iba haciéndose más y más obscura conforme avanzábamos. Como a distancia de sesenta pasos el descenso se hizo precipitado, y bajamos por una escalera de veinte pies. En este sitio desapareció hasta el último vestigio de luz que venía de la boca de la caverna; pero muy luego llegamos al borde una inmensa bajada perpendicular, en cuyo fondo mismo caía una masa luminosa, que pasaba por medio de una abertura practicada en la superficie de la colina, y que tenía doscientos diez pies de profundidad, según pudimos saberlo después tomando las medidas. Al situarnos en el borde este precipicio bajo una inmensa cobertura de rocas vivas, que todavía parecía más obscura y sombría por el rayo de luz que penetraba por la abertura superior, las gigantescas estalactitas y los enormes picachos de piedras parecían revestidos de las formas más caprichosas y fantásticas, y tomaban el aire de animales monstruosos, o de las deidades de un mundo subterráneo.
Desde el borde del precipicio en que estábamos descendía una enorme escalera, de la construcción más tosca que puede imaginarse, llevando perpendicularmente hasta el fondo de la abertura. Tenía de setenta a ochenta pies de largo sobre unos doce de ancho, y estaba construída de rudas ramas atadas entre sí y sostenidas por estacas horizontales apoyadas en la roca, por toda la prolongación del descenso. La escalera era doble y dividida por el centro en dos ramales; y además todas las ataduras eran de mimbres. Su aspecto nos pareció bastante precario e inseguro, confirmándonos los malos precedentes que habíamos oído sobre la dificultad de penetrar en una caverna tan extraordinaria.
Nuestros indios comenzaron el descenso; pero apenas se había perdido la cabeza del primero, cuando faltó uno de los peldaños, y con trabajo pudo escaparse de una catástrofe acertando a fijarse en otro del cual quedó colgado. Como la escalera había sido atada con mimbres verdes todavía, éstos se hallaban secos entonces, flojos y aun rotos en ciertas partes. Sin embargo, nos resolvimos a bajar, y en efecto bajamos con algunos ligeros contratiempos, cuidando siempre de asegurar los dos pies y las dos manos en apoyos diferentes, a fin de que fallando uno se encontrase el que le seguía; y de este modo todos llegamos hasta la extremidad inferior de la escalera; es decir, nosotros tres, nuestros indios y tres o cuatro individuos de la numerosa escolta que llevábamos, porque el resto había desaparecido quedándose arriba. La vista de esta escalera desde abajo, e iluminada a la débil luz de las antorchas, es uno de los espectáculos más salvajes e imponentes que pudiera imaginarse. Sin embargo, el lector no se encuentra todavía sino a la boca de esta singular caverna, y para explicarle brevemente su extraordinario carácter, diréle su nombre que es el de Xtacumbil-Xunaan. Esto quiere decir en lengua maya la señora escondida, y se deriva de una leyenda indígena que refiere la historia de una señora que, robada del poder de su madre, fue escondida por su amante en esta caverna.
Todas las escaleras se reparan y aseguran anualmente cuando los pozos de la plaza de Bolonchén comienzan a flaquear. La municipalidad designa el día en que deben cerrarse los pozos y trasladarse la concurrencia a la caverna: ese día se celebra una gran fiesta campestre al pie de esta inmensa escalera. Por el lado que conduce a los depósitos de agua hay un rudo salón de elevado techo de roca y un piso nivelado: adórnanse de ramas las paredes de esta sala, ilumínase bien toda ella, y el pueblo entero se traslada allí con música y refrescos. El cura no deja de concurrir, siendo el jefe de la fiesta, y todo el día se pasa en bailar dentro de la caverna, regocijándose de que cuando una fuente se ha cerrado, se encuentra abierta otra para satisfacer sus necesidades. [...]
Muy sensible nos fue el no poder fijar las particularidades o diferencias que podían existir entre estas aguas, y sobre todo el no llevar un barómetro y un termómetro para conocer su temperatura y gravedad específica. Si hubiéramos sabido algo, de antemano habríamos llevado por lo menos un termómetro; pero como siempre ignorábamos en lo absoluto lo que nos esperaba, nuestro principal cuidado era desembarazarnos de cuanto podía retardar nuestras marchas; y después de eso, hablando la pura verdad, hicimos en aquel país ciertas cosas sólo por nuestra propia satisfacción, y sin ningún proyecto científico. La superficie del país está formada de un terreno de transición, o cubierta de montañas de piedra calcárea, y auque éste es casi indudablemente su carácter, acaso allí, más que en ninguna otra parte del territorio, abundan esas hendiduras o cavernas, en que las fuentes brotan, súbitamente, y los torrentes siguen un curso subterráneo. Pero estas fuentes vivas de agua y la conformación geológica del terreno, entonces eran para nosotros objetos de interés secundario. El hecho más importante era, que desde el momento en que los pozos de la plaza flaqueaban, el pueblo entero acudía a proveerse de agua en esta caverna, y por cuatro o cinco meses consecutivos éste era el único surtidero de aquel elemento. Y no era esta caverna, como en Xkoch, el recurso de un indio errante, ni como en Chaac el de un pequeño miserable rancho, no: era el único depósito de agua de uno de los más prósperos pueblos de Yucatán, que contiene una población de siete mil almas; y subirá de punto la admiración cuando se sepa que durante todo ese tiempo largas hileras de indios, hombres y mujeres, acuden diariamente con sus cántaros a cuestas que sacan de allí llenos de agua; y que a pesar de la fama que la caverna de Bolonchén tiene en Yucatán, según los mejores informes que reuní, ningún hombre blanco del pueblo la había explorado jamás.



EL CENOTE XLACAH DZIBILCHALTÚN, YUCATÁN
Rubén Maldonado Cárdenas
EL CENOTE XLACAH AÚN CONSERVA LA BELLEZA DE SUS TRANSPARENTES AGUAS Y SU RIQUEZA DE FLORA Y FAUNA. LOS VESTIGIOS ENCONTRADOS EN EL CENOTE –ENTRE ELLOS VASIJAS, HUESOS TALLADOS Y OBJETOS DE MADERA– OFRECEN VALIOSA INFORMACIÓN SOBRE LOS MAYAS ANTIGUOS QUE HABITARON EN LAS CERCANÍAS DEL CENOTE.

Los primeros pobladores de Dzibilchaltún, Yucatán, se asentaron alrededor de este cuerpo de agua desde tiempos muy tempranos, y tal vez por ello el cenote fue llamado, en maya, Xlacah, que significa “pueblo viejo. 
Foto: Marco Antonio Pacheco/ Raíces
El hábitat que rodea a Dzibilchaltún es una planicie calcárea, sin aguas superficiales, excepto un cenote con agua permanente a ras del suelo, alrededor del cual se asentaron los primeros pobladores de esa región durante el Preclásico Medio y el Preclásico Tardío (500 a.C.-250 d.C.). Tal vez debido a esto el cenote fue llamado, en lengua maya, Xlacah, que significa “pueblo viejo”. Este estanque natural mide alrededor de 100 m de largo en su eje norte-sur, por 200 m en el eje este-oeste. En su parte más profunda toma una forma inclinada y alcanza los 44 m en el noreste, hacia donde se abre una amplia galería horizontal y oscura, cuyo extremo se desconoce.
Los antiguos mayas protegieron con muros de retención la orilla del cenote y construyeron una plataforma mediana muy próxima a él. En su extremo este, que es el menos profundo, hubo otra pequeña plataforma, hoy desaparecida, que llegaba al manto acuífero y permitía a la población disponer del agua con facilidad. Bajo el suelo de Dzibilchaltún el nivel del agua se encuentra a 3 m, motivo por el cual sus habitantes pudieron excavar pozos, ampliando cavidades naturales poco profundas para alcanzar el agua del subsuelo.
La agricultura fue el principal medio de subsistencia de Dzibilchaltún, aunque también se obtenían productos marinos debido a su cercanía con el mar (18 km). Esto favoreció un rápido crecimiento de la población, aunque parece haberse producido un descenso durante el Clásico Temprano (250-600 d.C.), pues la arquitectura fue escasa en esta etapa. Durante el Clásico Tardío y el Clásico Terminal (600-1000 d.C.) se dio el máximo crecimiento y florecimiento de Dzibilchaltún, llegando a convertirse en un centro urbano de más de 10 km2, con una población aproximada de 20 000 habitantes. La mayoría de los edificios con techos abovedados se construyó durante ese periodo, como el Grupo de las Siete Muñecas, los edificios principales de la gran plaza central y el sistema de caminos interno. Posteriormente, en el Posclásico (1000-1500 d.C.), comenzó el declive del sitio.

LOS TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS
Las investigaciones realizadas recientemente por el inah en el sitio permitieron detectar vestigios de los primeros pobladores en las cercanías del cenote Xlacah, los cuales estaban enterrados bajo las subestructuras arquitectónicas Sub 45 Sur y Sub 45 Norte, que rodean al cenote y están cubiertas en su totalidad por construcciones de épocas posteriores. También se han encontrado evidencias de una plaza menor situada a un nivel más bajo y orientada hacia el cenote; posteriormente, esta plaza fue rellenada para nivelar la plaza central, de dimensiones mayores. Así, el cenote terminó inmerso entre los edificios que conformaron la zona central de Dzibilchaltún, hacia el lado suroeste de la principal plaza prehispánica del sitio. Al parecer en las épocas de sequías estacionales prolongadas, el cenote, con su agua permanente, debió de ser un factor de atracción para las comunidades aledañas, lo que tal vez propició el crecimiento del sitio.
El cenote Xlacah fue explorado a mediados del siglo pasado por un grupo de buceadores: Robert Marx, Luis Marden y Fernando Euan, como parte de un proyecto mayor que se llamó “Programa de investigación de la península de Yucatán”, dirigido por el doctor Wyllys Andrews IV, con recursos de la National Geographic Society y el Middle American Research Institute de la Universidad de Tulane. Los trabajos de exploración del sitio comenzaron en 1956 y duraron cerca de una década.


EL CENOTE SAGRADO DE CHICHÉN ITZÁ, YUCATÁN
Rafael Cobos
En el Cenote Sagrado se han llevado a cabo dos periodos de investigación subacuática que han permitido la recuperación de abundantes materiales culturales, los cuales confirman el uso ceremonial, en especial para rituales de sacrificio, del cenote más importante de Chichén Itzá, principalmente durante el Clásico y el Posclásico.
Uno de los rasgos más distintivos de Chichén Itzá son los cenotes, y entre ellos destaca, en el centro de esta antigua ciudad, el Cenote Sagrado, también conocido como Cenote de los Sacrificios o cenote Chenkú. Éste se encuentra al final de la Calzada 1, aproximadamente 300 m al norte del Castillo, la estructura principal de Chichén Itzá. El cenote tiene 60 metros de diámetro y el espejo de agua se encuentra a 22 m; la máxima profundidad del cenote es de 13.50 metros.
La Relación de las cosas de Yucatán es uno de los documentos históricos del siglo xvi en que se alude al Cenote Sagrado. Su autor, el obispo Diego de Landa, consignó que a él se arrojaban personas vivas y diversos objetos, prácticas que los mayas continuaron realizando hasta el momento del contacto con los españoles, quienes impusieron un nuevo orden social, político, económico e ideológico.
Durante el siglo XIX, el Cenote Sagrado fue visitado por un gran número de viajeros y exploradores, quienes se maravillaron no sólo por sus dimensiones sino también por el hecho de que siviera para realizar sacrificios humanos. Estas visitas a Chichén Itzá produjeron numerosas descripciones, entre las que destacan las de Benjamin Norman y John L. Stephens. De acuerdo con Norman, la orilla del cenote pudo haber sido el lugar donde los antiguos caciques mayas susurraron palabras de amor a sus prometidas. Para Stephens, el cenote fue un punto de peregrinaje relacionado con el sacrificio humano y con ritos “supersticiosos”. A finales del siglo XIX, tomando en consideración tanto la función que Stephens le asignó como las descripciones del obispo Landa, el cenote fue reconocido como un lugar en donde se realizaban sacrificios, y se convirtió en el foco de investigaciones subacuáticas que comenzaron en 1882 y concluyeron en 1968.
Esas investigaciones pueden dividirse en dos periodos. El primero abarca de 1882 a 1909 y fueron realizadas por viajeros y exploradores, es decir, aficionados a la arqueología. El segundo comenzó en 1961 y concluyó en 1968, y se caracterizó por la intervención de arqueólogos y por procedimientos de estudio más sistemáticos.

1882-1909
En el primer periodo se efectuaron dos estudios. El primero de ellos estuvo a cargo del explorador francés Désiré Charnay, quien en 1882 intentó dragar el cenote utilizando una máquina Toselli de sondeo automático, que constaba de un cucharón tipo almeja. Este cucharón es la parte recolectora y se asemeja a dos grandes valvas que se cierran automáticamente al hacer contacto con los objetos. Sin embargo, la máquina Toselli empleada por Charnay no tuvo éxito debido a que el suelo del cenote, por debajo del agua, es muy disparejo, además de que hay una gran cantidad de piedras y troncos de árbol que forman parte de la gruesa capa de sedimento. Por lo tanto, el objetivo de Charnay de recuperar objetos del cenote resultó infructuoso y pronto desistió de sus intentos.
A principios del siglo XX, el Cenote Sagrado fue de nueva cuenta objeto de estudio y en esta ocasión correspondió al norteamericano Edward Thompson explorarlo por medio de una draga. Entre 1904 y 1907, Thompson se dedicó al dragado sistemático y encontró vasijas cerámicas, piezas de jade, obsidiana, cristal de roca, caracol y concha, piedra caliza, pedernal, madera, tumbaga, oro, textiles y restos esqueléticos que fueron ofrendados al cenote. En 1909, y debido al éxito obtenido con el dragado, Thompson cambió de técnica y utilizó el buceo con escafandra. Las inmersiones en las aguas del Cenote Sagrado también fueron exitosas, pues continuaron recuperándose objetos y restos óseos, cuyo destino final fue el Museo Peabody, en Cambridge, Estados Unidos. Esta institución patrocinó las investigaciones de Thompson en Chichén Itzá hasta 1909, año en el cual concluyeron.


LOS HUESOS DEL CENOTE SAGRADO
CHICHÉN ITZÁ, YUCATÁN

Guillermo de Anda Alanís
POR MEDIO DE PATRONES DE MARCAS SE HAN PODIDO DOCUMENTAR ALTERACIONES EN LOS HUESOS DE ALGUNOS DE LOS INDIVIDUOS RECUPERADOS DEL FONDO DEL CENOTE SAGRADO DE CHICHÉN ITZÁ. ESTAS MARCAS CORRESPONDEN A UN AMPLIO RANGO DE TRATAMIENTOS ASOCIADOS CON ACTOS DE VIOLENCIA ANTES Y DURANTE EL MOMENTO DE LA MUERTE, ASÍ COMO CON ACCIONES DE MANIPULACIÓN PÓSTUMA DEL CUERPO.

El sacrificio humano asociado a cenotes fue una práctica cultural con una prolongada duración. Cenote Sagrado de Chichén Itzá, Yucatán. Foto: Guillermo De Anda
El sacrificio humano asociado a cenotes fue una práctica cultural con una prolongada duración en Yucatán. En documentos históricos se registran diferentes formas de sacrificios rituales en esos cuerpos de agua característicos del norte de la península de Yucatán. Es interesante que en 93% de los sacrificios mencionados en los documentos de Sotuta y Homún-Hocabá se realizó la extracción del corazón y que 79% se depositó en algún cenote. En esos documentos se mencionan víctimas predominantemente entre los 6 y los 12 años, así como adultos masculinos jóvenes. Los estudios indican que la muestra esquelética procedente del Cenote Sagrado de Chichén Itzá coincide con los grupos de edad y sexo de los individuos descritos en esas crónicas. El estudio de las fuentes históricas, aunado a la iconografía y la evidencia arqueológica, revela que en la sociedad maya antigua los sacrificios humanos tenían características particulares relacionadas con el contexto físico y el tiempo en el que tuvieron lugar. Durante los periodos Clásico y Posclásico, las representaciones iconográficas de sacrificio humano y violencia en el momento de la muerte aumentaron en las Tierras Bajas mayas del norte. Un ejemplo claro de esto se encuentra en Chichén Itzá; en las fuentes etnohistóricas se describen con detalle sacrificios humanos asociados a su principal cenote.

RESTOS ESQUELÉTICOS PROCEDENTES DEL CENOTE SAGRADO
La muestra esquelética que nos ocupa fue recobrada en el Cenote Sagrado como producto de las investigaciones realizadas en 1961 bajo la dirección de William Folan, y entre 1967-1968 por Román Piña Chán. En este primer análisis tafonómico (tafonomía: estudio de los procesos que forman el yacimiento arqueológico) de la muestra se esperaba encontrar indicadores esqueléticos de violencia en el momento de la muerte, que pudieran estar relacionados con algunas de las formas documentadas de muerte ritual.
La muestra fue analizada sistemáticamente empezando con las características de los individuos y sus condiciones de vida. Debido a la naturaleza colectiva de la muestra, y al hecho de que el material se obtuvo muy mezclado, las características se basaron en los atributos de 78 de los 81 cráneos y 47 de las 54 mandíbulas. Sobre esta base de datos, la distribución por edad de los individuos indica que 80 son infantiles o subadultos (64%) y 45 son adultos (36%). Respecto al sexo en el grupo de los adultos, 68% es masculino y 32% femenino. Esta distribución es consistente con la muestra del Cenote Sagrado recobrada por Edward Thompson, que se encuentra en el Museo Peabody de Cambridge, Massachusetts.
Asimismo, se intentó separar los marcadores esqueléticos producidos por agentes naturales de aquellos creados por manipulación cultural. En la investigación se distinguieron patrones de marcas culturales, y se puso especial énfasis en su localización y asociación con regiones anatómicas específicas, con el propósito de determinar el tipo de actividad que las originó. Los patrones de marcas parecen estar relacionados con actos de violencia en el momento de la muerte, o con tratamientos póstumos, como la desarticulación, el descarnado, el desollamiento y la exposición al calor.

CEMENTERIOS ACUÁTICOS MAYAS
Carmen Rojas Sandoval
En memoria de nuestro maestro y amigo Santiago Analco.
Buen viaje, Santa, por las aguas del Xibalbá



PARA LOS MAYAS, LOS CENOTES –AL IGUAL QUE LAS CUEVAS– ERAN ENTRADAS AL MUNDO DE LOS MUERTOS, EL XIBALBÁ, LO CUAL LOS CONVERTÍA EN CÁMARAS FUNERARIAS NATURALES. EN DIVERSOS CENOTES HEMOS LOCALIZADO ESQUELETOS HUMANOS, EN UN CASO MÁS DE 100. CREEMOS QUE ESOS CENOTES FUERON UTILIZADOS POR CIERTOS GRUPOS COMO VERDADEROS CEMENTERIOS ACUÁTICOS, Y QUE LOS RESTOS NO SIEMPRE CORRESPONDEN A SACRIFICIOS HUMANOS.


Las características de los cenotes y las cuevas inundadas–entre ellas la falta de luz, las condiciones químicas del agua y los sedimentos finos– permiten una preservación extraordinaria de la evidencia arqueológica.
Foto: Eugenio Acévez / INAH
La península de Yucatán alberga un gran número de cuevas inundadas y cenotes. Este nombre es una derivación de la palabra maya ts’onot, que significa “abismo, profundidad”, lago de agua dulce muy hondo o pozo; también está el término ts’ono’ot, caverna con agua depositada, receptáculo de agua profunda (Diccionario maya, 2001).
Las características de los cenotes y cuevas inundadas, como la falta de luz, las condiciones químicas del agua y los sedimentos finos, permiten una preservación extraordinaria de la evidencia arqueológica.

LOS SITEMAS KÁRSTICOS Y EL INFRAMUNDO MAYA
Para los mayas, las cuevas y las fuentes de agua eran pasos simbólicos entre el mundo terrestre y el subterráneo. De ahí su relación con el mundo de los muertos, llamado Xibalbá, pero al mismo tiempo su asociación con la fertilidad. Eran considerados como lugares del nacimiento de la vida, punto de origen de algunos grupos o linajes y contenedores de agua virgen o suhuy ha’. Por todo ello han sido espacios adecuados para llevar cabo diversos ritos.
El inframundo maya estaba relacionado con diversos seres mitológicos y animales fantásticos, como el ave moan, manifestación del dios de la muerte (De la Garza, 1995). Algunas representaciones del ave moan muestran una combinación de ave y perro, por lo que ambos animales son considerados como seres fantásticos de carácter nocturno. Además, el perro era el que conducía las almas de los muertos al Xibalbá, y su relación con el hombre le permitía incluso sustituirlo como víctima del sacrificio humano. Otros animales cuyo reino es nocturno y subterráneo eran los jaguares, los murciélagos y los búhos. Las serpientes eran símbolo de la inmortalidad y encarnación del espíritu de la muerte, que mora en las profundidades de la Tierra.
La mitología fantástica del inframundo y su asociación con las cuevas como puertas de acceso al mundo de los muertos quedó plasmada en esa gran obra universal que es el Popol Vuh. La travesía de los héroes gemelos Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú por el Xibalbá nos lleva a conocer los reinos de la noche y la oscuridad, donde habitan los dioses que dan vida y muerte a todos los seres.

LOS CENOTES COMO SITIOS DE CULTO
Uno de los rituales más conocidos en relación con los cenotes era el llamado chen ku, que consistía en arrojar víctimas a sus aguas, como en el caso del Cenote Sagrado de Chichén Itzá, Yucatán; sin embargo, los cenotes eran propicios para una gran variedad de ceremonias. Los hallazgos en el Cenote Sagrado han generado la idea de que los cenotes son poseedores de grandes riquezas; pero este cenote es un caso extraordinario, ya que hasta la fecha no se conoce otro con tal variedad de ofrendas, como objetos de jade, cobre, oro e incluso textiles.
La evidencia de ritos asociados a los cenotes y cuevas con cuerpos de agua es variada e incluye decoraciones en las paredes de las cuevas, como las conocidas “caritas”, y estructuras pequeñas localizadas en los accesos, formadas por rocas apiladas que probablemente constituían adoratorios o templos. Asimismo, en la superficie los mayas construyeron diversos tipos de estructuras cerca de los cenotes, como templos, plataformas, escaleras, etc.
En la actualidad pueden encontrarse pequeños adoratorios con tres cruces, elaboradas en madera o roca y vestidas con los característicos bordados yucatecos de flores. En el interior de cenotes y cuevas los mayas depositaban vasijas, usualmente en nichos o grietas ocultos. Bajo el agua hemos localizado importantes conjuntos de vasijas, en un gran porcentaje de cerámica suntuaria. Por sus características, es posible que esas vasijas fuesen utilizadas para colectar el agua virgen o para ser ofrendadas después de haber sido “matadas”, práctica en la que se realizaban perforaciones circulares pequeñas o bien un corte en la boca en forma de V.
Uno de los cenotes en los que se ofrendó una gran cantidad de vasijas es el que se localiza en el interior del conjunto conocido como Xcanyuyum, en Chichén Itzá, Yucatán. Aquí se encontraron 21 piezas de cerámica local, correspondientes al Posclásico Temprano, con algunos elementos foráneos. En su mayoría se trata de objetos suntuarios de los tipos Dzitas, Nabula, Dzibiac Rojo Local, Balantun y Cumpich Inciso o Chakmaj.
En las cercanías de Uxmal hay otro cenote en el que se localizó una gran variedad de vasijas-ofrenda. La boca del cenote se encuentra cubierta por una laja de roca y para llegar al espejo de agua, que está 9 m por debajo de la superficie, se debe hacer un descenso a rappel. En el fondo del cenote se localizaron 22 vasijas de tipos y formas muy variados, entre ellas algunas vertederas o “chocolateras”, vasos decorados y un tejo. Los tejos son piezas circulares extraídas de las propias vasijas; se desconoce su función pero se cree que podrían ser una especie de fichas para algún tipo de juego. En algunas vasijas procedentes de cenotes se depositaron ofrendas y restos de carbón.

LOS CENOTES COMO SITIOS FUNERARIOS
Desde el arribo de los españoles en el siglo XVI a la península de Yucatán se supo de la realización de sacrificios humanos por parte de los mayas, quienes arrojaban los cuerpos de los sacrificados a los cenotes. Las crónicas coloniales de los frailes fomentaron la idea de que eran doncellas y niños los que se sacrificaban. Las primeras recuperaciones realizadas por Edward Thompson en el Cenote Sagrado de Chichén Itzá, a principios del siglo xx, mostraron que efectivamente se realizaron sacrificios y ofrendas. Sin embargo, los trabajos arqueológicos en la década de 1960, bajo la coordinación de Román Piña Chán (Chase, 1994), desmitificaron la idea de que sólo se sacrificaban mujeres jóvenes, ya que se encontraron individuos tanto masculinos como femeninos que incluían desde niños hasta adultos.
Hay diversas hipótesis para explicar el origen de las concentraciones esqueléticas en los cenotes, conocidas de forma genérica como “depósitos mortuorios”. Es posible que esos depósitos respondan a más de una causa, entre las cuales está el sacrificio humano, el uso funerario a manera de cementerios acuáticos o bien a mortandad por guerras, enfermedades o catástrofes naturales, como las sequías y los huracanes. En todos los depósitos mortuorios estudiados hasta la fecha se ha observado que los cráneos presentan deformación tabular erecta y tabular oblicua, lo que indica que corresponden a individuos mayas del periodo prehispánico o del contacto europeo. Así, se descarta la posibilidad de que sean depósitos de épocas coloniales, producto de las pestes, de las insurgencias indígenas o de los posteriores movimientos armados de la época revolucionaria. El caso más extraordinario de depósito mortuorio se localiza en el estado de Quintana Roo, en un cenote con restos óseos de por lo menos 118 individuos. Es un cenote-dolina de boca reducida (1.20 m) cuyo espejo de agua se encuentra a 13 m por debajo de la superficie. La mayor concentración de restos óseos se encuentra hacia el sur del cenote, sobre un talud natural formado por sedimentos terrígenos. En su mayoría, los huesos se encuentran desarticulados, a diferencia de otros cenotes en que es posible apreciar algunos esqueletos en conexión anatómica. La mayor parte es de adultos, lo cual es una característica de los cenotes con depósitos mortuorios que se han estudiado, por lo que pensamos que no corresponden a sacrificios humanos, donde encontraríamos infantes y jóvenes. Además, la marcada ausencia de otro tipo de evidencia, a manera de ofrendas, nos hace pensar en un recinto funerario, al parecer un osario donde se redepositaron los esqueletos de ciertos personajes.


EL CENOTE ZIIZ HA EVIDENCIAS DE ARTILLERÍA
Sergio Grosjean, Arturo González y Carmen Rojas
EL CENOTE ZIIZ HA REPRESENTA UN IMPORTANTE SITIO SUBACUÁTICO, ÚNICO EN SU TIPO, PUES EN SU INTERIOR SE ENCONTRARON CERCA DE 153 ARMAS Y MECANISMOS DE LOS SIGLOS XVIII Y XIX, AUNQUE SE CREE QUE PODRÍA HABER EL DOBLE BAJO EL SEDIMENTO.

Mecanismos españoles de fusiles de infantería, modelo 1801 de “llave mixta”, y modelo 1790 de “llave a la moda para fusil de cazadores” (a,b), y mecanismos ingleses, modelos India Pattern Ring-Neck Cock Lock of the Pattern y Late Land Pattern Goose Neck Cock Lock (c,d). Fotos: Patricia Carrillo / INAH
Un grupo de espeleobuzos yucatecos, apoyados por el Instituto de Cultura de Valladolid (incuva), el Convento de San Bernardino de Siena, el Museo del Desierto y el Instituto Nacional de Antropología (inah), nos dimos a la tarea de estudiar uno de los sitios arqueológicos subacuáticos más interesantes de nuestro país: el cenote Ziiz Ha, en Sisal, Valladolid, Yucatán.
El cenote Ziiz Ha se encuentra bajo el ex Convento de San Bernardino de Siena y de predios aledaños, y representa el primer sitio subacuático en aguas confinadas mexicanas con vestigios que son producto de uno o varios movimientos armados. Los diversos objetos localizados en el interior del cenote son de varias épocas, que abarcan desde el periodo prehispánico hasta el presente; pero el tema que nos ocupa: las armas de fuego, corresponden a un periodo que abarca desde la segunda mitad del siglo xviii hasta la primera mitad del XIX.
Este cenote, cuyo nombre significa “pozo de agua fría”, tiene la forma característica de una dolina semicircular, de 51 m de diámetro. Presenta cuatro bocas o accesos, una de las cuales corresponde a la noria y otra al pozo de lo que fue la cocina del convento. Las otras dos bocas se encuentran en el exterior del convento.
En el fondo del cenote se encontraron alrededor de 153 armas, pero se cree que podría haber el doble bajo el sedimento. Se localizaron bayonetas sueltas o con sus fusiles, un cañón pequeño, con su cureña o carro de madera, y una bala redonda de 16 mm de diámetro. Como parte del armamento cabe destacar un lote de mecanismos y refacciones que se encontraban cubiertos por sedimento, entre ellos cuatro mecanismos de chispa o llaves, de los cuales dos son piezas similares a las utilizadas por el ejército español y dos más a modelos ingleses. Los modelos ingleses son del tipo India Pattern, producidos por la casa Ketland & Co. de Birmingham, Reino Unido, compañía que funcionó desde 1776 hasta mediados de 1830. Los mecanismos de llave ingleses son modelos producidos en fechas posteriores a 1800. Se encontraron modelos Late Land Pattern –identificado como anterior a 1809 por el tipo de llave curveada, cuyo gatillo se asemeja a un cuello de cisne–, e India Pattern Ring-Neck Cock Lock of the Pattern, modelo que empezó a circular después de 1810 y que destaca por la forma circular o de anillo del gatillo que sostiene al pedernal, el cual genera la chispa. Los mecanismos o llaves españolas corresponden a un fusil de infantería modelo 1801 de “llave mixta”, y a una “llave a la moda para fusil de cazadores”, modelo 1790.


LOS CENOTES EN LA ACTUALIDAD
ENTRE LA VENERACIÓN Y LA EXPLOTACIÓN
Luis Alberto Martos López
LOS CENOTES SIGUEN TENIENDO UNA ENORME IMPORTANCIA. AUNQUE SUBSISTEN CIERTAS PRÁCTICAS DE SU ANTIGUA VENERACIÓN, ES CLARO QUE SU SIGNIFICADO DISTA MUCHO DE LO QUE ERAN PARA LOS ANTIGUOS MAYAS. HOY DÍA, SU VALOR ESTÁ ASOCIADO AL TURISMO, QUE FLORECE EN VARIAS REGIONES, SIN DEJAR DE LADO EL ABASTECIMIENTO DE AGUA QUE PROPORCIONAN. PARA CUIDAR ESTOS MANTOS ACUÍFEROS SE REQUIERE DEL COMPROMISO DE AUTORIDADES, CIUDADANOS, EMPRESAS CONSTRUCTORAS Y TURÍSTICAS, ASÍ COMO DEL PROPIO TURISTA.

Altar prehispánico en un abrigo del cenote Nohcabchen, Quintana Roo. Foto: Patricia Carrillo
El abastecimiento de agua en Yucatán fue y sigue siendo un grave problema para el hombre maya, pues aunque a lo largo de seis u ocho meses caen lluvias más o menos abundantes, el periodo de sequía suele ser severo y puede prolongarse por cuatro o seis meses. Por otra parte, la constitución geológica calcárea de la península es causa de que el agua difícilmente se conserve en la superficie y se filtre hasta los mantos freáticos, que suelen ser profundos. Por ello, los cenotes fueron para los antiguos mayas de Yucatán fuente primordial de agua y de vida, razón y corazón de los asentamientos, notables elementos de la geografía sagrada, escenarios simbólicos y espacios para el desarrollo de rituales de lluvia, de vida, de muerte, de renacimiento y de fertilidad.
Las dinastías divinas de gobernantes mayas sabían que el control práctico y simbólico de los cenotes significaba el control político y social sobre la vida y la muerte; de ahí su profunda y antigua veneración, claramente demostrada por los altares y adoratorios erigidos junto a ellos y por las abundantes ofrendas que yacen en el fondo de sus profundas aguas azules.

IMPORTANCIA DE LOS CENOTES
Tras la conquista de Yucatán, los padres franciscanos aprendieron pronto la vieja lección sobre el control del agua y la vida, y edificaron grandes conventos en los lugares más densamente poblados, en donde había cenotes que aseguraban el adecuado aprovisionamiento del vital líquido. En muchos casos, los pozos y las norias se construyeron justo encima, como menciona fray Diego de Landa en el capítulo XLIV de su Relación de las cosas de Yucatán: “Estos zenotes son de muy lindas aguas y muy de ver, que hay algunos de peña tajada hasta el agua y otros con algunas bocas que les creó Dios […] Los que éstos alcanzaban bebían de ellos; los que no, hacían pozos […] Pero ya no sólo les hemos dado industria para hacer buenos pozos sino muy lindas norias con estanques de donde, como en fuentes, toman agua”.
En la actualidad los cenotes aún constituyen la fuente primordial para el aprovisionamiento de agua de las poblaciones de la península; aun las pujantes ciudades de Mérida, Cancún o Playa del Carmen dependen de los mantos acuíferos para su desarrollo. De igual modo, subsisten ciertas prácticas de la antigua veneración de los cenotes, pues los campesinos mayas suelen realizar rituales en estos espectaculares escenarios naturales.
Para los mayas de Yucatán, los chacs o chaces, dioses de la lluvia, habitan en el fondo de los cenotes, y por ello son objeto de culto y veneración. En algunas comunidades creen que los traviesos aluxes, espíritus o duendecillos de los montes, habitan en las cavernas y en los cenotes, y por lo tanto, es necesario procurarlos con ofrendas; de igual manera, está muy generalizada la creencia de que ahí viven ciertos seres míticos, como la sukan, serpiente gigante que guarda los mantos de la vital sustancia. Esta idea, en apariencia fundada en la existencia de una singular anguila que habita en aguas cavernosas, parece ser una reminiscencia de la antigua serpiente celeste, relacionada con la lluvia, y de la terrestre, asociada a las corrientes de agua superficiales y que son conocidas como chicchán por los actuales mayas chortí.

LUGARES DE CULTO
Hoy día, como parte de los rituales en los cenotes se extrae agua de las cavernas más profundas: la sagrada zuhuy-ha, es decir, el agua virgen, sin contaminación, pues no ha sido vista por mujer alguna y ni tocada siquiera por la luz. Esta agua virgen sirve en diversos rituales, entre los que destaca el de la célebre ceremonia del ch’a-chak, evocación de un culto ancestral con evidente significación agrícola, pues se trata de una petición de lluvias. En esta ceremonia, que suele realizarse durante los periodos de sequía, el h-men o “hacedor” maya levanta un altar de madera precedido por una cruz, ante el cual presenta la ofrenda, quema incienso y eleva plegarias al cielo, mientras cuatro hombres, apostados en las esquinas, producen sonidos que imitan al trueno y arrojan el agua sagrada sobre las ofrendas; de igual modo, cuatro niños, acurrucados en las esquinas del altar, imitan el croar de las ranas.
En numerosas poblaciones, la ceremonia del ch’a-chak suele realizarse junto a la boca de un cenote, como ocurre en la población de Tres Reyes, Quintana Roo, en donde el ritual se lleva a cabo a un lado de una enorme “rejoyada” o dolina, gran depresión natural en cuyo fondo hay un pequeño cenote. Lo mismo sucede en Punta Laguna, Quintana Roo, en donde a un costado de la boca del célebre Cenote Calaveras hay un altar de cruces vestidas con hipil, vestido tradicional femenino maya.


GUÍA DE VIAJEROS
CENOTES EN LA PENÍNSULA DE YUCATÁN
Los cenotes constituyen sin duda uno de los atractivos más singulares en una zona plagada de destinos turísticos, entre ellos zonas arqueológicas, playas y reservas naturales. Esas formaciones geológicas no sólo son un rasgo único en un paisaje poblado por una pródiga naturaleza, son en cierto sentido un oasis en un desierto verde y con frecuencia su mera contemplación hace que valga la pena la visita. Algunos cenotes son además excelentes lugares para la práctica de actividades acuáticas; en sus frescas aguas puede practicarse desde ese simple chapuzón que permite espantar el calorón que siempre hay en la zona hasta el buceo en sus distintas formas. Sin embargo, hay que estar prevenidos, pues a pesar de su aparentemente tranquila superficie, no debe olvidarse que las aguas de los cenotes forman parte de corrientes subterráneas que pueden resultar peligrosas; si se quiere bucear, lo más recomendable es contratar alguna de las varias compañías que ofrecen equipo y asesoría.
Si bien ahora son vistos desde la perspectiva de su potencial turístico, desde siempre los habitantes de la región han mantenido una fuerte relación con los cenotes que literalmente tapizan la región. Desde la época prehispánica fueron fuente primordial del vital líquido, al grado que llegaron a ser considerados puntos sagrados. Algunas grandes ciudades, como Dzibilchaltún y Chichén Itzá, crecieron al amparo de la permanente disponibilidad de agua que ofrecen esos grandes pozos naturales, hoy día uno más de los elementos que no hay que perderse al visitar esas zonas arqueológicas.

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La arqueología subacuática y el poblamiento de América
Arturo H. González González, Alejandro Terrazas Mata, Martha Benavente,
Jerónimo Avilés, Eugenio Aceves Núñez, Wolfgang Stinnesbeck

Arqueología subacuática
¿Cuándo y por dónde llegaron los primeros grupos humanos a este continente? ¿Cuándo llegaron a Yucatán? ¿Cómo eran? ¿De qué subsistían? ¿Cómo eran los ecosistemas de entonces? Extrañamente, las cuevas y cenotes de la península yucateca están aportando pruebas fundamentales para dar respuesta a estas y otras preguntas.


En la península de Yucatán, en diferentes cuevas situadas en un radio de menos de 40 km, se localizó un gran porcentaje de los huesos de cuatro esqueletos humanos articulados, además de restos de megafauna extinta. Con técnicas de C-14 y Uranio Torio ( U-T) se sabe que tienen una antigüedad de entre 8000 y 11600 a.p. Trabajos de video grabación del esqueleto humano del cenote de Chan-Hol, Tulum, Quintana Roo.
Foto: Jerónimo Avilés / SAS
Elestudio de nueve sitios subacuáticos, dos en Yucatán y siete en Quintana Roo, a lo largo de más de diez años han arrojado la más amplia colección de esqueletos humanos del Pleistoceno Terminal-Holoceno Temprano (fin de la era del hielo) para el sureste de México y una de las más importantes para el continente. Esos primeros yucatecos no muestran relación con los mayas conocidos. Asimismo, los restos de megafauna asociada en ocasiones a los contextos humanos –compuesta por camellos, caballos, elefantes (gonphoterios) y armadillos gigantes (gliptodontes)– nos permite inferir que la actual selva era hace apenas 10 000 años una estepa árida, abierta y seca.
Durante años, algunos especialistas supusieron que los primeros hombres de América –habitantes de la era del hielo– no habían ingresado al norte de la península de Yucatán. La falta de evidencia arqueológica de estos periodos apoyaba esa idea. Sin embargo, tal invisibilidad arqueológica tomó un nuevo derrotero gracias al desarrollo de la arqueología subacuática en cuevas. La evidencia localizada en los sistemas subterráneos inundados de Quintana Roo y Yucatán está proveyendo información clave para la comprensión de esos primeros habitantes de América, además de documentar su relación con la flora y la fauna con que convivieron.
ANTECEDENTES
La roca caliza de Yucatán y sus suelos de un pH ácido no son propicios para la preservación de los materiales orgánicos depositados o enterrados en el territorio de la península. Sin embargo, la condición de las cuevas bajo el agua ha permitido la preservación de restos orgánicos de miles de años de antigüedad, abriendo una valiosa ventana hacia el pasado remoto de los hombres en la península de Yucatán y eliminando en parte la invisibilidad arqueológica de esos grupos.
A la fecha se han registrado nueve sistemas de cuevas sumergidas en Quintana Roo y Yucatán, con evidencia arqueológica y paleontológica cuyas fechas corresponden al final del Pleistoceno y principios de nuestra era, lo que conocemos como el Holoceno.
La evidencia más importante consiste en cuatro esqueletos humanos articulados y bien representados por un gran porcentaje de sus huesos, así como en restos de megafauna extinta. Tal evidencia se localizó en diferentes cuevas, todas en un radio de menos de 40 kilómetros. Dos mujeres, un hombre y un esqueleto más en estudio fueron fechados en México, Estados Unidos y el Reino Unido con técnicas de C-14 y Uranio Torio (U-T) entre 8000 y 11600 a.p. (González González, 2006). Estas cuatro osamentas representan la mayor cantidad de evidencia osteológica humana relacionada con los grupos tempranos del sureste de México y se enmarcan entre los escasos restos humanos del Pleistoceno Terminal americano.


La arqueología subacuática y
las comunidades costeras

Helena Barba Meinecke

Cenote de Chan-Hol
Los mejores “instrumentos” para localizar vestigios culturales, tanto dentro como fuera del agua, son los hombres de mar que quieren sumarse a la enorme y noble labor de proteger el patrimonio cultural subacuático de México.
Las estalactitas y estalagmitas del cenote de
Chan-Hol se formaron cuando ese sitio no estaba inundado. Estas caprichosas formas ocurren por efecto del goteo que desprende de las cavernas y arrastra minerales que se precipitan y poco a poco las construyen. Cenote Chan-Hol, Tulum, Quintana Roo.
 
Foto: Jerónimo Avilés / Subdirección De Arqueología Subacuática (SAS), INAH
Muchos se preguntarán ¿a qué se dedican los arqueólogos subacuáticos? Estos especialistas se abocan a la protección, conservación e interpretación de los restos materiales creados por sociedades que nos antecedieron y que actualmente están sumergidos en aguas marinas y continentales.
¿Cómo se localiza un barco hundido, un ancla o un cañón? La verificación de estos yacimientos se efectúa mediante la aplicación de diversas técnicas. Una de ellas es la recuperación de la historia oral de las comunidades que habitan en las riberas de los ríos, zonas costeras y áreas cercanas a las fuentes de agua continentales.
La documentación histórica y técnica apoya también el trabajo de localización e investigación, así como la prospección geofísica, sin olvidar por supuesto los hallazgos fortuitos.
SITIOS ARQUEOLÓGICOS SUMERGIDOS
El vínculo con los pescadores de escama, navegantes de altura y prestadores de servicios es especial. El contacto estrecho con la gente de mar, basado en la confianza mutua, ha derivado en la localización, registro y diagnóstico de 270 sitios arqueológicos sumergidos en aguas marinas del Golfo de México y el Mar Caribe. Éstos incluyen restos de pecios de mediados del siglo XVI, navíos de los siglos XVII y XVIII, vapores del XIX y barcos mercantes de principios del XX, así como elementos aislados: anclas, cañones, balas, máquinas, cerámica y vidrio, entre otros materiales.
Es muy común encontrar en las cercanías a los puertos, pertrechos que fueron utilizados a bordo de embarcaciones. Estos elementos náuticos, de índole militar o relacionados con la vida a bordo, adquieren un nuevo significado al ser recuperados por las comunidades, quienes los incorporan a su bagaje cultural. Es habitual observar en los parques, edificios públicos e incluso en algunas colecciones privadas, artefactos a los que denominamos bienes culturales muebles.





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