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viernes, 3 de septiembre de 2010




LA ESCRITURA MAYA QUEDÓ REGISTRADA EN CÓDICES, PINTURAS, ESTELAS, EDIFICIOS Y MATERIALES QUE OFRECIERON RICAS TEXTURAS COMO LA CONCHA, EL ALGODÓN, LOS OBJETOS HECHOS DE CERÁMICA Y DIVERSAS JOYAS REALIZADAS EN PIEDRAS DE GRAN BELLEZA, COMO EL JADE Y LA OBSIDIANA.


En los códices, sus libros sagrados, registraron noticias, crónicas y hechos históricos; hicieron gala de la precisión de sus sistemas cronológicos y de su literatura y dieron cuenta de su arte, así como de sus conocimientos en astronomía, medicina y botánica. Como se evidencia, se necesitaba ser poseedor del conocimiento para esc

ribir códices; por ello, los sacerdotes, pertenecientes a la nobleza, eran los encargados de escribirlos. Eran llamados ah ts'ib: escribas, o ah woh: pintores.



También eran ellos los únicos que tenían la facultad de leerlos e interpretarlos, ya que la manera de hacerlo dependía del momento, de la situación y de quién los consultaba -así como de los objetivos que perseguía al hacerlo-. Como se ve, la interpretación jamás era única y lineal, hecho que, por cierto, dificulta el desciframiento de los códices. Aunado a ello, como su escritura tiene varios signos para representar una misma idea, la lectura se vuelve rica en expresiones, pero altamente codificada y compleja.
Fabricaron sus códices usando una corteza vegetal: el amate, y se sabe que también utilizaron la piel de venado especialmente tratada. Formaban largas tiras dobladas como biombo y las recubrían con una fina capa de estuco, sobre la que dibujaban, y esto les permitía hacer correcciones aplicando el color blanco a manera de goma de borrar para continuar pintando sus jeroglíficos.













Los códices tenían un orden: cada página estaba perfectamente dividida en secciones de glifos, numerales y figuras. El colorido de los códices es notable, y destaca el uso del rojo, el negro y el azul maya.







La mayor parte de los códices mayas fue destruida durante la Colonia. Han sobrevivido hasta nuestros días únicamente tres códices que han recibido el nombre de la ciudad en donde se encuentran: Dresde (Alemania), París (o Peresiano) y Madrid (o Trocortesiano).








Códice Dresde







Es tal vez del que se tiene más información. Trata de astronomía, religión y diversas ciencias y artes. Cabe destacar que cuenta con tablas astronómicas y calendáricas muy precisas, tanto del ciclo del planeta Venus como de los eclipses, y formula augurios sobre diferentes hechos y situaciones ligadas a la cosmogonía maya.


De los tres códices, el de Dresde es el más pequeño; cada una de sus 39 páginas mide 20 cm de largo por 9 cm de ancho. Desplegado, tiene una longitud de 3.51 m y está dividido en secciones por medio de líneas rojas que señalan el principio y el fin de los capítulos, o que introducen un cambio de tema. Sus glifos son de colores rojo, azul, amarillo, sepia, negro y verde.


















Fue encontrado en Viena en el siglo XVIII: había sido llevado en el siglo XVI, desde Guatemala, como parte de los presentes que se ofrecieron a Carlos I de España, Emperador de Alemania. Fue hasta 1810 que Alejandro de Humboldt lo dio a conocer al mundo































































Códice París o Peresiano
A pesar de haberse hallado incompleto y en malas condiciones, sus glifos hacen gala de una gran calidad y complejidad técnica, que ha sido comparada con la de las esculturas y bajorrelieves de El Naranjo, Piedras Negras y Quiriguá, en Guatemala.
Fue el segundo en aparecer en Europa, alrededor de 1832, en la entonces llamada Biblioteca Imperial de París, y el nombre de Peresiano se debe a que fue encontrado envuelto en un pliego de papel que tenía escrita la palabra Pérez. Fue hasta 1859 cuando León de Rosny lo identificó como códice maya.



































Códice Madrid o Trocortesiano
Describe diversas ceremonias y artes mayas de carácter mágico. No todos sus jeroglíficos han sido descifrados. Apareció en España, en el siglo XIX, dividido en dos secciones, la mayor de las cuales estaba en manos del señor Juan de Tro y Ortolano; la otra parte de la tenía el señor José Ignacio Miró.
Fue el francés Brasseur de Bourbourg quien lo identificó como documento maya en 1866. Originalmente se le llamó Códice Cortesiano porque se pensaba que Hernán Cortés lo había enviado a España.
 Desde 1964, este códice está resguardado en el Museo de América de Madrid. 






























EL CÓDICE NUTTALL






Manuel A. Hermann Lejarazu













Image - Codex Zouche-Nuttall, British Museum
































La historia de los antiguos pueblos mixtecos del actual estado de Oaxaca quedó plasmada en un extraordinario grupo de manuscritos pictóricos conocidos como códices. La importancia de este conjunto de documentos radica en el hecho de que se trata del único corpus de libros prehispánicos que registra acontecimientos de carácter político, genealógico, militar, religioso, incluso mitológico, originados en una extensa región del sur de México.
Seis son los códices mixtecos considerados de tradición prehispánica que sobrevivieron a la conquista española. Los nombres con que se les conoce a estas fuentes son: Vindobonensis, Nuttall, Bodley, Selden, Colombino y Becker 1. En sentido estricto, el Códice Selden fue terminado a mediados del siglo XVI, pero se considera de origen prehispánico debido a la nula presencia de elementos europeos en sus páginas. Por otro lado, hoy está bien comprobado que los códices Colombino y Becker 1 formaban antiguamente un mismo documento, pero en el siglo XVI fue dividido en dos partes o fragmentos, por lo que quedaron separados físicamente.
En términos generales, se puede decir que la parte central de la Mixteca Alta es el escenario principal de los eventos históricos y genealógicos narrados en los códices. Aunque también hay menciones a varios lugares de la Mixteca Baja y de la Costa, se considera la zona de Tilantongo, Jaltepec, Achiutla, Teozacoalco y Tlaxiaco como el área nuclear que aparece registrada en los documentos pictóricos. En efecto, varias páginas de los códices Bodley, Selden y Nuttall abordan con detalle la historia dinástica de los principales señoríos de la Mixteca Alta. El Bodley, por ejemplo, contiene en su parte anversa una historia completa sobre el prestigioso linaje de Tilantongo, mientras que el Selden trata sobre la familia de dignatarios del pueblo de Jaltepec. En cambio, la parte anversa del Vindobonensis constituye todo un magnífico relato acerca de los orígenes del mundo mixteco tal y como este pueblo lo concibió hace más de 500 años.
El periodo que cubren los códices mixtecos abarca del siglo X al XVI, etapa que coincide con el Posclásico, según la cronología fijada para el área mesoamericana.
Pero no sólo hay en los códices historias de linajes y sus intrincadas alianzas matrimoniales, también registran la obra de destacados personajes. Documentos como el Colombino-Becker y el reverso del Nuttall nos hablan, en términos modernos, de la biografía de un connotado guerrero y gobernante llamado 8 Venado, Garra de Jaguar, a quien, al parecer, lo podemos ubicar como un verdadero “parteaguas” en la historia prehispánica de la Mixteca.
Es precisamente en esta nueva edición facsimilar de la sección reversa del Códice Nuttall, en la que presentaremos parte de la vida y hazañas del señor 8 Venado.


DESCRIPCIÓN
El Códice Nuttall, o Zouche-Nuttall, como también se le conoce, es un extenso libro doblado en forma de biombo y pintado por ambos lados. Actualmente se encuentra resguardado en el Museo Británico de Londres con la signatura Add. MS. 39671.
El soporte del documento está conformado por 16 tiras o piezas de piel de venado unidas en cada uno de sus extremos, de manera que forman una larga faja plegable con una extensión total de 11.41 m. Las hojas o láminas que conforman el libro son resultado de los dobleces o pliegues de la faja de piel unida. Las dimensiones de cada una de estas “láminas” son aproximadamente de 24.3 cm de ancho por 18.4 de alto. El número de láminas en ambos lados del códice es de 47; sin embargo, no todas fueron pintadas. En efecto, el reverso (que es donde se narra la vida de 8 Venado) tiene pintadas en realidad 44 hojas. En tanto, en el anverso (que registra historias y genealogías de varios pueblos) únicamente aparecen 42 láminas con pinturas.
Los colores aplicados al reverso del Nuttall son rojo, amarillo, azul, morado, café, ocre y negro; la superficie de la hoja es blanca y se preparaba antes de la aplicación de los colores con una base de estuco o yeso. Incluso esta misma base o imprimatura servía también para realizar cambios o correcciones en las figuras ya elaboradas, pues en algunas láminas del códice se observan “huellas” o restos de los dibujos que fueron borrados debajo de las figuras definitivas, de tal manera que en algunos casos podríamos hablar de un palimpsesto en el Códice Nuttall.


HISTORIA
Hasta el momento no se tienen datos que nos ofrezcan información acerca de cómo pudo haber salido el códice de la Mixteca Alta. Se sabe, sin embargo, que el manuscrito se encontraba en la biblioteca del monasterio dominico de San Marco en Florencia, Italia, hacia 1854. El códice fue visto en este lugar por el joven historiador PasqualeVillari, en el momento en que durante una reunión el bibliotecario del monasterio lo sacó para mostrarlo. Para 1859 el documento fue adquirido por un rico y prominente político inglés, quien residía también en Florencia en el tiempo de Villari, llamado John Temple Leader. Éste no era propiamente un coleccionista de libros raros, pero compró el manuscrito en el monasterio para enviárselo a su amigo Robert Curzon, quien a la postre sería el decimocuarto barón Zouche. Curzon vivía en Inglaterra y tenía una magnífica colección de libros y antigüedades en Parham, condado de Sussex.
En una serie de cartas entre Leader y Curzon (encontradas por Nancy Troike en una investigación) se menciona que el códice salió de Italia en un paquete a través de los envíos de la Misión Británica en Florencia. El barón Zouche murió en 1873 y el códice, junto con su colección, fue heredado por su hijo, Robert Nathaniel George Curzon. El nuevo barón, sin embargo, se vio envuelto en una serie de dificultades que lo llevaron, en 1876, a depositar la colección de su padre en el Museo Británico de Londres.
Para 1890, la incansable investigadora norteamericana Zelia Nuttall ya había tenido noticias sobre el extraño manuscrito jeroglífico luego de haber conversado con Pasquale Villari. Después de algunos años de seguirle la pista, finalmente Nuttall pudo ver el manuscrito en el Museo Británico en 1898. Posteriormente, en 1902, obtuvo el permiso de Robert Nathaniel para estudiarlo y publicarlo. De esta manera, la primera edición facsimilar del códice fue publicada bajo los auspicios del Museo Peabody de la Universidad de Harvard, pero en realidad se trató de la publicación de los dibujos realizados por un artista anónimo.
El entonces director del Museo Peabody le dio el nombre de Nuttall al códice mixteco en honor de la destacada investigadora. Zelia Nuttall, en efecto, fue la primera en reconocer el carácter histórico del documento e identificó algunos signos y personajes que comprobaban su idea. Sin embargo, la norteamericana consideró al códice como de procedencia mexica y pensó que había formado parte de los regalos enviados por Cortés a Carlos V en 1519.
Hoy en día sabemos que el Códice Nuttall no fue enviado por Cortés a Carlos V, pero al menos tenemos la pista de que posiblemente un fraile dominico pudo haber llevado el códice al monasterio de San Marco a principios del siglo XIX. Finalmente, el Museo Británico obtuvo la posesión definitiva del códice en 1917, fecha en la que murió Darea Curzon, hermana de Robert Nathaniel y última poseedora de la colección.


PROBABLE LUGAR DE ORIGEN
El eminente arqueólogo e investigador mexicano Alfonso Caso fue el primero en descubrir que el Códice Nuttall, junto con los demás manuscritos históricos, provenía de la Mixteca Alta y no del Centro de México o del área zapoteca, como se creyó por casi medio siglo.
No obstante, es difícil determinar con precisión el lugar exacto de procedencia de algunos de ellos. Del Códice Selden, por ejemplo, hasta hace relativamente poco tiempo, Mary Elizabeth Smith descubrió que provenía del pueblo de Jaltepec; del Colombino-Becker tenemos noticia de que estuvo en poder de los caciques de Tututepec por lo menos desde principios del siglo XVI. Pero del Códice Nuttall no se tiene la certeza sobre su lugar de origen. Algunos investigadores piensan que pudo haber sido hecho en el señorío de Teozacoalco, debido a que precisamente en el lado anverso del códice se incluye una relación genealógica de los gobernantes de Teozacoalco y Zaachila. Sin embargo, en lo particular, considero que el Códice Nuttall está conformado por dos documentos distintos, uno en el anverso y otro en el reverso, realizados en tiempos muy distantes y por muy distintas razones.
En un estudio minucioso sobre las características físicas del códice, Nancy Troike descubrió que el anverso fue pintado después que el reverso. Ella encontró varias partes en el manuscrito original en las cuales la pintura había penetrado a través de pequeños hoyos de una cara del códice a la otra, y en todos los casos fue la pintura del anverso la que apareció cubriendo las escenas del reverso. Por lo tanto, Troike llegó a la conclusión de que las pinturas del reverso ya existían antes que las del anverso. Es por esto que la autora considera como la-do 1 a la sección que fue pintada primero, y como lado 2, la que se realizó después.
¿Cuánto tiempo separa a los autores de uno y otro lado del códice? Hasta el momento aún no es posible responder a esta pregunta; sin embargo, el hecho de que la historia de 8 Venado fuera elaborada antes que la genealogía de Teozacoalco y Zaachila, me ha llevado a suponer que desde luego no fue Teozacoalco el lugar de origen de por lo menos el lado 1.
En efecto, después de un análisis comparativo entre el lado 1 del Nuttall, el Colombino-Beckery las páginas dedicadas a 8 Venado en el Bodley, puedo llegar a concluir que hay diferentes tradiciones historiográficas plasmadas en cada uno de estos códices. La tradición histórica registrada en el Nuttall pone más énfasis en las conquistas, alianzas, reuniones políticas y actos de obediencia y reconocimiento a 8 Venado que el Colombino o el Bodley. Además, el lugar más prominentemente representado en el Nuttall es Tilantongo, a tal punto que
en este documento se ignora la fecha de entronización de 8 Venado en Tututepec, en la Mixteca de la Costa, entre otros acontecimientos que se pasaron por alto. El énfasis puesto en Tilantongo nos hace pensar no sólo en este lugar como el posible origen de la biografía del gran conquistador, sino que incluso el manuscrito bien pudo haber sido mandado a hacer por los descendientes de 8 Venado.
Desconocemos la fecha exacta en la que pudo realizarse el lado 1 del Códice Nuttall, pero si los eventos que registra pueden ubicarse hacia los siglos XI y XII, probablemente el códice respondió a una necesidad de legitimación por parte de sus descendientes hacia principios del siglo XVI, cuando el linaje de 8 Venado, sobre todo de la rama de Tilantongo, comenzaba a desvanecerse. Varios años después, los señoríos de Tilantongo y Teozacoalco fueron unificados por el señor 9 Casa, por lo que tal vez el códice cambió de residencia a Teozacoalco, lugar en el que se agregaría la historia de sus gobernantes.
SENTIDO DE LA LECTURA
Como hemos señalado, el Códice Nuttall es una larga tira de piel de venado doblada en forma de biombo, por lo que su sentido de lectura es muy distinto a un libro o cuaderno de hoy día. En su formato original, el códice se lee de derecha a izquierda por ambos lados, siguiendo el patrón de las líneas rojas verticales que están pintadas en cada lámina. Estas líneas rojas no son continuas, sino que a la mitad de cada hoja se interrumpen para dar paso a la secuencia de la narración.
El Códice Nuttall está conformado en realidad por dos documentos diferentes escritos de manera independiente y en diferentes momentos en cada lado o cara del manuscrito. El que ahora denominamos lado 1 contiene la vida de 8 Venado, mientras que el lado 2 trata sobre la historia del señor 8 Viento de Suchixtlán, los orígenes de la dinastía de Tilantongo, Teozacoalco y Zaachila, entre otros temas, es decir, no es continuación del primero.
Como el lado 2 fue considerado por mucho tiempo la parte anversa del códice, la persona que paginó el manuscrito original comenzó a numerar las láminas del 1 hasta el 46, tomando en cuenta las dos láminas sin pintar. Por lo que al dar la vuelta al códice, el lado 1 quedó como la parte reversa, numerada del 47 al 90.
En la presente edición del lado 1 hemos respetado la numeración que se ha fijado en las dos últimas publicaciones facsimilares (1987, 1992) –en las que se toman en cuenta sólo las láminas pintadas–, es decir, comenzamos con la lámina 42 y concluimos con la 84. Asimismo, se reproducen las láminas del códice de manera individual y en la explicación de cada una se sigue el sentido de lectura de derecha a izquierda.






















LOS ÚLTIMOS AÑOS DE 8 VENADO
La historia de 8 Venado que mostramos en el Códice Nuttall concluye cuando éste tenía 39 años. Por ello es necesario recurrir a otros códices para conocer más acerca de sus últimos años. En el Códice Bodley y en el Colombino-Becker se registra que en el año 13 caña o 1103 d.C., 8 Venado contrae matrimonio con la señora 13 Serpiente, Serpiente de Flores, única hija sobreviviente de los señores 11 Viento y 6 Lagartija, gobernantes de Lugar del Bulto de Xipe. Por lo tanto, 8 Venado se casó con su sobrina, hija de su media hermana. Este matrimonio consolidó el poder hegemónico del gran gobernante mixteco, al convertirse en el nuevo señor de un sitio de gran prestigio ideológico. Pero el ataque a Lugar del Bulto de Xipe no sería la última de sus grandes hazañas. Según el Códice Colombino-Becker, en el año 2 casa (1105) es probable que 8 Venado conquiste el pueblo de Teposcolula y un lugar cuyo topónimo se puede interpretar como Cerro de Arena, tal vez Jaltepec. Sin embargo, no tenemos datos para confirmar esas conquistas.
En ese mismo año de 1105, 8 Venado se casa con otras dos mujeres: 6 Águila, Jaguar-Telaraña, y 10 Zopilote, Quechquémitl de Conchas. No obstante, a pesar de estos tres matrimonios, no había nacido el heredero de los vastos dominios de 8 Venado. No fue sino hasta el año 6 casa (1109) cuando nació su primer hijo y heredero del señorío de Tilantongo: 6 Casa, Jaguar que Baja del Cielo, hijo del segundo matrimonio. En el siguiente año, 1110, de la señora 13 Serpiente nace 4 Perro, Coyote Manso, quien se convertiría en el heredero del señorío de Teozacoalco.
En el Códice Bodley se registran dos matrimonios más. La cuarta esposa se llamó 11 Serpiente, Flor de Jaguar y la quinta, 6 Viento, Plumas de Sangre. 8 Venado tuvo un total de 11 hijos, con al menos cuatro de sus cinco esposas. Pero el fin de su gran señorío se aproximaba. Justamente a la edad de 52 años, en el año 12 caña (1115), 8 Venado fue presa de sus enemigos y el joven 4 Viento, hijo de la señora 6 Mono y del señor 11 Viento, mató a 8 Venado cuando realizaba su última conquista. El soberano mixteco murió sacrificado por los aliados de 4 Viento y quizá fue sepultado en la gruta donde yacían los reyes de Chalcatongo.
 






EL TONALÁMATL DE LOS POCHTECAS 
(CÓDICE FEJÉRVÁRY-MAYER)
FACSÍMIL CON ESTUDIO DE
MIGUEL LEÓN-PORTILLA

ESTUDIO INTRODUCTORIO

BIBLIOGRAFÍA


CUADRO DE DIOSES Y SUS ELEMENTOS
ICONOGRÁFICOS


El Tonalámatl de los Pochtecas
(Códice Fejérváry-Mayer)
(44 páginas)




P R E S E N T A C I Ó N
A mediados de 2003, Arqueología Mexicana concretó un proyecto, como parte de nuestros números especiales, cuya principal intención era iniciar una serie de publicaciones dedicadas a los códices prehispánicos. Esos antiguos libros, enigmáticos y bellos, que tanto ofrecen acerca del conocimiento de las culturas mesoamericanas pero que lamentablemente, por diferentes razones, sus ediciones han estado al alcance de muy pocos.
El primer códice que publicamos fue la Matrícula de Tributos, justamente calificado como testimonio del esplendor alcanzado por el imperio azteca y cuyo original se encuentra en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH). En esta edición especial, la núm. 14, se logra reproducir un “facsímil” al alcance de las mayorías y se ofrece información adicional, que permite acercarse a la manera de escribir y leer este manuscrito, además de que sirve como introducción al conocimiento de otras facetas de la vida prehispánica.
Ofrecemos ahora el segundo códice de la serie, uno de los más bellos, el conocido como Fejérváry-Mayer por los apellidos de dos de sus propietarios extranjeros, para el que nuestro autor, el destacado estudioso Dr. Miguel León-Portilla, propone como título el de Tonalámatl de los Pochtecas, nombre que es fiel reflejo de su contenido, es decir, un tonalpohualli o calendario de la cuenta de los días y los destinos que regían a los pochtecas o mercaderes. Esta publicación, edición especial número 18, no hubiera sido posible sin el entusiasmo, interés y generosidad que caracterizan a don Miguel por difundir los códices a un amplio público. Nuestra gratitud para él, que con base en sus estudios previos sobre el manuscrito se dio a la tarea de revisar y actualizar tanto el estudio introductorio como la interpretación de cada una de las 44 láminas. Además, la asistencia en la investigación y revisión de todo el códice por parte de Salvador Reyes Equiguas, entre otras aportaciones, fue fundamental en todo el proceso.
Pese a que el formato de la revista y el recuadro alterno para explicar cada lámina nos obligó a reducir el tamaño original del códice en alrededor de un 20 por ciento, pensamos que este documento no sufrió mayor detrimento. Debemos destacar que, por primera vez en los 12 años de la revista, ampliamos el número de 96 a 112 páginas para no sacrificar nada del valioso contenido y de la interpretación del manuscrito. Esta singular edición tiene un valor adicional: se podría decir que es el primer “facsímil” del siglo XXI del códice, ya que se lograron obtener las imágenes originales del libro resguardado en el Museo de Liverpool, Inglaterra. Un agradecimiento especial a Joanna Ostapkowicz, curadora de la colección de las Américas, por su apoyo y por su conciencia del valor que tiene este documento para los mexicanos, y a la asistencia de Nathan Pendlebury y David Flowers. Esperamos que este esfuerzo se reproduzca para el caso de otros códices mesoamericanos que se conservan en el extranjero.
El Dr. César Moheno, director de la bnah en el momento en que se desarrolló el proyecto, y su equipo brindaron un invaluable apoyo para comparar las distintas ediciones del códice y participaron con gran convicción en la publicación. Gracias al entusiasmo de su director general, el Ing. Juan Rivas, la imprenta trabajó de manera responsable y proporcionó un mejor papel para reproducir el documento de manera fiel, sabedora de la importancia de la edición. También un agradecimiento a nuestros anunciantes, quienes a través de estas páginas promueven a sus instituciones y apoyan nuestro patrimonio cultural. Por último, es de reconocerse el esfuerzo y trabajo del equipo de nuestra editorial para sacar la mejor edición posible de este maravilloso libro antiguo. Esperamos que la publicación cumpla con su cometido para que el lector se deleite, aprenda y valore cada página de este Tonalámatl de los Pochtecas.




NECESARIA ADVERTENCIA
ACERCA DEL NOMBRE DE ESTE CÓDICE
Como ha ocurrido con los antiguos libros mesoamericanos que, por diversas causas, se conservan en Europa, también este códice ostenta un nombre que nada tiene que ver ni con su origen ni con su contenido. El benemérito Edward King Lord Kingsborough le adjudicó primeramente (1831) el apelativo de Códice Fejérváry, porque en su tiempo pertenecía éste a un coleccionista húngaro de nombre Gabriel Fejérváry. Bastantes años después (1901) el distinguido investigador Eduard Seler, al volver a publicarse con amplio comentario, añadió al primer apellido el que correspondía a otro coleccionista de Inglaterra y así el libro mesoamericano comenzó a conocerse como Códice Fejérváry-Mayer.
Haber adquirido uno de estos tan valiosos y ahora tan escasos manuscritos de Mesoamérica, y haberlo sabido conservar, es ciertamente meritorio. Pero, ¿tiene sentido que por ello se prescinda de una posible enunciación que evoque su origen y contenido? ¿Qué pensarían los estudiosos del Viejo Mundo si algún nativo mesoamericano propusiera, por ejemplo, que a un manuscrito medieval, digamos una Biblia gótica, por haber sido posesión de don Pedro Moctezuma Tlacahuepantzin (hijo de Moctezuma II), se le conociera como “Códice Moctezuma Tlacahuepantzin?”
Propongo aquí anteponer a dicha designación –que conservo entre paréntesis– otra que me parece más adecuada: el nombre que introduzco es el de Tonalámatl de los Pochtecas.
Para hacer más comprensible este título expongo lo siguiente. Tonalámatl es palabra compuesta de tonalli, que significa día o destino, y ámatl, que vale tanto como papel o libro. Tonalámatl es un libro en el que, de diversas formas, se hace el registro de la cuenta calendárica o adivinatoria de 260 días y los destinos de ésta, es decir del tonalpohualli; la palabra pohualli significa “cuenta”. El título propuesto incluye además de la palabra tonalámatl, el señalamiento de que éste era de interés para un grupo determinado, en este caso de pochtecas o mercaderes. Integraban éstos unas especies de gremios o conjuntos de personas dedicadas al comercio siguiendo diversas rutas hasta lugares apartados.
Gracias a que se conservan varios de estos libros tonalámatl, prehispánicos y del periodo colonial, consta que no era raro que tuvieran distintos contenidos, en todo o en parte. Algunos incluyen uno o varios registros completos de los 260 días del tonalpohualli, correlacionados, de diversos modos, con sus correspondientes dioses o, asimismo, con los llamados “Señores de la noche” o “del día”, o con los que presiden las 20 trecenas.
También hay otros en que se consignan además diversos cómputos parciales de días con sus deidades, dispuestos en considerable variedad de arreglos. Otros to-nalámatl abarcan diversos temas, de connotaciones teológicas o rituales, o –como en el caso del Códice Borbónico– a modo de “apéndices” dan cabida a registros de veintenas de días o “meses” con sus fiestas y aun a ciclos de 52 años. De esto se infiere que existían tratamientos “especializados” en el contenido y disposición de estos manuscritos.
El Códice Florentino y otras fuentes refieren que estos tonalámatl eran consultados para conocer los “destinos”, buenos, malos o indiferentes, propios del día de nacimiento, o de aquel en que se debía imponer el nombre, o el más adecuado para el matrimonio, o para superar los efectos de pronósticos adversos, o para manifestar las transgresiones, etcétera.
Los pochtecas en sus principales acciones –días para emprender un viaje, regresar del mismo, dar gracias del buen éxito, celebrar fiestas, ofrendas y banquetes– hacían consulta en un tonalámatl. En ocasiones se llamaba a un experto, un tonalpouhqui; otras veces parece insinuarse que algunos de los pochtecas hacían la “lectura”. Así, se expresa: “Y cuando van a emprender su viaje, buscan un buen día: ése es 1 serpiente, camino recto, o 1 lagarto, 1 mono, 7 serpiente. Y cuando ya leyeron en el libro de sus destinos [en su tonalámatl], saben en qué día emprenderán su partida” (Códice Florentino, lib. IX, f. 8v).



























CÓDICE TULANE
Xavier Noguez
CONTENIDO
La información es genealógica, representada por medio de parejas con sus respectivas identidades calendáricas. Además se agregaron nombres de lugares expresados mediante glifos toponímicos, así como una cronología en que se utilizó el signo mixteco del año, consistente en un triángulo entrelazado con un rectángulo, acompañado de tres especies de herraduras o plumas blancas. Se registran las genealogías de Chila y Acatlán, en la región de la Mixteca Baja del sur de Puebla. Tiempo más tarde se agregó información catastral de San Juan Ñumi, pueblo en el noroeste de la Mixteca Alta. Las glosas fueron registradas en mixteco. Una parte de ellas, muy destruidas, se escribieron en el reverso de la pictografía. Al principio del códice se agregó una compleja escena de orígenes. La lectura del contenido se hace de abajo hacia arriba.

FECHA DE ELABORACIÓN

Mediados del siglo XVI. Algunas de las glosas fueron añadidas posteriormente.

LUGAR DE ORIGEN

Es probable que la pictografía se haya originado en Acatlán, Puebla, cuyo nombre en mixteco es Yucu Yusi, el Cerro de la Joya de Turquesa. Sin embargo, en el glifo que corresponde al lugar, aquí acompañado de una casa de gobierno señorial, se sustituyó el símbolo de turquesa por el de jade perforado (chalchíhuitl, en náhuatl). Una alternativa de lectura puede ser la de Cerro de la Piedra Preciosa.


• Características físicas. Es un rollo en buenas condiciones de 3.73 m de largo por 22 cm de ancho, resultado de la unión de seis secciones de piel de venado. Solamente se utilizó el anverso, donde se aplicó una delgada capa de estuco para dar un color uniforme que sirviera de fondo blanco y terso. Se tomaron fotos ultravioleta del reverso de la pictografía, con el objeto de identificar figuras o glosas adicionales, pero sólo en la sección quinta se encontró un breve texto en mixteco.
• Formas y colores. Aunque las genealogías pertenecen a dos poblaciones de la Mixteca Baja, la iconografía y el estilo gráfico son más cercanos a los nahuas del Altiplano central mesoamericano. La representación de las parejas es similar a la que encontramos en los códices mexicas. Por ejemplo, la mujer noble, de cabellos largos, viste un huipil y toca el suelo con las piernas flexionadas. El hombre lleva una manta blanca y diadema rojiazul; se acomoda en un asiento sencillo o de respaldo manufacturado con tule. El tlacuilo aplicó un buen número de colores como el rojo, azul, verde azulado (aplicado particularmente en las imágenes de los cerros), amarillo, café, naranja, rosa y un morado rosáceo. Llama la atención el uso del rosa, particularmente en la escena identificada como de los orígenes de las genealogías. Gráficamente, las parejas dinásticas guardan cierta similitud con las del Códice Dehesa, pictografía colonial procedente de la región entre el centro de Puebla y el occidente de Veracruz.
SECCIÓN INICIAL DEL CÓDICE
El conjunto que describimos posee un fuerte carácter mítico más que histórico. Primeramente se hace referencia a tres sitios registrados mediante un semicírculo (¿montículo o mogote?) y dos glifos de cerro. El primero muestra una barra roja en la parte inferior y estrellas en un estilo gráfico europeo; el segundo es un cerro con una paloma de pecho rosado; el tercero es otro cerro con un personaje con yelmo de coyote. Los lugares no han sido identificados y no parecen ser conquistas militares. Siguen cuatro fechas, dos de ellas anuales y dos más de días del calendario ritual, de izquierda a derecha: año 6 caña, día 9 movimiento, año 7 pedernal, día 1 movimiento. Inmediatamente arriba, la escena indica una ceremonia de asentamiento primigenio, con la participación de dos sacerdotes descalzos, cubiertos con tilmas blancas tachonadas de manchas negras y con cordones que terminan en borlas. Sus nombres son: 3 Casa y 11 Lagartija. Este último sostiene un sahumador. Delante de ellos se pintó lo que parece ser un contenedor con almenas en la parte inferior y que está lleno de puntos rojos (¿chía?). Como escena culminante se aprecia un cerro bicolor (verde azulado y rosa) con una ¿palma? blanca en su interior. En la parte superior sobresale un personaje con un yelmo que lo identifica, junto con los numerales, como 7 Venado. Se ve otro individuo, cuyo nombre es 9 Águila, ataviado como esta ave con el pecho rosado. Adopta una posición descendente, dirigiéndose en picada al cerro. Llama la atención la inventiva del pintor indígena, al mostrar signos calendáricos y sus portadores en un mismo conjunto. En la siguiente escena comienzan a aparecer las parejas de estirpe noble que dan noticia de la parte genealógica. Mary Elizabeth Smith ha vinculado a 7 Venado y 9 Águila con las deidades de Acatlán, como se registra en su Relación geográfica. Las fechas también aparecen pareadas en otras pictografías mixtecas, a veces con la variante de 9 Movimiento en lugar de 9 Águila, como en el anverso del Códice Vindobonensis. La autora también comenta la presencia de pares de animales cuadrúpedos y aves en las secciones de orígenes en manuscritos mixtecos y de regiones adyacentes, como en el Códice Egerton.
BREVE HISTORIA DEL CÓDICE
La pictografía tuvo su origen en la Mixteca Baja, probablemente en Acatlán, Puebla. Hacia finales del siglo XVIII se encontraba en San Juan Ñumi, en la Mixteca Alta donde, a principios del siglo siguiente (ca. 1826), se presentó en un pleito de tierras. Entonces fue descrito como un “mapa”, en vista de que ya se le habían agregado glosas que daban noticias de los linderos del pueblo citado. En los primeros años del siglo XX el códice se encontraba en San Martín Huamelulpan, pueblo vecino de San Juan Ñumi. Ross Parmenter escribió un pormenorizado relato del resto de la historia. Hacia 1912, de Huamelulpan pasa a manos de la familia Daza de Tlaxiaco. En 1928 lo adquiere Félix Muro, quien residía en la ciudad de Oaxaca. Un año más tarde es vendido a Alfred Onken, un comerciante alemán también avecindado en esa ciudad; Onken lo entrega a su hermana, la señora Christel Ridgway, para que sirva de intermediaria en su venta en Estados Unidos. Franz Blom, representante del Department of Middle American Research (posteriormente Middle American Research Institute), de la Universidad de Tulane, lo compra en 1932. Ahí fue expuesto en un pequeño museo hasta 1970, año en que se transfiere a la Biblioteca Latinoamericana de la universidad citada.


PRINCIPALES ESTUDIOS
Con anterioridad a la edición facsimilar de Mary Elizabeth Smith y Ross Parmenter (1991), sólo se habían dado a conocer referencias breves y estudios que mencionaban el contenido del códice de forma indirecta. La excepción es un texto de Donald Robertson, publicado en Leyden, Holanda, en 1982.


OTROS NOMBRES
Códice de San Martín Huamelulpan, Códice de San Juan Ñumi, Códice Mixteco.


LUGAR DONDE ESTÁ DEPOSITADO
Biblioteca Latinoamericana de la Universidad de Tulane, Nueva Orleans, Louisiana, Estados Unidos.


PARA LEER MÁS...
The Codex Tulane, edición facsimilar, comentarios de Mary Elizabeth Smith y Ross Parmenter, Middle American Research Institute, Publicación núm. 61, Nueva Orleans, Tulane University, Louisiana, 1991.
Gropp, Arthur Eric, “Manuscripts in the Department of Middle American Research”, en Studies in Middle America, Publicación núm. 5, Tulane University, Nueva Orleans, Louisiana, 1933, pp. 217-297.
Robertson, Donald, “ A Preliminary Note on the Codex Tulane”, en Maarten Jansen y T.J.J. Leyenaar (eds.), Coloquio internacional. Los indígenas de México en la época prehispánica y en la actualidad, Rijkmuseum voor Volkenkunde, Leyden, 1982.
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EL CÓDICE MADRID
UN VIEJO DOCUMENTO
REVELA NUEVOS SECRETOS 
Gabrielle Vail, Anthony Aveni
INVESTIGACIONES RECIENTES DEMUESTRAN QUE EL CÓDICE MADRID, EL MÁS VOLUMINOSO Y MENOS ESTUDIADO DE LOS CÓDICES MAYAS, ES SIN LUGAR A DUDAS PREHISPÁNICO Y PROVIENE DEL NORTE DE LAS TIERRAS BAJAS MAYAS. EN SUS 112 PÁGINAS, QUE CONTIENEN AUGURIOS AGRÍCOLAS Y ASTRONÓMICOS, HAY CLAVES QUE NOS HACEN SUPONER QUE LOS ESCRIBAS QUE LO PINTARON ESTUVIERON ESTRECHAMENTE RELACIONADOS CON SUS LEJANOS COLEGAS DEL CENTRO DE MÉXICO.

Chaak, dios maya de la lluvia –a la derecha–, siembra semillas con una coa. En la escena se enfatizó la lluvia mediante líneas azules verticales. Códice Madrid, pp. 10a. 
ReprografíaS: Marco Antonio Pacheco / Raíces


ECódice Madrid permite acercarnos a algunos aspectos de la vida cotidiana y ritual de los mayas peninsulares, poco antes de la conquista española. El manuscrito de 112 páginas pintadas (56 en el anverso y 56 en el reverso), con formato plegable, muestra un buen número de imágenes en las que se representan diversas actividades: plantar milpas de maíz, poner trampas y cazar venados, llevar a cabo rituales sagrados. Estas imágenes están asociadas a textos jeroglíficos que explican la iconografía o contenido de éstas, e incluyen información calendárica que sitúa las actividades representadas en el contexto del calendario ritual de 260 días (tzolk’in) y a veces también en el calendario solar anual (haab’).
El Códice Madrid es uno de los pocos códices mayas prehispánicos que se han conservado y actualmente se encuentra en el Museo de América, en Madrid. Otro códice se encuentra en la Biblioteca Estatal de Sajonia y Biblioteca de la Universidad de Dresde (Códice de Dresde), y un tercero se localiza en la Biblioteca Nacional de Francia (Códice París). Los especialistas aún debaten la autenticidad de un cuarto códice maya, nombrado Grolierporque se exhibió en 1971 en el Club Grolier, en Nueva York. Algunos investigadores creen que es una falsificación reciente. Claude-François Baudez, en un artículo publicado en el número 55 de Arqueología Mexicana(pp. 70-79), opina que no debe considerársele auténtico y muchos mayistas comparten su opinión.


HISTORIA DEL CÓDICE MADRID
¿Cuáles son los datos más antiguos acerca de los tres códices mayas que se encuentran en Europa? Mucho tiempo se supuso que fueron incautados durante la conquista (1524-1546) o en los primeros años de la Colonia para ser enviados a Europa. La mención más temprana del Códice Madrid es la referencia a dos fragmentos de códices (el Troano y el Cortesiano) que estaban en posesión de dos personas distintas hacia la década de 1860, aunque luego se demostró que eran partes de un mismo manuscrito, originalmente llamado Tro-Cortesiano en 1880 por el investigador francés Léon de Rosny.
Antes de esto, no hay registros históricos que los mencionen, aunque John Chuchiak, investigador especializado en documentos coloniales mexicanos, abre nuevas posibilidades para reconstruir su historia durante el siglo XVI, en un brillante escrito (en Vail y Aveni, 2004). La investigación de Chuchiak se centra en un texto escrito en latín, que aparece en la página 56 del Códice Madrid. Durante mucho tiempo los investigadores pasaron por alto este dato de su historia colonial, concentrándose en el contenido prehispánico del documento. Sin embargo, en 1997 el notable mayista Michael Coe hizo notar el texto en latín y propuso que era indicativo de que el códice había sido pintado después de la conquista y lo vinculaba con el sitio de Tayasal, en la zona de los lagos del Petén, actualmente en territorio guatemalteco. (La argumentación completa de Coe se encuentra en The Art of the Maya Scribe, 1997.)
La propuesta de Coe partía del supuesto de que el papel europeo formaba parte del códice, lo cual resultó falso, pues Harvey Bricker demostró por medio del análisis del patrón de sombras en las fotografías de la página que se trataba de una capa de papel sobrepuesta al original (Vail y Aveni, 2004). Vail confirmó más tarde, mediante exámenes visuales del códice, que el papel europeo fue añadido posteriormente a un manuscrito maya netamente prehispánico.
La investigación de Chuchiak llevó a una explicación diferente de la de Coe respecto del origen del códice y del texto en latín. Chuchiak indicaba que el estilo de la escritura del texto en latín era de entre 1575 y 1610, y que es un fragmento de lo que alguna vez fue un texto eclesiástico conocido como Bula de la Santa Cruzada. Tal vez se añadió al códice para bendecirlo, lo cual era una práctica común entre los mayas yucatecos de aquel tiempo, pues ya habían incorporado a las prácticas religiosas nativas algunos elementos cristianos. Hay varios factores que indican que es más probable que provenga de la península de Yucatán y no de Tayasal, como el hecho de que la Iglesia católica aún no se afincaba en la región del Petén, y no consiguió hacerlo sino hasta un siglo después.
Varias de las autoridades eclesiásticas del norte de Yucatán, incluido Sánchez de Aguilar, descubrieron y confiscaron algunos códices mayas entre 1603 y 1608. Chuchiak propone que el Códice Madrid es uno de éstos y que en vez de destruirse, como solía hacerse, Sánchez de Aguilar lo llevó a España en 1618 como prueba de que persistía la idolatría maya y lo presentó ante el Consejo de Indias y el rey Felipe III. Después de esto, no salió a la luz pública sino hasta la década de 1860, como ya dijimos.


PINTURA Y CONTENIDO DEL CÓDICE MADRID
El obispo Diego de Landa y otros cronistas coloniales nos cuentan que los mayas yucatecos anotaban sus historias, rituales, profecías, calendarios y conocimientos en libros plegables. Es probable que todos los pueblos grandes tuvieran su propio códice (o más de uno), custodiado por el ah k’in, contador de los días. Las fechas contenidas en el manuscrito indican que se trata de una compilación de información recabada y anotada a lo largo de varios siglos, aunque los documentos mismos fueron pintados probablemente poco antes de la conquista.
El Códice Madrid, como los demás códices mayas, es de papel hecho con la corteza interna de una higuera (Ficuss.p.), llamada kopó, en maya. El papel se hacía quitando la corteza del árbol y lavándola, tras lo cual se separaba la capa de la fibra de la corteza para usarla en la fabricación del papel. Esto se lograba lavando e hirviendo la fibra con cal para hacerla flexible. Entonces, se golpeaba con una piedra hasta obtener una pieza de papel suave y delgada. Frecuentemente se añadía pegamento entre las capas de fibra para hacer la hoja, que se recubría con una capa delgada de yeso para obtener una superficie adecuada para trazar las figuras y los textos.
Los artistas y escribas mayas eran extremadamente dotados y usaron distintos instrumentos en su trabajo. Aunque en el Códice de Dresde probablemente se usaron plumas de ave, Coe (1997) propone que los escribas del Códice Madrid usaron pinceles, dado un mayor espesor de las líneas. El Códice Madrid es el más colorido de todos, y es notable el abundante uso del azul. Los demás colores usados cómunmente son el negro y el café rojizo. Los escribas mayas solían hacer pigmentos de diferentes plantas y minerales, como se describe detalladamente en The Art of the Maya Scribe.
El Códice Madrid está pintado en un estilo muy parecido al de los otros códices mayas y al de muchos murales del norte de las Tierras Bajas correspondientes al Posclásico Tardío. En un estudio comparativo de los glifos de los textos de este códice, Alfonso Lacadena determinó que participaron nueve escribas, encargados de pintar las diferentes secciones del códice y los “almanaques” relacionados con los rituales públicos, profecías y muchos detalles de la vida cotidiana.
A diferencia de las inscripciones monumentales que celebran la historia dinástica y muy probablemente fueron hechas para que las viera el público, los códices se refieren a rituales y cuestiones esotéricas; a diferencia de los monumentos mostrados a plena luz, los códices debieron ser vistos solamente por aquellos que tuvieron el privilegio de consultar a los dioses. Los almanaques forman la parte sustancial del Códice Madrid y hay 256 de ellos (contiene muchos más que cualquier otro códice maya). Constan de paneles con figuras relacionadas con fechas específicas en el tzolk’in (y en ocasiones en el haab’), separadas unas de otras por intervalos de días.


ACTIVIDADES Y DEIDADES REPRESENTADAS EN LOS ALMANAQUES DEL CÓDICE MADRID
Los almanaques proporcionaban un medio para programar eventos en el calendario ritual, aunque también servían como un registro de eventos celestes y estacionales que atestiguaban los mayas (eclipses de sol, solsticios y equinoccios, y la salida y puesta de diversas constelaciones) y para pronosticar eventos futuros. Aunque en unos cuantos almanaques aparecen personajes humanos, la mayoría de las figuras son representaciones de deidades y animales, ya sea como participantes activos de los acontecimientos ilustrados o como receptores pasivos de los mismos (un ejemplo es el caso del venado llevado a cuestas por un cazador). Las deidades de los almanaques casi siempre llevan a cabo acciones que normalmente realizarían los especialistas en ritos o individuos comunes que efectúan actividades relacionadas con su vida cotidiana. Se representan deidades relacionadas con días específicos del calendario o llevando a cabo ciertas actividades, porque se creía que ejercían una influencia directa sobre el periodo correspondiente. Las investigaciones del siglo pasado nos muestran que diferentes deidades representaban las “cargas” de diferentes periodos, que podían ser de un día, un mes de 20 días (el winal maya), un año o 20 años (el k’atun). Las asociaciones que tenían con el periodo correspondiente se indicaban por medio de jeroglíficos asociados a cada imagen (o panel) de un almanaque.
Un ejemplo de esto es el almanaque 102c del códice: tiene cuatro divisiones, dos con imágenes y dos sin ellas. Las dos divisiones con imágenes, combinadas con las explicaciones jeroglíficas, indican que este almanaque se refiere a las actividades previas al tejido: a la preparación del telar. La deidad femenina relacionada con las fechas correspondientes a las dos primeras divisiones se asocia con profecías que recalcan la abundancia: abundancia de comida (división 1) y abundancia de comida y bebida (división 2). El dios de la muerte mencionado en la subdivisión E3 está asociado al título “persona muerta”, mientras que el creador Itzamná mencionado en la subdivisión F3 tiene un título que sugiere flores y fertilidad.
En la cosmovisión maya, tejer e hilar son actividades que se asocian metafóricamente con la procreación, el nacimiento y la creación. Este almanaque podría tener entonces significados más genéricos, no sólo los que pueden suponerse tras un primer examen. El hecho de que comience en el calendario tzolk’in con 4 ahaw, fecha que por otra parte es relevante ya que coincide con el principio de la era actual en el calendario de la cuenta larga, parece indicar un vínculo entre el tejido y el hilado, los días 4 ahaw y la creación. Si tenemos esto en mente, resulta interesante que los otros dos almanaques que se refieren al mismo tema –el 79c y el 102d– comiencen también con 4 ahaw.
Los almanaques afines como los antes descritos –y otros que se encuentran en los códices de Dresde y París– son especialmente importantes para entender los rituales mayas, las observaciones astronómicas y su cosmovisión. El conocimiento ritual contenido en los almanaques pintados del Códice Madrid permitía a los especialistas señalar las fechas y actividades ceremoniales adecuadas que debían asignarse a las diversas tareas sagradas como el encendido de un fuego nuevo, la presentación de una ofrenda o el sangrado ritual como pago de una deuda con los dioses, quienes también se sacrificaron a sí mismos para crear a la humanidad. Gabrielle Vail ha realizado, con Christine Hernández, una base de datos que puede consultarse en la red (www.mayacodices.org) en la que se investigan otras actividades y rituales de importancia pintados por los escribas en las 112 páginas del códice.


NUEVAS PERSPECTIVAS: CUESTIONANDO LOS SUPUESTOS TRADICIONALES 
Los últimos estudios sobre el Códice Madrid modificaron de manera significativa cuanto creíamos saber acerca de él, apenas hace una década. Hoy en día resulta claro, por ejemplo, que muchos de los almanaques se refieren a ciclos de tiempo mucho más largos que los cubiertos por el tzolk’in de 260 días. Las fechas haab’ halladas en el códice indican un deseo de anotar acontecimientos temporales, y muchos más parecen estar asociados con el ciclo de 52 años, bien documentados en los registros históricos aztecas; esto sugiere que hubo contacto en ambas regiones. Otros indicios de influencia “extranjera” son el formato y contenido de algunos almanaques delCódice Madrid, lo cual nos hace suponer que los escribas que hicieron este códice estuvieron en contacto con otras culturas mesoamericanas. A diferencia de lo que antes creíamos, algunos almanaques del Códice Madrid (por ejemplo 10bc-11bc, 12b-18b, 65-73, y otros) señalan acontecimientos astronómicos dentro del contexto del calendario estacional. Entre éstos tenemos eclipses solares, referencias a varias constelaciones, y una atención muy puntual al ascenso de Venus como estrella de la mañana y del atardecer (Vail y Aveni, 2004). La metodología para fechar estos acontecimientos, a falta de fechas de cuenta larga, es analizada en una obra reciente por Victoria y Harvey Bricker (en Aveni, 1992).
Otra veta fecunda de investigación, de la cual ya existen antecedentes, es la detallada comparación calendárica e iconográfica de este códice con los de Dresde y París. Investigaciones recientes nos permiten formular hipótesis específicas relacionadas con ciertas deidades que parecen haber desempeñado un papel importante en las historias mayas relacionadas con los acontecimientos de destrucción y renovación, en el contexto de los episodios de la creación: como la diosa creadora Chak Chel, el dios maya del maíz, Chaak –el dios de la lluvia– y una deidad negra que es personificación de Venus. Chak Chel es representada frecuentemente vaciando una vasija de agua (que simboliza la lluvia), aunque a veces se le muestra personificando tormentas o huracanes. Esto contrasta con su papel de diosa encargada de dar vida a los hombres, como puede verse en el panel central de las páginas 75-76 del códice, cuando ella y el creador masculino Itzamná sostienen semillas de maíz, sustancia de la cual fue creado el género humano.
Almanaques como éste muestran que los escribas y ah k’in que pintaron y consultaron el códice estaban sinceramente preocupados por entender los misterios humanos: cómo fueron creados los hombres y el universo, qué esperaban de ellos los dioses en fechas y periodos específicamente señalados, y cómo podían crear un equilibrio entre las fuerzas destructivas y las creativas para asegurar la continuidad de la vida.
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 Gabrielle Vail. Doctora en antropología. Investigadora del New College de Florida y de la Universidad de Tulane. Se especializa en códices mayas y en sociedad, religión y cosmología del Posclásico Tardío. Es autora, con Martha Macri, de The New Catalog of Maya Hieroglyphs, volume 2: The Codical Texts que será publicado por University of Oklahoma Press en 2009.
 Anthony Aveni. Profesor de astronomía, antropología y estudios nativos americanos en la Universidad de Colgate. Durante muchos años ha estudiado historia astronómica y calendarios de las culturas azteca y maya. Su libro más reciente es People and the Sky: Our Ancestors and the Cosmos (Thames and Hudson, 2008).








EL CÓDICE PARÍS
Bruce Love

Don Esteban, en Popolá, Yucatán, consulta su Libro de los Oráculos buscando la causa y cura de las enfermedades. Los visitantes vinieron de lejos, a pie, por veredas en la selva, para pedir urgentemente ayuda a este reconocido j-meen. El Libro de los Oráculos fue impreso en la ciudad de México en 1950; en manos de don Esteban, se transforma en un equivalente moderno de un códice antiguo. 
Foto: Archivo De Bruce Love

MANUSCRITOS PINTADOS, LIBROS SAGRADOS, PINTURAS, SANTO JU’UNO’OB, VENTANAS HACIA LO SOBRENATURAL, GUÍAS DEL COSMOS: LOS CÓDICES FUERON ESENCIALES PARA EL FUNCIONAMIENTO Y EJERCICIO COTIDIANO DEL SACERDOCIO MAYA. EL CÓDICE PARÍS SE OCUPA AL MENOS DE OCHO TEMAS, ENTRE ELLOS ANOTACIONES HISTÓRICAS, ALMANAQUES ADIVINATORIOS E INCLUSO MOVIMIENTOS DE LAS CONSTELACIONES.
Los tres códices mayas reconocidos reciben el nombre de las ciudades donde se encuentran: Dresde, Madrid y París. Descubiertos en el siglo XIX, cuando se encontraban en manos de coleccionistas, han sido estudiados por infinidad de investigadores de todas las naciones y es común considerarlos reliquias u objetos de arte y describir sus características físicas o estéticas de acuerdo con esta valoración. Para entender el papel que les otorgaron los mayas mismos, en cambio, debe tomarse en cuenta la mentalidad maya, adentrándose en la visión indígena del mundo.
Para desentrañar el significado de las misteriosas páginas pintadas recurrimos a la arqueología, la epigrafía, la historia del arte, la lingüística, la etnohistoria y la etnografía; abrevamos en los escritos de nuestros antecesores –Ernst Forstemann, Eduard Seler y Alfred M. Tozzer–; pasamos años trabajando en campo, en bibliotecas y archivos; asistimos a reuniones, conferencias o simposios. Finalmente, presentamos nuestros humildes descubrimientos a los colegas y al público, con la esperanza de acercarnos a nuestras metas.
Personalmente, considero esencial tener en mente el punto de vista de los sacerdotes, ya que estos libros fueron las herramientas de su profesión. Mi trabajo etnográfico de campo en Yucatán fue, en este sentido, revelador. Tres hombres llegaron desde lejos, por veredas de la selva, hasta un pequeño poblado al norte de Valladolid, hasta la casa con techo de guano del chamán del lugar; consultaron a don Esteban en tono callado, llenos de incertidumbre. La esposa de uno de ellos estaba gravemente enferma y ningún médico podía sanarla. Oculto en la oscuridad de un rincón, recogí la conversación en mi cuaderno, con mi cámara y mi grabadora.
Estirándose, don Esteban sacó de lo alto de su altar un libro empolvado, envuelto en periódico. Extendió las páginas y con cuidado desenvolvió una vieja lámina con símbolos esotéricos; era un libro de oráculos publicado en la ciudad de México en 1950 y usado para adivinar, decir la buena fortuna y curar. Los tres visitantes escuchaban atentamente mientras don Esteban adivinaba la enfermedad de la mujer y recomendaba remedios acordes con la consulta en su libro sagrado. Me recorrió un estremecimiento mientras presenciaba el uso del equivalente moderno de un códice antiguo.
Diego de Landa describió una escena semejante, hace más de 400 años, en la que se usaba un antiguo códice jeroglífico: “[Los sacerdotes] sacaron sus libros y los extendieron… El sacerdote más sabio abrió el libro y miró los pronósticos para ese año, que comunicó a los presentes. Y les amonestó un poco, recomendándoles remedios para sus males…”.
Apenas podemos imaginar la antigüedad de semejantes prácticas, perdidas en la hondura de los tiempos. Ciertamente corresponden al Clásico maya (podemos verlas en escenas de la corte en vasijas pintadas) y probablemente existen desde los tiempos olmecas.






















EL VASO DE PRINCETONUn ejemplo del estilo códice 
Erik Velásquez García
UNA DE LAS TRADICIONES PICTÓRICAS CON MAYOR VIRTUOSISMO EN EL ARTE DEL PERIODO CLÁSICO ES EL ESTILO CÓDICE, QUE FUE PLASMADO SOBRE VASIJAS DE CERÁMICA ENTRE 672 Y 731 D.C. SE TRATA DE UNA TÉCNICA CARACTERIZADA POR DIBUJOS SOBRE FONDO CLARO, QUE SE UTILIZABA EN LA CUENCA DE EL MIRADOR, GUATEMALA, Y LA REGIÓN DE CALAKMUL, CAMPECHE. LAS ESCENAS Y TEXTOS MITOLÓGICOS PLASMADOS EN ESE ESTILO CONSTITUYEN UNA RICA FUENTE DE INFORMACIÓN SOBRE LA NARRATIVA Y EL PANTEÓN SAGRADO DE LOS MAYAS. ENTRE SUS MÁXIMOS EJEMPLOS SE ENCUENTRA EL VASO DE PRINCETON, OBRA DESTACADA DEL ARTE PICTÓRICO MESOAMERICANO.
El Vaso de Princeton, también conocido como Vaso Widenmann, es una de las obras maestras del estilo códice y del arte pictórico maya; fue restaurado por Robert Sonin. Mildred F. y William Kaplan, de Nueva York, fueron sus propietarios. En 1975 fue donado al Museo de Arte de la Universidad de Princeton por la Fundación Hans y Dorothy Widenmann. Para celebrar la adquisición de esta pieza, el museo organizó en 1978 la exposición “Lords of the Underworld: Masterpieces of Classic Maya Ceramics”, cuyo catálogo fue escrito por Michael D. Coe. Vaso de Princeton. Altura: 21.5 cm; diámetro 16.6 cm. Procedencia desconocida. Museo de Arte de la Universidad de Princeton. Foto: © Justin Kerr K511
A principios de la década de los setenta la comunidad académica tuvo conocimiento de diversos vasos mayas de procedencia incierta. Al cabo de poco tiempo, los estudiosos reconocieron en esas obras un estilo peculiar que se caracteriza por escenas y textos jeroglíficos ejecutados con líneas oscuras, plasmadas sobre un fondo crema. El espacio pictórico solía enmarcarse entre bandas rojas, ubicadas en los bordes de las vasijas, atributos semejantes a los de los manuscritos mayas conocidos del Posclásico Tardío. Debido a lo anterior, Michael D. Coe conjeturó que los pintores de esas vasijas eran también autores de los códices, razón por la que acuñó el término de “estilo códice” para designar a esas vasijas cuyo origen se desconocía.
De acuerdo con Dorie J. Reents-Budet, esa tradición cerámica fue elaborada entre 672 y 731 d.C. Por su tipo y variedad se agrupan bajo la categoría Policromo Crema Zacatal, que se distribuye en diferentes lugares del Petén y en el extremo sur de Campeche. Las vasijas estilo códice se caracterizan por la buena calidad de sus arcillas y técnicas de cocción, así como por el uso de desgrasantes (arenas minerales que se agregan al barro para darle una consistencia y poder modelarlo) de carbonato. El color blanquecino de sus paredes se debe a que están bañadas por un engobe (solución fina de agua y barro con que se recubre la vasija) de arcilla fina, cremosa, mate y sin bruñir. Algunas piezas presentan un tono amarillo muy ligero, pues el baño contiene pequeñas cantidades de hierro. En Calakmul han aparecido ejemplos de vasijas estilo códice tanto con fondo amarillo como crema, mientras que en el Petén guatemalteco, en sitios como El Mirador, La Muerta, La Muralla, Nakbé, Pacaya, Porvenir, Tintal y Zacatal, sólo se han encontrado tiestos y vasijas con fondo crema. Las imágenes, textos y bandas rojas fueron pintadas sobre el engobe, antes de la cocción, misma que alcanzaba entre 800 y 900 °C. Algunas piezas presentan restos de bandas de estuco que fueron aplicadas sobre los labios de las vasijas después del horneado y que están pintadas de azul.
En las escenas plasmadas se observa un claro predominio del dibujo a línea sobre la aplicación de áreas de color. Es propio del estilo códice el uso de líneas negras o café oscuro ejecutadas con destreza, firmeza y claridad; en algunas ocasiones se acentuaban ciertas figuras o cartuchos jeroglíficos por medio de discretas líneas rojas o baños diluidos de color ocre. Típicas del estilo son las mencionadas bandas rojas que se extienden por los bordes superior o inferior de los vasos, o a lo largo de la circunferencia de los platos. Las bandas pueden estar delimitadas por finas líneas negras que en ocasiones son dobles o triples.
El repertorio de formas incluye platos extendidos o lak, platos hondos o trípodes (jawante’), diversas escudillas de paredes divergentes y vasos cilíndricos (uch’ib’ o uk’ib’). Con menos frecuencia encontramos vasos de superficies acanaladas, jarras, copas o tazas con asa y botellas de cuellos angostos llamadas “frascos veneneros”, pero que en realidad servían para guardar tabaco en polvo.
Diversas modalidades en el grosor de la línea y variedades en la composición química de las pastas atestiguan el trabajo de distintos artistas y talleres. Algunas obras se caracterizan por su homogeneidad en el grosor de la línea, mientras que otras combinan trazos gruesos y delgados. Hay pintores que aprovechan todas las posibilidades del pincel al adelgazar o engrosar segmentos de una sola línea, logrando un efecto caligráfico. Algunos usan el recurso de líneas extremadamente finas, a manera de cabello, mientras que otros aplican pigmento negro sobre algunas áreas de fondo crema, logrando la sensación de pintura al negativo.



El señor 1 Casa, Jaguar que Mató al Cielo (a) toma posesión del señorío de Ñunaha y se casa con las señoras 7 Agua (b) y 6 Viento (c). Códice Muro, p. 3.Foto: Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAN)
REPRESENTACIONES ARQUEOLÓGICAS
EN EL CÓDICE DE ÑUNAHA

Manuel A. Hermann Lejarazu
A LO LARGO DEL SIGLO XVI NUMEROSOS GRUPOS INDÍGENAS CONTINUARON ELABORANDO CÓDICES EN LOS QUE PLASMABAN LA HERENCIA RELIGIOSA, POLÍTICA Y SOCIAL QUE EXISTÍA ANTES DE LA LLEGADA DE LOS ESPAÑOLES. NO OBSTANTE, POCOS DOCUMENTOS DEJARON CONSTANCIA DE LOS CONTINUOS CAMBIOS Y VICISITUDES QUE SE PRESENTARON EN EL MUNDO INDÍGENA DURANTE LOS SIGLOS SUBSECUENTES; ÉSTE ES EL CASO DEL CÓDICE MURO OCÓDICE DE ÑUNAHA.
ECódice Muro o Códice de Ñunaha es un manuscrito mixteco elaborado a finales del siglo XVI que conserva el estilo y la manufactura de la tradición pictográfica prehispánica. Es decir, a pesar de tratarse de un documento relativamente tardío, el códice está hecho en una larga tira de piel de venado, doblada en forma de biombo y cubierta con una capa de yeso por ambos lados. No obstante, si bien mantiene el formato típico de los códices mixtecos prehispánicos como elNuttall o el Bodley, el Códice Muro ya no fue realizado a color sino únicamente con tinta negra, pero mantiene los rasgos y el estilo que perduraban en la Mixteca durante el siglo XVI.

LUGAR DE ORIGEN Y CONTENIDO

El documento proviene de la comunidad de San Pedro Coxcaltepec (Oaxaca), población conocida en lengua mixteca como Ñuu Naha (Ñunaha), que se localiza en una zona montañosa adyacente al valle de Nochixtlán, al noreste de la Mixteca Alta. De hecho, el códice todavía se encontraba en los archivos municipales del pueblo hacia 1933, pero para mediados de 1934 el manuscrito ya estaba en posesión de Félix Muro, quien finalmente lo vendió al entonces director del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, Alfonso Caso. Hoy en día, el códice se resguarda en el actual acervo de Testimonios Pictográficos de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.
Como la mayoría de los códices mixtecos, el Códice de Ñunaha trata principalmente sobre asuntos históricos y genealógicos de los linajes gobernantes más importantes de cada señorío. Aunque en lo particular el manuscrito sólo se refiere a la historia dinástica de Coxcaltepec, en general narra los numerosos enlaces matrimoniales que mantuvieron los señores de este lugar, durante la época prehispánica y colonial, con mujeres provenientes de sitios tan importantes como Tilantongo, Teozacoalco o Suchixtlán.
La historia registrada en el códice inicia en el año 3 casa o 1249, cuando un grupo de nobles o principales de Coxcaltepec se dirigen al señorío de Teozacoal-co en búsqueda de un gobernante que pudiera fundar un nuevo linaje tras la muerte de su último señor. El soberano de Teozacoalco que recibió a la pequeña comitiva se llamó 8 Conejo, Fuego de Tlaxiaco, y era descendiente directo del famoso conquistador 8 Venado, Garra de Jaguar.
El señor 8 Conejo concedió la petición y escogió a su segundo hijo, el joven 1 Casa, Jaguar que Mató al Cielo para que se dirigiera a Coxcaltepec y fundara una nueva genealogía. Justamente, en la página 3 del Códice Muro se representa a 1 Casa ya instalado en el palacio de su nuevo señorío y contrayendo matrimonio con dos mujeres que tenían por nombres: 7 Agua y 6 Viento.
Afortunadamente, no sólo en el Códice Muro se hace mención de estos personajes, ya que en manuscritos como el Códice Nuttall, también aparecen los señores 8 Conejo y 1 Casa, lo que demuestra la historicidad del Códice de Ñunaha a pesar de haber sido realizado a finales del siglo XVI.
La descendencia del señor 1 Casa quedó registrada en las páginas subsecuentes del Códice Muro y su linaje perduraría hasta mediados del siglo XVI, pero hacia la segunda mitad de este mismo siglo, una nueva familia de caciques se incorporaría a la línea genealógica de Ñunaha, extendiendo su linaje hasta finales del siglo XVIII.





CÓDICE DE HUICHAPANXavier Noguez

Sección 34
Contiene una glosa en otomí, un conjunto iconográfico complejo y dos cartuchos con los glifos anuales 3 caña y 4 pedernal, correspondientes a 1443 y 1444. El texto, en la parte superior izquierda, se refiere a la llegada a Jilotepec de un caudillo de nombre Serpiente de Nubes, junto con un grupo de seguidores y ayudantes. En otras fuentes etnohistóricas coloniales aparece este importante personaje como hijo de Itzcóatl, de Tenochtitlan. Además, se le registra como el iniciador de un linaje que gobernó Jilotepec. Se le registra también con el nombre de Serpiente de Nubes Blanca. De manera interesante, fray Juan de Torquemada describe un dios con ese mismo nombre, padre de Otómitl (Otontecuhtli), el principal patrono de los otomíes.
En el glifo toponímico de Jilotepec (Lugar del Cerro de los Jilotes) se registró información adicional: en el cerro (aquí con el importante glifo de “agua-cerro”, que significa “ciudad”), el gobernante aparece ataviado con una tilma roja adornada con rombos y con un tocado de guerrero; se acomoda en un asiento con respaldo forrado con piel de jaguar. Además, se agregó una serpiente de nubes en la parte superior, para dar noticia del nombre del personaje.
Con algunas variantes, un conjunto similar aparece en la primera lámina del Códice de Jilotepec, asociado al año 1403. Aquí no se hace alusión a Serpiente de Nubes y se menciona en el texto en español a Acamapichtli y Chimalpopoca como primeros e importantes gobernantes de los “mexicanos”, ascendientes del señor “Monthesuma”.
CONTENIDO
La pictografía es uno de los pocos ejemplos de origen otomí que ha sobrevivido hasta nuestros tiempos. Importante tarea pendiente es aclarar aún más su contenido y la organización del mismo. Según Alfonso Caso, la primera sección, compuesta de siete hojas, corresponde a un texto largo sobre el convento de Huichapan (Hueichiapan) y sus actividades entre 1539-1618 y 1629-1632. Yolanda Lastra aclara que en esta parte también se hacen importantes referencias a Jilotepec. Le siguen dos hojas con glifos toponímicos colocados verticalmente, como los del Códice Mendoza. Dos hojas más se refieren a comparaciones calendáricas mensuales y de días entre los sistemas otomí-nahua y europeo. El resto del códice lo componen unos anales, con pictografías y glosas, generalmente breves, que abarcan de 1403 a 1528. Falta sólo un periodo de 18 años. La información histórica se refiere a los señoríos de Jilotepec y sus vecinos, así como a Tenochtitlan y Cuauhtitlan, antes y después de la conquista hispana. Sin poder afirmarlo con seguridad, es posible que el registro haya continuado después de 10 pedernal, el último año en la hoja 68.

FECHA DE ELABORACIÓN

Aún está en debate la fecha de elaboración. En general, se acepta el periodo comprendido en la primera mitad del siglo xvii. No se ha aclarado si tanto el Códice Huichapan como el de Jilotepec copiaron uno o varios prototipos pictográficos más antiguos.

LUGAR DE ORIGEN

Una de las tres secciones del códice se ocupa de las actividades administrativas en el convento de San Mateo Huichapan, en Hidalgo, pero una buena parte de la información hace referencia a la historia del importante señorío de Jilotepec, estado de México.


• Características físicas. Se trata de un libro en papel europeo compuesto de 34 hojas de 29 por 21 cm. Con excepción de algunas secciones deterioradas por el paso del tiempo y la acción humana, la pictografía se encuentra en buenas condiciones.
• Formas y colores. Las pictografías que acompañan a las glosas en lengua otomí muestran una sencillez que no demerita la precisión de las formas. Los colores son variados y aún mantienen su nitidez original. Se tuvo particular cuidado en el registro de los glifos que representan los años: aparecen en cartuchos, en una secuencia incompleta. Particularmente los glifos caña y pedernal se registraron con un mayor número de componentes que merecen ser estudiados con detenimiento.
BREVE HISTORIA DEL CÓDICE
No se tienen noticias de cómo llegó a la colección de la Biblioteca Nacional de Antropología. John B. Glass reporta que el manuscrito pictográfico fue removido del acervo citado algún tiempo después de 1901, pero fue recuperado por C.C. James en 1930.
PRINCIPALES ESTUDIOS
A pesar de la importancia y rareza del documento, todavía no contamos con una edición crítica extensa, que incluya la traducción completa de los textos y el análisis de las pictografías. Aunque incompleto, un primer esfuerzo de traducción fue realizado por Manuel Alvarado Guinchard, investigador del Departamento de Lingüística del inah, en 1976. Óscar Reyes Retana M. dio a conocer en 1992 un facsímil de buena calidad, acompañado de tres comentarios de Alfonso Caso. Una versión completa al español de Lawrence Ecker, editada por Yolanda Lastra y Doris Bartholomew, se publicó en 2001, bajo el patrocinio del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la unam. Lamentablemente este loable esfuerzo no fue acompañado de un facsímil. Yolanda Lastra prepara un trabajo en que propone un autor indígena y un nuevo ajuste y ordenación del contenido.
OTROS NOMBRES
Códice Otomí del Convento de San Mateo Huichapan, Códice de Hueichiapan, Códice Colonial de Huichapan.
LUGAR DONDE ESTÁ DEPOSITADO
Sala de Códices (Testimonios Pictográficos), núms. 35-60, Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, Distrito Federal.
PARA LEER MÁS...
• ALVARADO GUINCHARD, Manuel, El Códice de Huichapan I. Relato otomí del México prehispánico y colonial, Colección Científica, 48, INAH, México, 1976.
• ECKER, Lawrence, Códice de Huichapan, paleografía y traducción, Yolanda Lastra y Doris Bartholomew (eds.), Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM, México, 2001.
• El Códice de Huichapan, edición facsimilar, comentado por Alfonso Caso, introd. de Óscar Reyes Retana M., Telecomunicaciones de México, México, 1992.
• LASTRA, Yolanda, “El códice otomí de San Mateo Huichapan”, en Arqueología Mexicana, vol. XIII, núm. 73, mayo-junio de 2005, pp. 32-37.
• REYES RETANAM., Óscar, “Semejanzas y diferencias entre los códices de Huichapan y de Jilotepec”, en Dimensión Antropológica, año 4, vols. 9-10, enero-agosto de 1997, pp. 87-98.

Códice de Jilotepec, lám. 1.
foto: archivo de xavier noguez





EL CÓDICE COZCATZINAna Rita Valero de García Lascuráin
El Códice Cozcatzin es uno de los documentos más finos elaborados en la Cuenca de México en el siglo XVI, cuando se desarrolló un nuevo tipo de escritura con elementos autóctonos y europeos, a la que se podría considerar como eminentemente mexicana. De tema histórico, jurídico y fiscal, su contenido es de gran importancia pues proporciona una visión muy completa de la vida en el Centro de México durante el intenso primer siglo colonial.
DESCRIPCIÓN
El Códice Cozcatzin fue concebido dentro de la antigua tradición indígena, pero enriquecida ya con los procedimientos europeos, un brillante ejemplo de un nuevo tipo de escritura de carácter “mestizo”, a la que se podría considerar como eminentemente mexicana. Así, los tlacuilos que trabajaron el códice incluyeron pictografías autóctonas y glosas escritas en caligrafía latina, de las cuales parte se escribieron en náhuatl y parte en español, lo que dio como resultado no sólo una nueva forma de correspondencia, sino también una nueva estética: la colonial. El códice se diseñó en forma de libro con 19 hojas de papel importado de 22 cm de ancho por 29 de altura, sobre las que se escribió con tintas autóctonas, lo que dio como resultado una gran riqueza cromática. Se usó una amplia gama de colores en diferentes tonalidades: rojos como el nocheztli, producido con cochinilla; azules como el texotlalli o el tlacehuilli; verdes fabricados tal vez con nacazcólotl, y blanco sacado de la tiza llamadatetízatltizatlalli o chilmatízatl. Por otra parte, las pictografías fueron enmarcadas con una línea negra típicamente indígena, obtenida con el hollín del pino u ocote al que llamaban tlilli. Cabe señalar que se conservan sólo 18 de las 19 hojas originales y aunque muestran las huellas propias del uso y del tiempo están en muy buen estado.
En la tercera parte del Códice Cozcatzin se narra de manera abigarrada la caída de Tlatelolco –gobernado
por Moquíhuix– en manos tenochcas –bajo el mando de Axayácatl–, hacia 1473 (7 casa). Fojas 14v y 15r.





CÓDICE AZCATITLAN
Xavier Noguez



CONTENIDO
Se trata de unos magníficos anales históricos, en los que la información se organizó utilizando una línea discontinua de años expresados en forma mixta (los cargadores tradicionales: ácatltécpatlcalli y tochtli, acompañados de números arábigos en lugar de círculos-unidades). El material consignado se refiere principalmente a la historia de los mexica-tenochcas y mexica-tlatelolcas, desde la salida de su lugar de origen (ca. 1168 d.C.) hasta los acontecimientos de la conquista española y algunos sucesos de la primera etapa colonial. Las glosas en caracteres latinos no abundan pero, en general, dan importantes datos para identificar lugares, personajes y eventos. El título, dado por Robert H. Barlow, proviene del topónimo “Ascatitla” escrito junto a un cerro muy visible que se ubica en Aztlan. Ahí, entre otros elementos, se dibujó un hormiguero, significado de la palabra. Como un dato adicional, también se describe un hormiguero en asociación con la fundación de México-Tenochtitlan, según la Crónica mexicana de Hernando Alvarado Tezozómoc.

FECHA DE ELABORACIÓN

En los primeros estudios se aseveró que había sido elaborado en la segunda mitad del siglo XVI. Sin embargo, y tras un análisis más detallado de su estilo gráfico, algunos autores opinan que el códice pudo haberse pintado en un tiempo más reciente, probablemente durante el siglo XVII.

LUGAR DE ORIGEN

Es claro que fue elaborado dentro del ámbito de la cultura de los mexicas. Queda todavía por aclarar si fue una labor conjunta de tenochcas y tlatelolcas. Encontramos información y expresiones formales similares en los códices del grupo conocido como “Ixhuatepec”, con estrechos vínculos con los tlacuilos de Tlatelolco.


LÁMINA 12: LA FUNDACIÓN DE MÉXICO-TENOCHTITLAN
El relato es la continuación del verso de la lámina 11, donde se da noticia de los lugares que visitó el grupo migrante de los mexitin, antes del establecimiento final en los islotes de la sección occidental del lago de Texcoco. Ahí se reporta que pasaron por Mixiuhcan (“Lugar del paridero”) y Temazcaltitlan (“Lugar del baño de vapor”), haciendo referencia a un proceso histórico- biológico de nacimiento. La lámina 12 abarca una cronología de 1354 (5 tochtli) a 1381 (6 calli). Además del conjunto de años, se ve un personaje, de espalda, de nombre Espina-Águila-Serpiente, que señala dos fechas: 1356 (7 técpatl) y 1367 (5 ácatl). Un camino que viene de Temazcaltitlan pasa por un momoztli escalonado por uno de sus lados. Ahí transitan dos sacerdotes, ¿Xoccoyoltzin? y Xiuhcac, con bolsas de copal (copalxiquipilli), sahumador (tlémaitl) y un raro bastón que lleva incrustados tres objetos puntiagudos. Otro personaje, llamado Tezcacóatl, se ubica en un camino que se dirige delmomoztli a una fecha: 2 calli (1377), misma que aparece en numerosas fuentes como el año fundacional.




Códice Vaticano A-Ríos


Códice Vaticano A-RíosEl volcán Popocatépetl, que se ve a la derecha, hace erupción. Códice Vaticano A-Ríos, f. 87r. 
Reprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces
De los diversos manuscritos pictográficos elaborados bajo la supervisión de frailes y religiosos en la temprana Nueva España, sobresale el poco conocido Códice Vaticano A-Ríos, resguardado en la Biblioteca Apostólica Vaticana bajo la signatura 3738.
Durante mucho tiempo, el origen del documento se atribuyó a la sola intervención del fraile dominico Pedro de los Ríos. Sin embargo, estudios recientes (Anders y Jansen, 1996; Quiñones, 1995) sugieren que su participación fue mucho más directa en el Códice Telleriano-Remensis, por lo que la historia de ambos documentos es complementaria.
Existen muy pocos datos sobre la vida de fray Pedro de los Ríos, pero de acuerdo con los testimonios escritos de su propia mano en el Códice Telleriano-Remensis, sabemos que se encontraba en Oaxaca hacia 1547. En este documento, Ríos deja constancia de una guerra que presenció, y que inició en Coatlán, región zapoteca de la sierra sur de Oaxaca, un movimiento indígena para expulsar a los españoles. Posteriormente, el dominico residió en los conventos de Puebla y la ciudad de México entre 1550 y 1562. No se sabe con precisión la fecha de su muerte, pero es posible que haya ocurrido en 1563.
La caligrafía de Pedro de los Ríos ha sido identificada en el Códice Telleriano-Remensis, lo que indica que este documento fue elaborado antes que el Códice Vaticano A, el cual está acompañado por largos textos explicativos escritos en italiano y redactados pocos años después de la muerte del fraile. Según mencionan Anders y Jansen (1996, p. 27), la parte pictográfica del Telleriano-Remensis fue concluida en 1555 y los comentarios que se colocaron en el manuscrito fueron elaborados por diferentes autores (incluyendo al propio Ríos) entre 1555 y 1563.
De esta manera, el Vaticano A es en realidad una copia del Telleriano-Remensis y no, como anteriormente se pensaba, que ambos documentos provenían de un original perdido. En el último folio del Vaticano A se halla la fecha 5 conejo (1562), muy probablemente el año en que se terminó de pintar el códice. Es posible que el propio Pedro de los Ríos haya mandado hacer esta copia del Telleriano-Remensis, la cual fue pasada completamente en limpio por un pintor indígena. Las cerca de 85 fojas pintadas por ambos lados parecen ser obra de un solo artista, mientras que los largos textos en italiano fueron escritos por dos manos diferentes. Es muy probable que estos comentarios se terminaran poco después de la muerte de Pedro de los Ríos, quizá entre 1563 y 1565.
El primer comentarista redactó sus textos en casi todo el códice, desde la foja 1v hasta la 51r, y el segundo glosador únicamente intervino en las fojas 54r a 61v. El segundo declara haber estado también en Oaxaca, al igual que Pedro de los Ríos, pues dice haber visto las vestimentas de mujeres zapotecas y mixtecas.








CÓDICE COLOMBINO

En la parte superior izquierda está un símbolo del año, que indica la fecha en que se efectuó el juego de pelota que se ve. Códice Colombino, lám. XI. 
Reprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces
Nuevos datos sobre la historia del Códice Colombino han aparecido en recientes investigaciones que nos permiten reconstruir un poco más las vicisitudes que llevaron al documento a pasar por diferentes manos entre los siglos XVIII y XIX. Sabemos, gracias a los estudios pioneros de Mary Elizabeth Smith, que el códice aún pertenecía a los caciques de Tututepec hacia 1717, cuando el manuscrito prehispánico fue convertido en una especie de “mapa escrito” que sirvió como título de las tierras del señorío de Tututepec durante un litigio contra el pueblo de San Miguel Sola en la Mixteca de la Costa.
Nada sabemos del códice hasta que apareció en 1863 en poder de un importante abogado llamado Manuel Cardoso, originario de la ciudad de Puebla. Para 1869 un corredor o agente comercial llamado Primitivo Sobrino estuvo encargado de vender el documento después de la muerte de Cardoso y, al parecer, en ese mismo año el historiador Alfredo Chavero no sólo compró el ahora denominado Colombino, sino dos pictografías más: el Códice Dehesa y elCódice Ciclográfico, este último una falsificación de la época.
Finalmente, en 1891 Francisco del Paso y Troncoso, como representante del Museo Nacional y de la Junta Colombina de México, adquirió el documento que pertenecía a la valiosa colección de antigüedades del comerciante alemán José Dorenberg, quien había reunido, durante varios años, un conjunto muy importante de piezas arqueológicas. De acuerdo con los documentos que actualmente se resguardan en el Archivo Histórico del Museo de Antropología, la Colección Dorenberg fue adquirida por la cantidad de 7 500 pesos, de los cuales 4 000 fueron pagados por la Junta Colombina con los fondos que le había destinado el gobierno de Porfirio Díaz, y los 3 500 pesos restante, por el Museo Nacional.
Una parte de la historia conocida del Códice Colombino la debemos a Chavero quien, después de haber comprado los códices a la viuda de Cardoso, se los mostró a Manuel Orozco y Berra, aunque más tarde el propio Chavero no pudo conservar sus manuscritos, pues tuvo que venderlos al prestamista Francisco Iturbe. Poco tiempo después, Iturbe permitió a Chavero recuperar sus cosas con la condición de devolverle la cantidad recibida, pero los códices quedaron en manos de los corredores Rafael Lucio y José María Pérez. Finalmente, Pérez vendió dos códices en Puebla y uno en Veracruz. En Puebla, el Colombino fue adquirido por Dorenberg, y en Veracruz, Teodoro Dehesa compró el códice que hoy lleva su nombre. Pero ¿qué sabemos del códice en una etapa anterior? ¿Cuál es la historia del manuscrito hasta que lo poseyó Cardoso en 1863?.




FOTO: BIBLIOTECA NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA E HISTORIA
SECCIÓN XIII
Como en otras partes del códice, aquí se nota el deterioro que ha sufrido por acciones intencionales y por el paso del tiempo. El conjunto más importante es un acto ceremonial de perforación de la parte interior de la nariz, para colocar una nariguera de turquesa, un ritual de ascenso de jerarquía política que se llevó a cabo en un lugar muy importante, descrito con detalle. De la fecha del evento sólo es visible el día 1 viento en la parte superior. También se nota, a la izquierda, parte del signo hierba (cuañe en náhuatl). Los componentes gráficos del lugar son, de abajo hacia arriba: un rectángulo con partes de diferentes colores que significa valle, planicie o llanura (yodzo), otra sección con grecas escalonadas, símbolo de pueblo o lugar habitado (ñuu), y una tercera división cubierta por una piel de jaguar. Tres plantas de tules o espadañas (co’yo) se agregaron en medio de las tres secciones descritas. Hacia la izquierda se colocó un templo con la típica representación prehispánica que combina el frente con el perfil. Su techo muestra un grupo de círculos blancos y en el dintel y jamba aparecen otros círculos concéntricos amarillos sobre un fondo rojo. En su base se muestran elementos acuáticos. Por su tamaño y detalles se trata de un evento importante del que aún no existe un consenso respecto a su identificación. Aunque en la escena no se reconoce su glifo onomástico, el personaje recostado es el caudillo mixteco 8 Venado, en el momento de recibir su nueva investidura. El “piercing” es practicado por ¿4 Jaguar?, un importante ¿caudillo-sacerdote?, cuya principal característica es un “antifaz” de color negro alrededor de los ojos. La pintura facial lo señala como un sami nuu (“cara o superficie quemada”), en referencia a gente de habla náhuatl, particularmente asociada con los tolteca-chichimecas. Sobre la identidad del lugar, se han propuesto varios sitios como Tolixtlahuaca (Ñuu Yodzoco’yo) de Jicayan, Tollan-Xicocotitlan (Ñuu co’yo), San Miguel Tulancingo, en el valle de Coixtlahuaca, y Tollan-Cholollan (Ñuu Ndiyo).
En la escena inferior izquierda un jefe militar, con diadema dorada, captura a un hombre, en el Lugar del Cerro de la Luna (Santa María Acatepec). El conjunto superior derecho se interpreta como la reunión de 8 Venado y 4 Jaguar, en el momento de ofrendar. La escena en la mitad derecha todavía nos es desconocida.
CONTENIDO
Originalmente se creyó que se trataba de un documento de contenido exclusivamente religioso-mitológico. Ahora sabemos que es uno de los códices que hace referencia a la vida del conquistador 8 Venado, Garra de Jaguar (1011-1063 o 1063-1115 d.C., según las cronologías propuestas) y que llegó a dominar a un numeroso grupo de poblaciones como señor de Tututepec y Tilantongo (Tlilantonco) en la Mixteca alta, mediante empresas militares y alianzas familiares. La información histórica se plasmó en un entorno de imágenes de dioses, rituales y edificaciones religiosas que da por resultado una compleja red mitohistórica.

FECHA DE ELABORACIÓN

Fue pintado hacia el siglo XII d.C.

LUGAR DE ORIGEN

Tututepec o Tototepec, en mixteco Yucu Dzaa, población de la Mixteca de la costa, en el exdistrito de Juquila, Oaxaca. El nombre significa “lugar del cerro del ave”.


• Características físicas. Una piel curtida de venado doblada en forma de biombo, con 24 secciones en cuatro fragmentos. Cada sección mide aproximadamente 19.5 por 25.5 cm, lo que da un largo total de 606 cm. Como era costumbre, la piel fue cubierta con una delgada capa de estuco, con el objeto de crear una superficie blanca y tersa. Lamentablemente, la pictografía muestra un deterioro notable debido al paso del tiempo y a la decisión de borrar intencionalmente ciertas imágenes.
• Formas y colores. Junto con el Códice Becker I, el Colombino forma un subgrupo estilístico dentro del conjunto de pictografías prehispánicas procedentes de la Mixteca. Se usó una rica paleta y el colorido tiende a la firmeza expresiva, puesto que forma parte del sistema gráfico escritural. Una línea negra delimita las imágenes, lo que proporciona una agradable claridad hasta en los más mínimos detalles. Como en el resto de las pictografías prehispánicas, aquí no se usó la perspectiva. La lectura se hace en bustrófedon, empezando en la parte inferior izquierda y ascendiendo en zig zag hasta la siguiente sección, donde se inicia el descenso con el mismo movimiento, terminando, generalmente, en la parte inferior derecha..
BREVE HISTORIA DEL CÓDICE
La historia primigenia de la pictografía no es muy clara. Autores modernos opinan que desde su elaboración, en la etapa previa a la conquista española, hasta más o menos principios del siglo xviii, estuvo en poder de los gobernantes locales de Tututepec. Hay indicios de que la pictografía fue utilizada en un pleito de tierras con San Miguel Sola en 1717. Es posible que las glosas hayan sido agregadas en 1541, con el objeto de convertirlo en un documento catastral y que, en esa misma fecha, se haya desprendido la sección que ahora conocemos como Códice Becker. En 1863 estaba en manos de Manuel Cardoso. Alfredo Chavero lo poseyó por algunos años, hasta que fue vendido a Josef Dorenberg, un comerciante alemán que residía en la ciudad de Puebla. En 1891 lo adquiere la Junta Colombina de México –de ahí su título–, creada a instancias del presidente Porfirio Díaz, con el objeto de organizar las celebraciones de los 400 años del descubrimiento de América.
PRINCIPALES ESTUDIOS
Se dio a conocer por primera vez, en litografías a colores, sin las glosas, en el “Atlas” de la obra Antigüedades mexicanas(1892), obra auspiciada por la Junta Colombina de México. Varios autores nacionales y extranjeros, entre ellos el inglés James Cooper Clark, en 1912, lo utilizaron principalmente para reconstruir la biografía del cacique 8 Venado. Pero fue hasta 1966 cuando Alfonso Caso, en colaboración con Mary Elizabeth Smith, publicó un facsímil acompañado del primer estudio completo, bajo los auspicios de la Sociedad Mexicana de Antropología. En 1974, Nancy Troike obtuvo su doctorado con un estudio en torno al códice. Recientemente Maarten Jansen y Manuel A. Hermann Lejarazu han publicado trabajos con nuevas informaciones e interpretaciones sobre el origen y contenido de la pictografía.
OTROS NOMBRES
Codex Dorenberg, Códice de Tututepec, Códice Iya Nacuaa, Códice Colombino-Becker. Este último título se le dio en vista de que ambas pictografías, en algún momento, formaron una unidad. Actualmente el Códice Becker I se guarda en el Museum für Völkerkunde de Viena, Austria.
LUGAR DONDE ESTÁ DEPOSITADO
Bóveda de Documentos Pictográficos de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, ciudad de México, bajo el número 35-30. Significativamente, es el único códice prehispánico que se encuentra en nuestro país.
PARA LEER MÁS...
Antigüedades mexicanas, publicado por la Junta Colombina de México en el Cuarto Centenario del Descubrimiento de América, Oficina Tipográfica de la Secretaría de Fomento, México, 1892.
Códice Colombino, edición facsimilar, interpretación de Alfonso Caso y estudio de las glosas por Mary Elizabeth Smith, Sociedad Mexicana de Antropología, México, 1966.
Hermann Lejarazu, Manuel A., “Ritos, sacerdotes y religiosidad en el Códice Colombino”, en Ciencia. Revista de la Academia Mexicana de Ciencias, vol. 57, núm. 4, octubre-diciembre de 2006, pp. 42-50.
Jansen, Maarten, “Los señoríos Ñuu Dzaui y la expansión tolteca”, en Revista Española de Antropología Americana, vol. 36, núm 2, Universidad Complutense de Madrid, 2006, pp. 175-208.
Troike, Nancy, The Codex Colombino, tesis doctoral de la Universidad de Londres, Inglaterra, 1974.







CÓDICE IXTLILXÓCHITL

Tocuepotzin, noble con capa que tiene tenixo, “ojos en el borde”. Códice Ixtlilxóchitl, f. 105r.
Reprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces
El códice perteneció al famoso cronista tetzcocano Fernando de Alva Ixtlilxóchitl (1578-1650), autor de la Historia de la nación chichimeca y otras importantes relaciones históricas que relatan el pasado prehispánico de la región Tetzcoco-Aculhua. Sin embargo, el documento, tal y como hoy lo conocemos, es en realidad el resultado de la recopilación de diversos manuscritos; es decir, las tres partes que hoy lo conforman son apenas tres fragmentos de un volumen mayor integrado por varios textos que pertenecieron al propio Ixtlilxóchitl y a Carlos de Sigüenza y Góngora.
La primera parte está integrada por 11 folios pintados por ambos lados que contienen textos y glifos relativos a los dioses, ceremonias y ritos del calendario civil de 18 “meses” o veintenas. Esta sección del Ixtlilxóchitl es probablemente copia de un documento hoy perdido, pues muestra un gran paralelismo con el Códice Magliabecchiano, el Códice Tudela y otros documentos de la época, por lo que al parecer, fueron varios códices los que se hicieron a partir del manuscrito que sirvió de fuente para su elaboración. La segunda parte del Códice Ixtlilxóchitl se compone de seis hojas en papel europeo que contienen pinturas de los gobernantes de Tetzcoco y dibujos del dios Tláloc y del Templo Mayor. Según Patrick Lesbre (1998), las imágenes de los señores tetzcocanos pueden relacionarse con las obras de Francisco Hernández, en tanto que las láminas religiosas fueron tomadas por don Fernando de la relación histórica de Juan Bautista Pomar (1582) y copiados posteriormente, en el siglo XVIII, por Veitia (Doesburg, 1996). La tercera parte está formada por diez hojas escritas por Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, y son producto de una copia que él mismo realizó de la obra de fray Bernardino de Sahagún.
La colección entera de manuscritos originales, copias y códices que había logrado reunir Ixtlilxóchitl para escribir sus obras históricas, pasaron a su muerte, acaecida en 1650, a manos de su hijo. Don Luis de Alva Cortés conservó todos los papeles de su padre hasta que falleció en 1681, y entonces la colección pasó a manos de Sigüenza y Góngora, quien había mantenido una estrecha amistad con el hijo del historiador tetzcocano.
Notable historiador, poeta, astrónomo y matemático, Sigüenza y Góngora conservó los códices y documentos hasta su muerte en 1700 y, conforme a su testamento, dejó como heredera de sus manuscritos a la biblioteca del Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo de la orden de los jesuitas en la ciudad de México. El Códice Ixtlilxóchitl, así como el resto de la colección, permaneció en esa biblioteca hasta que lo recogió el humanista italiano Lorenzo Boturini Benaduci (1702-1755) durante sus pesquisas para recopilar manuscritos históricos.





CÓDICE Borgia
Códice Borgia
Las cuatro serpientes emplumadas de los rumbos del universo. Códice Borgia, lám. 72.
Reprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces
Actualmente continúa siendo materia de debate entre diversos especialistas no sólo el lugar de origen de uno de los manuscritos religiosos más importantes de la antigua Mesoamérica, sino también la manera en la cual pudo haber sido adquirido ese documento por el cardenal italiano Stefano Borgia hacia la segunda mitad del siglo XVIII.
Debemos a Alejandro de Humboldt uno de los relatos más “populares” acerca de la historia del Códice Borgia. Dice el ilustre alemán:
…parece haber pertenecido a la familia Giustiniani. No se sabe por qué infeliz casualidad cayó en manos de los sirvientes de esta casa, quienes, ignorando el valor que pudiera tener una colección de figuras monstruosas, se lo dieron a sus hijos. Un culto amante de las antigüedades, el Cardenal Borgia, quitó el manuscrito a estos niños, cuando ya habían procurado quemar algunas páginas o pliegues de la piel de ciervo sobre la cual están trazadas las figuras (Seler, 1963, p. 9).
Esta versión parece tan convincente que el propio Eduard Seler la incluyó en sus célebres comentarios al Códice Borgiapublicados en 1904. Efectivamente, tanto en la cubierta externa del códice como en las páginas 1 y 2 del anverso y 74, 75 y 76 del reverso, se observan los estragos provocados por las llamas en algunas partes de esas páginas. Sin embargo, tan curiosa historia nunca fue escrita por el propio Stefano Borgia, a pesar de su interés en publicar una edición del códice con los comentarios del jesuita José Lino Fábrega. En realidad, desconocemos por completo la historia del manuscrito antes de que perteneciera a Borgia, pues únicamente se han conservado algunas historias y tradiciones que de forma anecdótica cuentan la manera en que salió de México y cómo llegó posteriormente a manos del cardenal.
Stefano Borgia (1731-1804) era descendiente de una familia acomodada de Velletri, Italia, cuyo apellido los emparentaba lejanamente con los bien afamados Borgia de los siglos XV y XVI. Stefano estudió teología y desde muy joven se interesó por la investigación histórica, además de dedicarse a coleccionar monedas, antigüedades y, especialmente, manuscritos coptos (copto: idioma antiguo de Egipto). En 1770 fue nombrado secretario de la Congregación de Propaganda Fide (es decir para la propagación de la fe, pues se ocupa de difundir el catolicismo y regular los asuntos eclesiásticos en los países en que no se practica el cristianismo), lo que le permitió estar en contacto con las misiones evangelizadoras del norte de América, el Caribe e incluso de Asia. Ya como cardenal fue elegido pro-prefecto de la Congregación en 1798 y posteriormente prefecto en 1802, cargo en el que permaneció hasta su muerte en 1804. Justamente a finales de este año, Borgia viajó a Francia para acompañar al papa Pío VII, quien iba a París a coronar a Napoleón Bonaparte como emperador en la Catedral de Notre-Dame. Sin embargo, Borgia enfermó durante el viaje y murió en la ciudad de Lyon pocos días antes de la ceremonia.
Recientes investigaciones, llevadas a cabo por Anders, Jansen y Reyes García en los archivos de la Congregación, revelan que el cardenal Borgia era un verdadero erudito que compartía su colección científica con numerosos intelectuales de la época. Especialmente valioso para su museo era el “códice mexicano”, por lo que nunca reveló cómo logró adquirirlo. El mismo Fábrega llegó a mencionar que el cardenal Borgia había deseado desde muchos años atrás poseer un códice mexicano y sólo la fortuna le permitió que llegara a sus manos. Por lo tanto, son pertinentes las apreciaciones de Anders, Jansen y Reyes García sobre lo inverosímil de la historia escrita por Humboldt, pues opinan estos autores que uno de los herederos de Borgia puso en circulación esa anécdota para reforzar su posición en un pleito legal.





CÓDICE DE CHOLULA
Xavier Noguez
Códice de Cholula


CONTENIDO
Esta pictografía, al igual que el Códice Xólotl procedente de Texcoco-Acolhuacan, muestra un meritorio esfuerzo de combinar datos históricos y de cartografía en un mismo discurso gráfico. Su contenido gira alrededor de la definición territorial del hueialtépetl (gran ciudad) cholulteca y la “exaltación testimonial de un linaje indio”, aquellos que se convertirían en gobernadores de esta muy importante población, después de la conquista hispana. El personaje clave es la fundadora de un nuevo linaje, conocida bajo el nombre de doña María Ilamatecuhtli Marcelino de Mendoza, del tecpan (casa o linaje noble) de Tenanquiyáhuac-Yaotianquiztenco. Doña María estuvo casada con Quetzalcoatzin, gobernante de Cholula al momento de la primera confrontación con los españoles en 1520. Otros personaje que desempeña un papel relevante en el discurso mitohistórico de la pictografía es un fraile español llamado Gabriel de Santa María. Fray Gabriel tuvo como labor “trazar” las estancias e impulsar y cuidar la elaboración del códice. En su anverso la pictografía muestra el mapa de un territorio amplio alrededor de Cholula; en su reverso se registró un área más restringida. Glosas cortas en lengua náhuatl acompañan a la mayoría de los dibujos.

FECHA DE ELABORACIÓN

Se cree que pictografía, hecha en papel amate, se elaboró entre 1586 y la primera mitad del siglo Xvii.

LUGAR DE ORIGEN

El hueialtépetl de Cholula, una de las ciudades de origen prehispánico cuya larga trayectoria histórica-cultural aún se mantiene viva.


• Características físicas. Se conoce en la actualidad un original (?) en papel amate y dos copias. El primero fue pintado por ambos lados y mide 112 por 166 centímetros. Las copias sólo reprodujeron el anverso: una pintada al óleo sobre lienzo y en la segunda se usó papel europeo.
• Formas y colores. Lorenzo Boturini se refirió al códice como un “documento rústico y desvaído” debido a su extrema sencillez pictórica y las escasas reminiscencias del sistema gráfico de escritura tradicional. El mapa se orienta hacia el este; su lectura es más o menos circular y mínimo el empleo del color. En su reverso se utilizó una escala mayor en los dibujos. Todo parece indicar que se trata de una copia tardía del siglo Xvi o principios del siguiente, asunto que aún está por indagarse. A pesar de que no se caracteriza por su calidad artística, la información del códice es sumamente valiosa, valor que se amplifica en vista del escaso número de documentos gráficos provenientes de la misma época y región.
“EL TLACHIHUALTÉPETL Y SUS FRAGMENTOS”
Se trata de una de las representaciones que aparecen en el Códice de Cholula de la famosa pirámide, conocida como Tlachihualtépetl (cerro hecho artificialmente o a mano) o Chalchiuhtépetl (Cerro del Jade). Por su importancia, la ciudad se conoció durante el Posclásico como Tollan Cholollan Tlachihualtépetl. Aquí, en una imagen que se localiza en el reverso del códice, se dibujó el cerro sagrado hecho de adobes y lodo (in xantica in zoquitica), con un camino o sendero que sirve además de cartela para acomodar unas palabras en náhuatl que expresan: “llegaban arriba o sobre el aíre [en el] tlachihualtépetl de los toltecas… Aquí nuestro padre San Miguel lo vino a desbaratar. Los hombres que vivían en tinieblas lo vieron”. Además, se agregaron cuatro fragmentos de la misma pirámide, producto de su destrucción, que fueron a caer al mar, en el país chichimeca y en Michoacán.

Sabemos que la gran edificación se construyó encima de un manantial, y que las deidades de la lluvia (Chicnauhquiáhuitl, 9 Lluvia) y el viento (Chicnauhehécatl, 9 Viento), así como, en época tardía, Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, tuvieron un papel relevante en los cultos asociados a esa enorme construcción que cuenta, por lo menos, con cuatro fases constructivas realizadas a lo largo de casi diez siglos.
Incluimos otras imágenes de la misma pirámide, como las que aparecen en la “Piedra del Ex-Arzobispado” –un monolito tallado durante los reinados del primer Motecuhzoma o Axayácatl–, en la Historia tolteca chichimeca (f. 14r), y la proveniente de la Relación geográfica de 1581 atribuida a Gabriel de Rojas. En las dos primeras se enfatiza las conexiones culturales con la lluvia (los sapos), y en la tercera con el nuevo régimen español y, probablemente, con San Gabriel, mediante una corneta colocada en la parte superior.
BREVE HISTORIA DEL CÓDICE
En la principal y más completa edición que se ha hecho de la pictografía (González-Hermosillo y Reyes García) se dedicó un capítulo a analizar la vida del caballero italiano Lorenzo Boturini Benaduci, en cuya colección se encontraba el documento cholulteca. Boturini llegó a la Nueva España en 1735, con el objeto de defender los intereses de doña Manuela de Oca Silva y Moctezuma, condesa de Santibáñez, descendiente del segundo hueitlatoani tenochca del mismo nombre. Una vez establecido en la Colonia, Boturini se dedicó, entre otros asuntos, a coleccionar documentos antiguos, los cuales le iban a servir de base para escribir una historia antigua. Su colección o “Museo indiano” le fue confiscada por las autoridades virreinales, iniciándose entonces la compleja historia de su desintegración. Tiempo más tarde, propietarios anónimos ofrecieron en venta a Alfonso Caso el posible original y las dos copias citadas, mismas que fueron adquiridas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.
PRINCIPALES ESTUDIOS
Bente Bittman Simons realizó el primer acercamiento sistemático a la pictografía y sus copias. Su trabajo de análisis y traducción se dio a conocer en 1967-1968. Fue hasta 2002 cuando dos investigadores mexicanos, Francisco González-Hermosillo A. y Luis Reyes García, publicaron el códice, de manera facsimilar, junto con una paleografía, una traducción del náhuatl y amplios comentarios. Numerosas referencias parciales a su contenido se han basado en este sólido estudio.


OTROS NOMBRES
Mapa de Cholula.


LUGAR DONDE ESTÁ DEPOSITADO
El documento en papel amate y la copia en papel europeo se guardan en la bóveda de documentos pictográficos de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, en la ciudad de México. La pintura al óleo se exhibe en el museo de sitio de Cholula.


PARA LEER MÁS...
González-Hermosillo A., Francisco y Luis Reyes García (estudio, paleografía, traducción y notas), El Códice de Cholula. La exaltación testimonial de un linaje indioInah/Gobierno del Estado de Puebla/Ciesas/Grupo Editorial Miguel Ángel Porrúa, México, 2002, 155 pp., ilustraciones y facsímil.
Noguez, Xavier, “Cosmovisión, género y poder. El Códice de Cholula y doña María Ilamatecuhtli de Tenanquiyáhuac”, en Expresión Antropológica, Instituto Mexiquense de Cultura, nueva época, núm. 26, enero-abril de 2006, pp. 6-23.
Simons, Bente Bittman, “The Codex of Cholula: A Preliminary Study”, en Tlalocan, vol. V, núm. 3 (parte 1) y núm. 4 (parte 2), Inah, 1967-1968



CÓDICE MENDOZA
Códice Mendoza
Fundación de México-Tenochtitlan. Códice Mendoza, f. 2r.
Reprografía: Carlos Blanco / Raíces
El manuscrito que hoy denominamos Códice Mendoza o Códice Mendocino bien pudo haberse conocido bajo alguno de los siguientes títulos: “Historia y fundación de la ciudad de México, fundada y poblada por los mexicanos que en aquella sazón se nombraban meçitin…”, o bien “Relación del modo y costumbre que los naturales mexicanos tenían…” Y es que este documento mexica, uno de los más conocidos de la tradición pictográfica indígena, tuvo como origen el encargo directo de las autoridades españolas, que lo concibieron ya como un libro occidental.
En efecto, diversos autores han repetido que el virrey Antonio de Mendoza mandó elaborar el códice con el objeto de enviarlo a Carlos V, para informar al emperador sobre la historia y costumbres de sus nuevos súbditos. Sin embargo, como atinadamente ha señalado Henry B. Nicholson (1992), las circunstancias que rodearon la preparación del Códice Mendoza no deben darse aún por resueltas.
Al parecer, el historiador novohispano Francisco Javier Clavijero (cuya Historia antigua de México se publicó entre 1780 y 1781) fue el primero en escribir una sucinta historia de las pinturas que denominó “Colección de Mendoza”, al identificar como su destinatario al primer virrey de México. Aunque Clavijero no lo menciona, es probable que en realidad haya tomado sus datos de una obra del inglés Samuel Purchas, titulada Hakluytus Posthumus: or, Purchas his Pilgrimages, publicada en 1625. Este autor escribió una breve reseña sobre el origen del documento, pero no reveló las fuentes de su información.
No obstante, estos primeros comentarios no fueron los que suscitaron la certidumbre de que el virrey Mendoza había ordenado la factura del códice, sino un documento fechado en 1547 y publicado por el historiador contemporáneo Silvio Zavala, en el que se dice que un conquistador español, Jerónimo López, había visto que el pintor indígena de nombre Francisco Gualpuyogualcal tenía un “libro con cubiertas de pergamino”, el cual estaba elaborando por órdenes del virrey. Según lo dicho por el tlacuilo (nombre náhuatl de los pintores), había representado la fundación de la ciudad de México junto con los señores que la habían gobernado hasta la llegada de los españoles, así como las batallas y la toma de la ciudad.
Como era de esperarse, Zavala consideró que el documento ilustraba la historia del Códice Mendocino pues, según afirmaba el mismo conquistador, el suceso que describía había ocurrido seis años atrás, es decir, alrededor de 1541, fecha que coincide con el periodo de Antonio de Mendoza como virrey.
Con todo, Nicholson se muestra cauteloso al identificar el códice con la descripción de Jerónimo López, pues resalta el hecho de que el Códice Mendoza no incluye ninguna sección relacionada con la Conquista o la toma de Tenochtitlan. Sin embargo, a pesar de que no existe información concluyente, el propio Nicholson señala que si bien el virrey Mendoza no encargó el códice que lleva su nombre, al menos se habría hecho otro muy similar a éste, y que quizá se trata del manuscrito que vio el conquistador López en casa del pintor.
En el último folio del Códice Mendoza (71v), un largo texto escrito en español menciona el poco tiempo que tuvo el “interpretador” para comentar el significado de las figuras colocadas a lo largo del documento, debido a que diez días antes de la partida de la flota que lo llevaría a España, le fue entregado para que realizara su labor. Desafortunadamente, no se menciona ninguna fecha que señale la conclusión de dichos textos. Desde luego, es posible imaginar que el códice fue llevado en algún navío al Viejo Mundo, pero no existen datos que confirmen cuándo salió de México y mucho menos cuándo habría llegado a Europa.
Con cierta precisión, sabemos que el manuscrito estuvo en manos del fraile franciscano francés André Thevet hacia 1553. Sin embargo, se ignora si lo obtuvo en esa fecha o un poco antes. Thevet había pasado algunos años en largas travesías y expediciones en el Medio Oriente, y al regresar a Francia en 1554 publicó varias obras relacionadas con sus viajes. Uno de sus libros, que escribió poco después de una corta estancia en Brasil (Singularitez de la France Antarctique, París, 1557), le valió el reconocimiento de la corte francesa y el nombramiento de cosmógrafo durante el reinado de Enrique II.







EL CÓDICE MURO O CÓDICE DE ÑUNAHA

El Códice Ñunaha o Códice Muro estuvo hasta 1933 en los archivos del poblado de San Pedro Coxcaltepec Cántaros, que se localiza al noreste de la Mixteca Alta a 18 km de
Nochixtlán, Oaxaca. A San Pedro Coxcaltepec Cántaros aún se le conoce como Ñunaha (Pueblo Antiguo), nombre mixteco. Códice Ñunaha, p. 6.
 Foto: Bnah
A mediados de 1934 una periodista norteamericana llamada Emma Reh entregó al arqueólogo Alfonso Caso (en ese entonces director del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía) un códice que ella había recibido de manos de un comerciante español, con el objeto de venderlo al mejor precio posible. El dueño del manuscrito, Félix Muro, quien vivía en la ciudad de Oaxaca, pretendía obtener el equivalente a 300 dólares en moneda nacional pero, en el caso de que Reh no pudiese venderlo, pedía que se lo regresara en poco tiempo.
Después de que Emma Reh depositó el códice en el museo (desobedeciendo las órdenes del propio Muro, quien le había dicho que no lo llevara ahí, porque seguramente no iban a poder comprarlo), Caso ordenó una investigación sobre el lugar de origen del manuscrito, ya que si lograba comprobar que el códice provenía de un archivo oficial, lo iba a decomisar. El encargado de dicha investigación fue Esteban Avendaño, quien fungía como guardián de ruinas arqueológicas de la Mixteca en el poblado de Nochixtlán, Oaxaca.
Mientras daba comienzo la investigación, Caso recibió una carta desde Oaxaca de Félix Muro, en la cual le reclamaba que hubiera tomado el documento de su propiedad, además de indicarle que, si no le interesaba el códice, se lo debía devolver. Al poco tiempo, Caso responde a Muro, le dice que está esperando el dictamen de los peritos del Museo Nacional para comprobar su autenticidad y, con base en ello, resolver si se realiza la compra del manuscrito que, desde luego, tenía que ser a un precio considerable. Sin embargo, Félix Muro no toma en cuenta la proposición de Caso y le pide 1 000 pesos por el códice y, en caso de no quererlo, que se lo devuelva a la brevedad posible por correo certificado, pues le reitera que él es el propietario.
Caso escribe a Muro para decirle que ya tiene autorizada la compra del códice en 400 pesos, pero que si no acepta venderlo en tal cantidad, él, Muro, sería el único responsable de que el manuscrito saliera del país, pues sólo tendría el documento en sus manos con una autorización legal que lo comprometiera a conservarlo en perfecto estado.
Durante ese lapso, Caso comienza a recibir información de Esteban Avendaño, quien le notifica que ha podido comprobar que ese códice es el mismo que se intentó vender desde octubre de 1933 en la ciudad de Tlaxiaco. De acuerdo con las indagaciones de Avendaño, el códice estaba en manos de un indígena que quería venderlo al señor Manuel Recalde, un empleado que trabajaba en la casa de los Muro en Tlaxiaco. El indígena no pudo hallar a Recalde, pues éste se había ido a la ciudad de Oaxaca, y entonces le mostró el documento a Leonardo Muro (hermano de Félix), quien al no encontrarle interés se lo devolvió al indígena para que fuera a buscar a Recalde.
En cuanto a la procedencia del manuscrito, Avendaño pudo enterarse de que el indígena provenía de San Pedro Coxcaltepec Cántaros, y que por lo tanto se iba a dirigir hacia ese lugar para corroborar la información. La comunidad de San Pedro Coxcaltepec Cántaros se localiza al noreste de la Mixteca alta, a 18 kilómetros de la población de Nochixtlán, y aún se le conoce con el nombre mixteco de Ñunaha, “Pueblo Antiguo”.





EL CÓDICE VINDOBONENSIS

Alejandro de Humboldt consultó en 1811 el Códice Vindobonensis en la Biblioteca Imperial
de Viena, y entonces llamaron su atención lo nítido de los colores y el brillo de las
ginas del documento. Códice Vindobonensis, p. 13.
Este importante manuscrito mixteco prehispánico se encuentra actualmente resguardado en la Biblioteca Nacional de Austria, en Viena, donde está clasificado con su nombre en latín: Codex Vindobonensis Mexicanus I, Al parecer, desde etapas muy tempranas del contacto entre la antigua Mesoamérica y Europa, el códice ya se encontraba en manos de altos funcionarios de la corona española, pero en realidad se desconoce cómo llegó al viejo continente.
Al reverso de la página 2 del manuscrito se ve un pequeño texto escrito en latín que causó no pocos dolores de cabeza a varios investigadores. El autor de dicho texto fue el humanista alemán Johann Albrecht Widmanstetter, en el que dice que el códice había sido obsequiado por el rey Manuel I de Portugal al papa Clemente VII y éste, al morir, lo heredó al cardenal Hipólito de Medicis para que, posteriormente, quedara en manos del cardenal de Capua, Nicolaus von Schömberg.
No obstante, como ha demostrado atinadamente Maarten Jansen, el autor del texto en latín no sabía a ciencia cierta de dónde provenía el códice, pues el rey Manuel de Portugal falleció a finales de 1521 y muy difícilmente pudo haber recibido el manuscrito de manos de los enviados de Hernán Cortés, quienes llevaban la Segunda Carta de Relación para entregarla directamente al rey Carlos V. No fue sino hasta mediados de 1522 cuando el rey de España se entrevistó con los emisarios de Cortés y quizá pudo recibir el documento mixteco, pero no es nada seguro. La Segunda Carta de Relación está fechada el 30 de octubre de 1520 y ya para ese tiempo Cortés había tenido contactos con la Mixteca. Por otro lado, tampoco hay claras evidencias de que el códice realmente haya sido uno de los enviados por Cortés en su Primera Carta de Relación, llamada Carta de la Justicia y Regimiento de Veracruz (fechada en 1519), pues para ese entonces los conquistadores únicamente habían recorrido la península de Yucatán y la costa del Golfo.
Todo parece indicar que tal vez el códice estuvo en manos de hombres religiosos, pues el cardenal Adriano Florencio de Utrecht (maestro de Carlos V y elegido papa en enero de 1522 con el nombre de Adriano VI) fue quien recibió primero a los enviados de Cortés mientras se desempeñaba como regente de España durante las ausencias del rey. De esta manera, es probable que el códice lo obtuviera Adriano VI y lo llevara consigo en su viaje a Roma para tomar posesión del pontificado. Sólo así se explicaría el hecho de que el manuscrito estuviera en manos del papa Clemente VII (sucesor de Adriano VI), sobre todo si consideramos que las relaciones políticas entre Carlos V y Clemente VII fueron siempre muy conflictivas.
Como quiera que haya sido, en 1534 Clemente VII le heredó el códice a su sobrino Hipólito de Medicis, pero éste no pudo disfrutarlo completamente pues murió envenenado al año siguiente. Un poco antes de morir Clemente VII, el cardenal de Capua ofreció dos mil monedas de oro para la protección del joven Hipólito a cambio de recibir el manuscrito. En 1535, dicho cardenal recibió su “herencia” de manos del ejecutor del testamento de Hipólito tras su fatal envenenamiento.





CÓDICE MOCTEZUMA
Xavier Noguez



Prisión de Motecuhzoma II y conquistas
de Taxco y Xochitepec. Códice Moctezuma
.















Combate y destrucción del Templo Mayor.Códice Moctezuma.Fotos: Bnah


CONTENIDO
El relato inicia en la parte inferior de la tira. El importante segmento de información histórica todavía no ha sido estudiado con detenimiento, debido a las dificultades de lectura de las glosas en lengua náhuatl. A la pictografía parece faltarle una sección en la parte superior donde, posiblemente, terminaba con información catastral. La cronología ahora visible abarca aproximadamente de 1483 a 1523. Sin embargo, los sucesos que se registran al principio corresponden a ¿la fundación de Xochitepec, en el actual estado de Morelos?, la muerte de Tezozómoc y Maxtla, señores de Azcapotzalco, y la caída de los tepanecas como poder dominante en la cuenca lacustre del Altiplano Central (ca. 1426-1431). El relato continúa enfocado a la historia de México-Tenochtitlan, así como a la de los señoríos tlahuicas morelenses, incluidos Ocuillan (estado de México), Tlachco (Taxco, Guerrero), Michhuacan (Michoacán) y Colima. Más adelante se dan noticias del asedio y caída de la ciudad de México a manos de los conquistadores españoles y una referencia a un Hernán Cortés cabalgando, escena asociada a Coyohuacan (Coyoacán, Distrito Federal). La información pictográfica termina con el registro de los inicios de la historia colonial de un señorío aún no identificado: se instala un nuevo gobernante; se fija el tributo, aquí en piezas de oro y mantas, y se delimitan los linderos, los que parecen ubicarse entre ¿Colhuacan e Iztacalco?

FECHA DE ELABORACIÓN

No hay punto de referencia en la pictografía que nos indique una fecha particular de elaboración. En los primeros estudios del códice se estableció, como hipótesis, los años finales del siglo Xvi. Sin embargo, es posible que haya sido parte del nutrido grupo de documentos Techialoyan, que aparecieron en el Centro de México a partir de la segunda mitad del sigloXvii (véase Arqueología Mexicana, núm. 38, pp. 38-43).

LUGAR DE ORIGEN

No se especifica este dato en el muy fragmentado texto en náhuatl. Las alusiones principales son a los señoríos del estado de Morelos (Xochitepec, Mazatepec y Xochicalco), así como a México-Tenochtitlan y Azcapotzalco. Como se ha mencionado, en la parte final (sección superior) aparece el tecpan (palacio de gobierno) de Coyohuacan (Coyoacán) y menciones, no muy claras, a Colhuacan e Iztacalco. Un dato diagnóstico: el primer lugar que aparece al principio de la cuenta anual podría ser Xochitepec, aquí ilustrado como una pirámide sobre una base de tierra y un conjunto de flores tetrapétalas expresadas en un estilo francamente europeo.


• Características físicas. Se trata de una tira irregular de papel de amate sin imprimatura que mide 250 cm de largo por 20 de ancho. Gracias a un reciente proceso de restauración, se ha podido recuperar información que estaba oculta entre los pliegues. Algunas secciones gráficas o de texto se borraron o modificaron utilizando estuco. Actualmente, el códice se acompaña de un pequeño fragmento adicional que, lamentablemente, no posee suficiente información para ubicarlo dentro del contexto de la pictografía.
• Formas y colores. Una columna compuesta por glifos anuales, en el extremo izquierdo, sirve de eje a la información. Los años han sido registrados en el sistema nahua-mixteco de cuatro cargadores (caña, pedernal, casa y conejo) y 13 numerales. Las secciones del inicio y el final carecen de esta cuenta. Por el tipo de escritura, el estilo de las ilustraciones y las características del papel de amate, se propone la posibilidad de que el códice pertenezca al grupo colonial tardío conocido como Techialoyan. Sería el primer ejemplo conocido que presenta la información histórica en el formato conocido como “anales continuos”. Los colores que se conservan son negro, azul, gris, rojo, amarillo, verde, café, blanco y rosa.
PRISIÓN DE MOTECUHZOMA XOCOYOTZIN
La pictografía fue bautizada como Códice Moctezuma por su escena más famosa: la presentación forzada del segundo Motecuhzoma frente a sus súbditos, con la intención de que detuviera los ataques en contra de los españoles, sitiados en la ciudad de México-Tenochtitlan. Una primera aparición pública del hueitlatoani aconteció después de la matanza de nobles en la fiesta de tóxcatl, dedicada a Tezcatlipoca, el 21 de mayo de 1520. En esa ocasión, Pedro de Alvarado lo obliga violentamente a dirigirse a su pueblo para que cesen las hostilidades en contra de los invasores. El 24 de junio del mismo año, Hernán Cortés regresa a Tenochtitlan con los restos del ejército del derrotado Pánfilo de Narváez. Es posible que la escena de la pictografía corresponda a los días siguientes: muy presionado, Cortés conduce a Motecuhzoma al techo de un edificio –aquí representado de manera conceptual como un tecpan o casa de gobierno– con el objeto de que inste a su pueblo a suspender las agresiones. El siguiente episodio, la muerte del gobernante tenochca, sigue siendo un enigma: las diferentes versiones culpan a sus captores o a una audiencia nativa sumamente irritada. Para el 30 de junio, cuando se produjo el episodio de la “Noche triste”, la huida española hacia Tlacopan (Tacuba), el último emperador tenochca elegido antes de la llegada de los españoles ya había muerto.

La escena previa, una conquista que según la cronología sucedió en los años anteriores a 1 ácatl (1519), presenta problemas de identificación. Se registraron dos pueblos, cuyos nombres serían “El Lugar del Juego de Pelota” (Tlachco o Taxco) y “El Lugar del Cerro de las Flores” (Xochitepec). El guerrero vencedor luce un traje asociado a Xipe Tótec (Nuestro Señor desollado); uno de sus contrincantes pelea con un hacha (¿de cobre?) y el otro porta un escudo carente de símbolos, un gran adorno de plumas largas de color rosáceo y un tocado de plumas cortas, acomodadas verticalmente. La escena nos remitiría a las conquistas en el actual estado de Morelos y Guerrero, realizadas por el primer Motecuhzoma, Ilhuicamina (1440-1468), según el Códice Mendoza. Esto parece otra inconsistencia en el registro de los datos históricos del códice. Una posible explicación podría ser la confusión con las conquistas que realizó el segundo Motecuhzoma, Xocoyotzin, en Oaxaca, como Tlachquiyauhco (“El Lugar de Lluvia-Juego de Pelota”), el actual Tlaxiaco, y San Miguel Xochitepec. Estas acciones militares corresponderían a un tiempo más cercano a 1519.
Llama la atención la vestimenta militar, asociada a Xipe Tótec, de los guerreros tenochcas. También la vemos en la escena posterior al cautiverio del último Motecuhzoma, en la que se describe un combate en el Templo Mayor –tenochca o tlatelolca– con sus dos capillas en llamas. En el texto en náhuatl se menciona a un personaje (¿tlatoani?) identificado como Moyahualitoatzin, otro nombre de esta importante deidad.
BREVE HISTORIA DEL CÓDICE
No se cuenta con información de cómo llegó a la colección de documentos pictográficos de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, donde actualmente se conserva bajo el número 35-26.
PRINCIPALES ESTUDIOS
El códice aún permanece inédito. Algunas secciones han sido reproducidas en publicaciones de difusión. John Glass da una noticia general en su Catálogo de la colección de códices (1964) y en el censo del Handbook of Middle American Indians (1975). Robert Barlow y Salvador Mateos Higuera escribieron una nota descriptiva que, posteriormente, fue publicada en las obras completas del primer autor, en 1995.


OTROS NOMBRES
Códice de XochitepecCódice de Mazatepec. No debe confundirse con la Matrícula de Tributos, una pictografía mexica-tenochca colonial temprana, a la que también se le ha dado el título de Códice de Moctezuma, como aparece en la edición del Fondo de Cultura Económica y adeva, de 1997.


LUGAR DONDE ESTÁ DEPOSITADO
El códice se guarda en la bóveda de documentos pictográficos de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, en la ciudad de México.


PARA LEER MÁS...
Barlow, Robert H., y Salvador Mateos Higuera, “El Códice Moctezuma”, en Jesús Monjarás-Ruiz, Elena Limón y María de la Cruz Paillés H. (eds.), Obras de Robert H. Barlow. Fuentes y estudios sobre el México indígena, 2ª parte, vol. 6, Inah/Universidad de las Américas, México-Cholula, 1995, pp. 359-370.
Glass, John B., “A Census of Native Middle American Pictorial Manuscripts”, en Howard F. Cline (ed.), Hand-book of Middle American Indians, vol. 14, University of Texas Press, Austin, 1975, pp. 170-171. La primera versión de la nota, más reducida, apareció en el Catálogo de la colección de códices, publicado por el Inah en 1964.
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Xavier Noguez. Profesor-investigador de El Colegio Mexiquense, dedicado al estudio y publicación de códices coloniales del centro de México, así como a temas sobre el origen del guadalupanismo y la iconografía prehispánica y colonial temprana de tradición nahua.



Codice Selden
Image - Page from the Selden Codex, Oxford University






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