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viernes, 3 de septiembre de 2010
Augurios y pronósticos en
los códices mayas

Nikolai Grube
Para comenzar con lo más importante: no hay ninguna profecía sobre el fin del mundo en el año 2012 en los códices mayas. En ningún lugar de los tres códices mayas los epigrafistas han encontrado señales de profecías apocalípticas relacionadas con una fecha concreta. Cualquiera que revise los códices mayas en la búsqueda de evidencia para las profecías apocalípticas, como sugieren los seguidores del ámbito esotérico, se desilusionará.

Los sacerdotes mayas leían en los códices los días y sus correspondientes dioses patronos para saber que depararía el destino a los consultantes. En la parte superior de la imagen, que es parte de un almanaque del tzolk’in o calendario ritual, está el día 4 ajaw y también se ven dos imágenes de mujeres tejiendo; día e imágenes están relacionados con pronósticos para las tejedoras y la abundancia de comida y bebida. Códice Madrid, p. 102c.
Digitalización: Raíces
Sin embargo, los autores de los códices estaban preocupados, sin lugar a dudas, por un eventual fin del mundo. Como muchos otros pueblos mesoamericanos, los mayas del Posclásico también concebían múltiples creaciones y destrucciones del universo, y según su cosmovisión el universo actual tampoco iba a existir para siempre. Una visión concreta del fin del mundo se presenta en la página 74 del Códice de Dresde, donde se observa a la anciana diosa Chak Chel regando agua de un cántaro. Arriba de ella está el cocodrilo celeste de cuyas fauces abiertas salen torrentes de agua. En el fondo de la escena está el dios negro, señor del inframundo. En la mitología maya prehispánica, ambos dioses ancianos tienen que ver tanto con la creación del mundo actual como con su destrucción. En las aguas del cántaro aparece la fecha 5 eb’ del calendario tzolk’in, tal vez una referencia a la fecha en que los mayas esperaban la gran inundación.
Nuestra afirmación inicial de que la fecha 2012 en los códices no desempeña ningún papel no debe llevarnos a asumir que el asunto de las profecías sea irrelevante en los códices mayas en general. Casi todas las secciones de los tres códices mayas se dedican a la previsión del futuro. Los códices mayas tienen mucho en común con los oráculos del Antiguo Oriente o de los griegos, en los que la profecía no se distinguía de la adivinación. En la antigüedad, los adivinos que transmitían los mensajes de los oráculos en muchos casos se encontraban en la corte real o en el lugar del culto, como en el más conocido de todos, el de Delphi. Los oráculos respondían a las preguntas y preocupaciones de los seres humanos. En la Roma antigua, la predicción del futuro con base en señales divinas, como el vuelo de un ave o la lectura de los intestinos de animales sacrificados hecha por adivinos especializados, era parte del culto del Estado. La adivinación se distingue de la profecía religiosa en la aplicación de recursos e instrumentos específicos, que permiten atisbar el futuro. Los mensajes proféticos, sin embargo, se dan mediante revelaciones a individuos elegidos por inspiración divina. Tanto en la adivinación como en la profecía se muestra el deseo de obtener poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, también sobre los seres humanos y los secretos de los poderes sobrenaturales.
En las civilizaciones antiguas del Medio Oriente, y también entre los mayas, los conocimientos sobre el futuro se atribuían exclusivamente a los seres divinos. Se pensaba que los dioses enviaban señales, cuya interpretación permitía al ser humano vislumbrar el futuro. Esta idea se basa en la creencia de la existencia de correspondencias entre el macrocosmos y el microcosmos, así como entre la esfera divina y el mundo humano. Los especialistas en las disciplinas adivinatorias registraron conexiones entre los eventos, los valoraron y acumularon así conocimientos cada vez más complejos.



El universo temporal
en el pensamiento maya

Mercedes de la Garza C.
Si los mayas buscaban conocer lo que había ocurrido 256 años antes, y daban a conocer a toda la comunidad la carga de influencias divinas que traería el futuro, era con el fin de poder cambiar las malas influencias por otras buenas, por medio del ritual. Así, aunque creyeron que el futuro estaba determinado, tenían la convicción de que la acción humana podía modificarlo. Esto revela una actitud creativa y libre ante el destino, para anticipar el futuro a fin de modelarlo.
Templo de las Inscripciones
El Templo de las Inscripciones de Palenque, Chiapas, simboliza el nivel infraterrestre del cosmos porque su basamento tiene nueve niveles; en el nivel más bajo se encuentra la tumba del famoso gobernante K’inich Janahb’ Pakal. 
Foto: Archivo De Mercedes De La Garza
La temporalidad siempre ha sido una de las principales preocupaciones del ser humano. La conciencia del tiempo surge de la evidencia del movimiento, el cambio y la muerte, y se ha manifestado principalmente en las reflexiones filosóficas y en el pensamiento religioso, que buscan, a través de explicaciones racionales o bien de mitos y ritos, mitigar la inestabilidad y el miedo al devenir inexorable y a la muerte.
Las ideas filosóficas sobre el tiempo aparecen desde los orígenes del pensamiento filosófico occidental en Grecia, así como en el pensamiento chino y en el hindú. En una corriente, que considera al tiempo como mera apariencia, puesto que el Ser es Uno, Eterno e Inmutable, se encuentran Parménides de Elea y Platón en Grecia, Shankara en la India y Sêng Chao en China.
Pero también de Grecia procede una idea del tiempo concebido como el orden del cambio, es decir, de la realidad cambiante. Los contrarios, dice Anaximandro (siglo vi a.C.), “se hacen justicia unos a otros, según el orden del tiempo” (Anaximandro B1). Y para Heráclito de Éfeso (siglo vi a.C.), el tiempo se identifica con el devenir de la realidad, sometida al logos o ley de la armonía de los contrarios. Así, dice: “Este mundo, el mismo para todos […] ha sido […] es y será un fuego eternamente viviente que se enciende según medidas y se apaga según medidas” (Heráclito B30).
Y en casi todas las religiones, el tiempo también se concibe indisolublemente ligado al espacio, como el orden del movimiento, por lo que la temporalidad sigue una ley cíclica. Éste es el caso de las religiones orientales y de las mesoamericanas. La concepción cíclica del tiempo conlleva la idea de que el futuro ya pasó y el pasado está en el porvenir, así como la existencia de una serie infinita de mundos.
EL ESPACIO-TIEMPO MAYA
Ante el misterio del movimiento astral y de la regularidad y coherencia del mundo; ante la evidencia del cambio como devenir ordenado; ante el movimiento de la vida, que concluye con la muerte, los mayas desarrollaron una profunda conciencia de la temporalidad. Concibieron el tiempo como el dinamismo de la realidad espacial, como el cambio cósmico producido, en esencia, por el movimiento de un ser sagrado que fue el eje de su cosmovisión y de su concepción sobre el sitio del hombre en el universo: el Sol (k’in, palabra que también significa día y tiempo).
El tránsito del Sol fue captado como un movimiento circular alrededor de la Tierra, que determina los cambios que en ella ocurren (día y noche, las estaciones, fertilidad y sequía, frío y calor, etc.); por eso, el tiempo se concibió como movimiento cíclico. La temporalidad, entonces, no fue para los mayas un concepto abstracto, sino el evidente y eterno dinamismo del espacio, que da a los seres cualidades y significaciones múltiples, a veces contradictorias. Ese movimiento sigue leyes estables, como se manifiesta en la regularidad de los ciclos naturales y de la propia vida humana; de este modo, el tiempo es la racionalidad y la permanencia del cosmos, como lo fue para Heráclito (“permanece cambiando”); el tiempo es el orden, por lo que el caos es intemporal.
Las ideas mayas sobre el tiempo cósmico se expresan fundamentalmente en sus mitos cosmogónicos, sus concepciones cosmológicas, sus conocimientos calendáricos y astronómicos, así como en su historiografía, todos ellos entrelazados en una compleja weltanschaung (concepción del mundo y de la vida).


Los escenarios del porvenir
Cómputos y textos futuristas en Palenque

Guillermo Bernal Romero
Al final de su largo reinado (ca. 673 d.C.), el gobernante palencano K’inich Janahb’ Pakal mandó registrar una extensa narrativa en los tableros del Templo de las Inscripciones de Palenque, Chiapas; los diez primeros pasajes de esta narrativa mencionan las entronizaciones y celebraciones de final de k’atun de sus antecesores y de él mismo. De acuerdo con las creencias mayas, los ciclos “katúnicos” (7 200 días) estaban regidos por deidades que podían ejercer influencias benefactoras o nefastas sobre la humanidad.

Episodio 1 (F9-G4): La tercera vez que asienta la piedra en o durante su señorío (fue en) 10 ajaw, 8 yaxk’in, eldecimosegundo k’atun (9.12.0.0.0 10 ajaw, 8 yaxk’in, 28 de junio de 672). Lo vio Kznich Janahb Pakal, Sagrado Gobernante de Palenque. Episodio 2 (H4-J1): Se enseñoreó Ich Cham Ajaw, “Señor del Rostro de la Muerte”: (fue una) época de gran mortandad y se secaron los árboles frutales de la Luna (o del dios del maíz). Hubo guerra contra los Gobernantes del Oriente y los Gobernantes del Poniente. Fue humillada B’olon Chan, la Familia de las 16 Familias del Gobernante de los Innumerables Sucesores. Episodio 3 (I2-L2): Dos veces (?) se ató la blanca diadema del altar-kuch-al de sus dioses. Se da el sagrado bulto-pik de la veintena, el pixoom, la diadema blanca y los collares de Yax K’ahk’ K’uh, “Dios del Fuego Nuevo”, las orejeras y sagrado plato de los sacrificios, el ko’haw del dios GI, Sak B’olon. (Esto lo) da el Incensador del K’atun, K’inich Janahb’ Pakal, Sagrado Gobernante de Matwiil. Episodio 4 (K3-K9): El da el sagrado pik de la veintena, el pixoom, la diadema blanca del Nuevo Dios(?) del Rostro del Cielo, las orejeras, el yax-tzi-?, el ko’haw del dios Ch’ok Unen-K’awiil.Episodio 5 (L9-B6): Él da el sagrado pik de la veintena, el pixoom, la diadema blanca, los collares, a Yax Pa’-Witz, las orejeras, la sagrada diadema y el ko’haw del Yajaw-K’ahk’ (“Vasallo del Fuego”), el dios GIII, los Dioses-Incensarios. El gobernante de la Gran Casa, de la Gran Plataforma del Rostro del Cielo; Wak Chan Ajaw es la plataforma del dios Ju’n-? ‘GI’ Sak B’olon. Los tres procreados son los hijos, con sus deidades, del Incensador del K’atun, K’inich Janahb’ Pakal. Su atadura de diadema (en el) kuch-al de los dioses GI, Unen-K’awiil y GIII, los Dioses-Incensarios. Episodio 6 (A7-B12): Él satisface la voluntad del dios del 10 ajaw, 8 yaxk’in, el asiento o inicio del tuun. […] él satisfizo tu voluntad.
Dibujo: Linda Schele. Digitalización: Raíces
El pasaje 10 de los tableros del Templo de las Inscripcionesrefiere que el final de k’atun 9.12.0.0.0, 10 ajaw, 8 yaxk’in (28 de junio de 672 d.C.) marcó el dominio del dios Ich Cham Ajaw, “Señor del Rostro de la Muerte”, quien provocó hambrunas (“se secaron los árboles frutales”), mortandad generalizada y guerras. Señala que B’olon Chan, la familia real de Palenque, fue humillada. Aunque se realizaron las ofrendas y dedicación de incensarios de los dioses patrones del señorío, GI, Unen-K’awiil (GII) y GIII, habituales en cada final de k’atun, esta vez también hubo cultos consagrados al dios la muerte. Un episodio refiere que Pakal “satisface la voluntad del dios del 10 ajaw, 8 yaxk’in, el asiento o inicio del tuun [….]” Para reafirmar esta piadosa actitud hacia el dios de la muerte, el texto reitera: “él [Pakal] satisfizo tu voluntad”, hablando en segunda persona del singular (“de tú”) a la deidad. La inscripción no refiere de qué manera fue complacido el dios, pero es posible que haya sido conmovido por medio de un sacrificio humano. Estas ceremonias propiciaron un retorno a las condiciones de bienestar y poderío del señorío.

INSTRUCCIONES PARA EL FUTURO GOBERNANTE DEL K’ATUN 8 AJAW (692 D.C.)
El pasaje 11 no relata un suceso; ya que se ubica en el futuro, se trata más bien de una previsión de acciones rituales que debería realizar el jerarca palencano que llegase a regir en el final de k’atun 9.13.0.0.0 8, ajaw 8, wo (15 de marzo de 692 d.C.). De manera textual, esta disposición fue dirigida “al Gobernante [que sea] el Incensador en Matwiil, en B’aakal [Palenque]”. El texto dice que en esa fecha k’atúnica el futuro gobernante “deberá satisfacer otra vez tu voluntad”. Es evidente que se refiere “a la voluntad del dios del 10 ajaw, 8 yaxk’in”, mencionado en el pasaje anterior (el número 10); es decir, se trata del dios Ich Cham Ajaw, “Señor del Rostro de la Muerte”, quien habría de recibir otra dádiva. El texto termina con la expresión “habrá de darse tu [¿]” Lamentablemente, el glifo que alude a la dádiva no está descifrado.
Tal como se aprecia, K’inich Janahb’ Pakal dejó en la incertidumbre el nombre del dignatario que, en el año 692 d.C., habría de rendir veneración al dios de la muerte. Cuando se estaba escribiendo el texto, Pakal rondaba los 70 años y no guardaba ya ninguna esperanza de cumplir ese cometido. Desde luego, K’inich Kan B’ahlam, su primogénito y virtual sucesor, tenía amplias posibilidades de ser el k’uhul ajaw que celebrara el k’atun 8 ajaw (tal como sucedió). De hecho, en ese final de k’atun mandó erigir un monumento en honor del dios Akan, un aspecto del dios de la muerte. Quizá de esta manera cumplió con la disposición de su padre.



El tránsito de Venus por el disco del Sol de 2012
Jesús Galindo Trejo
Es posible que la pintura mural en la Sala de los Frescos de la ciudad de Mayapán, del Posclásico, represente la observación del tránsito de Venus por el disco del Sol. Esta propuesta supone que los 13 baktunes se completarán al ocurrir el próximo tránsito de Venus en 2012, de modo que se tendría una nueva correlación calendárica con una fecha era fijada para el 24 de enero de 3114 a.C.

El Castillo de Mayapán es semejante en estructura al de Chichén Itzá. Como en éste, se puede admirar una hierofanía solar en su escalinata norte, en este caso el día del solsticio de invierno. En el muro central de la Sala de los Frescos, adosada a la pirámide, se plasmó una pintura mural de obvio significado astronómico. 
Foto: Marco Antonio Pacheco / Raíces
Hace apenas algunos años, la última gran metrópoli maya antes de la lle-gada de los españoles, Mayapán, Yucatán, fue de nuevo explorada por los arqueólogos. Según el padre Landa, esta ciudad fue fundada por Kukulcán, quien habría llegado de México y poco después regresó a su lugar de origen. Distingue a la parte central de Mayapán una gran pirámide de cuatro escalinatas y nueve cuerpos, similar al Castillo de Chichén Itzá pero de menor tamaño. Existe también un edificio circular que recuerda al observatorio del Caracol de esta última ciudad. La escalina norte del Castillo de Mayapán (Q162) nos brinda el espectáculo de una hierofanía solar, juego de luz y sombra, pero no en el ocaso del día del equinoccio sino en el del solsticio de invierno. Por otra parte, el Edificio Circular de Mayapán (Q152) funciona de manera semejante al Caracol de Chichén Itzá; es decir, sus cuatro vanos de acceso señalan puntos hacia el horizonte donde el Sol alcanza importantes posiciones astronómicas y calendáricas.
MURAL EN LA SALA DE LOS FRESCOS
Los recientes trabajos arqueológicos en Mayapán sacaron a la luz la llamada Sala de los Frescos (Q161). Se trata de un pequeño edificio adosado al Castillo en su lado oriente y aproximadamente a unos 30 m del Edificio Circular. En su muro central se descubrió un mural de excepcional significado solar. En una serie de paneles rectangulares aparece un gran disco solar amarillo con rayos rojos. En el interior de cada Sol se plasmó a un personaje distinto, en posición descendente y ricamente ataviado. Cada disco solar es custodiado a ambos lados por un personaje que sostiene en las manos una especie de lanza. Por su colorido y estilo parecería más bien un mural elaborado en el Altiplano Central de México.
Aunque ambos lados del muro pintado se enfrentan directamente al norte y al sur; dos días en el año los rayos solares, que se desprenden de la cúspide del Edificio Circular, iluminan de manera rasante los soles descritos. Tales fechas, 9 de abril y 2 de septiembre, no son fortuitas, ya que si bien no corresponden a ningún evento astronómico importante, sí manifiestan momentos fundamentales en Mesoamérica. En efecto, esas fechas son de gran trascendencia porque dividen al año solar en múltiplos de 73 días. Este número representa un elemento muy importante en el sistema calendárico mesoamericano porque corresponde al número de ciclos del calendario ritual de 260 días, el tzolkín, que deben transcurrir para que el calendario solar de 365 días, el haab, complete 52 ciclos. Cuando esto sucedía se efectuaban en toda Mesoamérica fastuosas ceremonias para celebrar que se completaba ese gran ciclo calendárico. Grandes estructuras arquitectónicas mesoamericanas se alinean con el Sol para indicar la excepcional importancia de esos dos momentos en el sistema calendárico prehispánico.
Cabe destacar que la cuenta de días de 73 es la base para calibrar el periodo sinódico de Venus, es decir, el periodo de observación de este planeta desde la Tierra: 584 días (8 x 73). Tal intervalo fue registrado con gran detalle en el códice maya que se encuentra en la ciudad alemana de Dresde.



Las profecías mayas de 2012
¿Está escrito el fin del mundo en los mapas celestes mayas? 
Anthony F. Aveni
¿Predijeron los profetas mayas el fin del mundo en 2012? Sin dejarnos llevar por el tremendismo, al examinar los datos científicos y culturales, las predicciones de un cataclismo fechado resultan muy dudosas.
Las profecías
izquierda: En la Estela 25 de Izapa, Chiapas, se reproduce la escena del Popol Vuh, libro maya sobre la creación de la humanidad, en que los héroes gemelos se enfrentan al dios 7 Guacamaya, quien tiene forma de ave y quería convertirse en el nuevo Sol, poco antes de la actual creación. derecha: Esta representación hecha en computadora de la bóveda celeste actual muestra a la Vía Láctea alineada de norte a sur. Se dice que quizás este mapa representa el lagarto-árbol que se ve en la Estela 25 de Izapa.
Dibujo: John Clark. Dibujo: Tomado De Freidel Et Al., Maya Cosmos, 1993.
¿FIN DEL MUNDO?
El 21 de diciembre de 2012 el sistema calendárico maya conocido como cuenta larga retornará al cero, para reiniciar su ciclo de 1 872 000 días (5 125.36 años). Al acercarse la fecha, proliferan en los medios, la prensa, internet y hasta en películas las profecías asociadas al fin del mayor ciclo temporal de los mayas. Un profeta anuncia: “hay un agujero negro en el centro de nuestra galaxia”; atrae energía, materia y tiempo, al abrirse por primera vez en 26 000 años romperá el equilibrio del sistema solar debido a una singular alineación del Sol con el plano de la Vía Láctea. En 2012, las colosales erupciones de la superficie solar alcanzarán su punto máximo, lanzando hacia la Tierra una cantidad extraordinaria de partículas. Se modificará el eje magnético de nuestro planeta y las consecuencias serán nefastas; la inusitada cantidad de desastres naturales que hemos atestiguado últimamente están relacionados con tales circunstancias. Los profetas que anuncian lo que ocurrirá en 2012 afirman que los mayas predijeron el cataclismo hace siglos.
No todos son tan pesimistas, algunos visionarios opinan que nos espera un despertar radiante, previsto cósmicamente, y que una nueva y clara conciencia colectiva nos permitirá resolver los problemas más apremiantes del planeta. Otro sabio apunta: el solsticio de invierno “se mueve lentamente hacia el corazón de la galaxia”; el 21 de diciembre de 2012 se transformará el mundo al atravesar el Sol la “gran grieta”, fragmento de la Vía Láctea que los mayas consideraban “la matriz de la creación”. Será entonces cuando nos “conectaremos nuevamente con nuestro corazón cósmico”, escribe un tercero. Alegan que todo lo anterior está vinculado con cálculos astronómicos mayas.
Se supone que monumentos como la Estela 25 de Izapa, Chiapas, sitio periférico maya del Preclásico (400 a.C. aproximadamente), son mapas celestes de la alineación galáctica presenciada por los antiguos mayas, y que fueron erigidos para conmemorar el siguiente ciclo de la creación, previsto por los astrónomos mayas con dos mil años de anticipación. Esta interpretación supone que la Vía Láctea fue considerada por los mayas un árbol cósmico, semejante al que vemos en la Estela 25.

UNA CRÍTICA ASTRONÓMICA
Tan sombrías predicciones pueden refutarse seriamente mediante argumentos científicos y culturales. En primer lugar, desde el punto de vista astronómico, hay poca evidencia de que los antiguos mayas consideraran importante la Vía Láctea. Cuando se refieren a ella la perciben como un sendero. Considerarla como un árbol, a pesar de cuanto se diga, aparece solamente en la etnografía contemporánea.
En segundo lugar, cualquier persona que se tome el trabajo de ver el cielo nocturno descubrirá que la Vía Láctea es una banda ancha, luminosa y lejana que envuelve a la Tierra; poco se parece a su representación en los mapas computarizados que con demasiada frecuencia usan los profetas contemporáneos para especular sobre lo que contemplaban en el cielo los antiguos sabios mayas. Es realmente muy difícil definir el plano galáctico, inclusive cuando el Sol no está alineado a él; no hay manera de predecir exactamente un alineamiento solar-galáctico con más de 300 años de anticipación.



El antiguo futuro del k’atun
Historia y profecía en un espacio circularErik Velásquez García
Para los mayas prehispánicos y coloniales el futuro estaba escrito en el pasado. Por ello, para afrontar el incierto devenir, fijaron su atención en los acontecimientos históricos. Como estos últimos les eran conocidos y visibles, les quedaban adelante, mientras que el futuro, al no poderse ver, les quedaba detrás. Semejante manera de encarar el destino estaba enmarcada en una concepción circular del tiempo y del espacio.

El héroe cultural Ajaw Foliado –quien, según los textos jeroglíficos, vivió al menos 295 años– y un señor de nombre Mo’ erigen en el interior de una cueva, representada por un portal cuadrifolio, una estela amarrada junto a un altar de piedra. Este ritual, llamado k’altuun, “atadura de piedra”, ocurrió el 20 de octubre de 376 d.C. Cráneo labrado de pecarí. Tumba 1, Copán, Honduras.
Dibujo: Barbara W. Fash
Uno de los ciclos calendáricos más importantes para los mayas fue el de los k’atunes, término que se registra en los textos coloniales de Yucatán. Cada k’atun consta de 20 años de 360 días, lo que suma un total de 19.71 años solares. Durante el periodo Clásico (250-900 d.C.) dicho lapso recibía el nombre de winikhaab’, término que significa “veinte años”. Los mayas solían celebrar la terminación de esos ciclos mediante complejos ritos que incluían la erección de estelas y otros monumentos, mismos que eran amarrados con sogas para ponerlos de pie. Esos actos recibían el nombre de k’altuun, “atadura de piedra”, término del cual, según David S. Stuart, derivó el sustantivo yucateco k’atun (o más correctamente, k’atuun).
Cada k’atun recibía el nombre del día del calendario de 260 días con el que terminaba, que siempre era una fechaajaw, aunque por razones aritméticas su coeficiente numérico iba retrocediendo de dos en dos. Así, por ejemplo, el k’atun 8 ajaw (672-692 d.C.) fue seguido por el 6 ajaw (692-711 d.C.) y éste a su vez por el 4 ajaw (711-731 d.C.), etc. Desde mediados del Clásico Temprano (250-600 d.C.) los mayas ya solían usar ese sistema de fechamiento en sitios como Caracol, Naranjo, Río Azul, Tikal y Toniná, pero solamente comenzó a sustituir a la cuenta larga en el noroeste de la península de Yucatán a partir de 633 d.C. Dicha forma de fechamiento constaba de 13 k’atunes (7 200 días x 13), que en conjunto sumaban un periodo de aproximadamente 256 años solares. Hoy conocemos ese sistema como la cuenta corta o rueda de k’atunes, misma que también implicaba la fragmentación del espacio geográfico en 13 segmentos, ya que se creía que cada k’atun ocupaba un lugar en el territorio.
El testimonio más temprano de semejante unión entre tiempo y espacio se encuentra posiblemente en el monumento circular número 3 de Altar de los Reyes, que registra la existencia de 13 señoríos o tronos, en los que los mayas del año 800 d.C. creían que se dividía su geografía regional. Semejante concepción tuvieron los mayas yucatecos del Posclásico, pues diversas esculturas de tortugas con 13 jeroglíficos ajaw grabados en el caparazón han sido encontradas en Mayapán, Santa Rita Corozal y Tulum. El caparazón discoidal de los quelonios simbolizaba para los mayas la superficie de la tierra que flota sobre las aguas del océano, concepto que se encuentra implícito en el sustantivo peten, “comarca, isla, provincia” o “región”, palabra que deriva del adjetivo pet, “circular” o “redondo”.


Adivinación y pronósticos entre
los mayas actuales

Michela Craveri
Durante siglos, a pesar de los 500 años de influencia cultural occidental, los mayas han mantenido la costumbre de leer su destino en las semillas de colorín y de maíz, de recibir señales divinas mediante palpitaciones en su propio cuerpo y de descifrar los designios de los dioses en los días “parlantes” del calendario. Hasta hoy en día, los sacerdotes de los Altos de Guatemala –gracias a elaboradas técnicas de interpretación– son capaces de percibir la realidad oculta mediante el estudio del tiempo y del calendario sagrado.
Iniciación de una sacerdotisa
Iniciación de un ajq’iij, sacerdote o sacerdotisa del Sol y del tiempo, de Momostenango, Guatemala. En las manos tiene el bulto de colorines que usa en los rituales de adivinación.
Foto: Canek Estrada Peña
EL HOMBRE Y LOS CALENDARIOS
Los calendarios no sólo son herramientas de medición del tiempo, sino también magníficos instrumentos de conexión entre el tiempo cósmico y el tiempo humano. Son puertas que le permiten al hombre acceder a los misterios del cosmos y al mismo tiempo acordar los compases de las actividades humanas a los ritmos de los astros. Éste es también el caso de los calendarios mesoamericanos, que siguen vigentes en muchas comunidades de esta región cultural, ya sea como medición del tiempo o como ventana de observación del mundo.
De los tres calendarios usados en la época prehispánica, el tun de 360 días, el jaab de 365 días y el tsolk’iin de 260, los dos primeros fueron suplantados casi completamente por el calendario gregoriano y por las festividades marcadas por los santos católicos. En algunas comunidades del área maya, las actividades rituales se realizan según los augurios positivos o negativos de los días de la semana cristiana. Por ejemplo, no se pueden curar mujeres embarazadas ni el martes ni el viernes, según la implicación negativa de estos días en Europa, ya que “en martes o viernes, ni te cases ni te embarques”. Por otro lado, estos días específicos están dedicados a ciertas ceremonias, como la lectura del huevo o las limpias y las sobadas en Yucatán.
El calendario ritual de 260 días, llamado cholqiij en k’iche’ y tsolk’iin en maya yucateco, “el orden de los días o del tiempo”, parece haberse olvidado en muchas comunidades de México, mientras que representa un instrumento importante de medición y de conocimiento en las tierras altas de Guatemala, en el área k’iche’, ixil, mam, kaqchikel y achi’, entre otras. Cabe mencionar que en las correspondencias calendáricas entre el sistema mesoamericano y el europeo, el ciclo de 260 días actualmente en uso ha experimentado un desplazamiento de unos días respecto a la cuenta del Clásico, por el paso del calendario juliano al gregoriano.
Referencias coloniales y trabajos etnográficos realizados en el área ixil y k’iche’ a partir de los años treinta del siglo XX, atestiguan la continuidad de las técnicas tradicionales en la consulta del calendario de 260 días para realizar numerosas actividades privadas y públicas, como bodas, petición de novia, ceremonias de agradecimiento, siembra, cosecha, adivinación y curación. Durante mi trabajo de campo en el área k’iche’, en los Altos de Guatemala, he podido comprobar la vigencia e importancia de este valioso instrumento cronológico, sobre todo en contextos culturales de escaso contacto con el mundo occidental. La conservación de los rituales ancestrales podría haber sido reforzada en los últimos años por los movimientos de reivindicación étnica o por el contacto con antropólogos que han trabajado en las mismas comunidades. Sin embargo, las referencias coloniales y actuales y la difusión capilar del uso del calendario en muchos municipios de Guatemala atestiguan el valor intrínseco de estas actividades rituales para la vida de las comunidades y su continuidad en el tiempo.



EL SACRIFICIO HUMANO ENTRE LOS MEXICAS
Alfredo López Austin, Leonardo López Luján
Los estereotipos son ideas persistentes sobre una realidad específica, comúnmente aceptadas por un grupo social. En muchos casos, se trata de concepciones que simplifican, reducen e incluso caricaturizan fenómenos que por esencia son complejos. Cuando se aplican a sociedades o culturas pueden incluir juicios valorativos, verdaderos o falsos, precisos o ambiguos. Si el estereotipo alude a la propia tradición, generalmente resalta lo positivo, las virtudes y tiende al elogio: los griegos son evocados como filósofos y los romanos como grandes constructores. En cambio, si la apreciación se refiere al otro, es común que enfatice lo negativo, los defectos y denigre: para muchos, los sicilianos son mafiosos por naturaleza, los pigmeos son caníbales y los mexicas fueron crueles sacrificadores.
Piedra sacrificial (chac-mool)
Piedra sacrificial (chac-mool) encontrada a la entrada de la capilla del dios de la lluvia. Templo Mayor de Tenochtitlan, etapa II. Dibujo: Fernando Carrizosa Montfort. Cortesía Del Proyecto Templo Mayor, INAH
Como se verá en este texto, existe toda suerte de testimonios que corroboran que los mexicas tenían al sacrificio humano como una de sus costumbres religiosas más arraigadas. Sin embargo, es evidente que no es ésta la única civilización de la antigüedad que realizaba holocaustos en honor a sus dioses y que no hay parámetros suficientes para evaluar si los mexicas fueron el pueblo que practicó más occisiones. En efecto, a partir del estudio de textos sagrados, obras literarias, documentos históricos y, sobre todo, testimonios aportados por la arqueología y la antropología física, los historiadores de la religión han corroborado que la práctica del sacrificio humano fue común en la antigüedad y que se extendió prácticamente por todo el planeta. En muy diversos puntos del continente europeo, por ejemplo, han aparecido evidencias de sacrificio y canibalismo que se remontan al Neolítico y a la Edad de Bronce. Además, está bien documentado que la primera de estas prácticas se prolonga hasta los tiempos de esplendor de las civilizaciones griega y romana. En el caso de África y Asia, el sacrificio también surgió hace varios milenios: sabemos que los faraones egipcios solían inmolar prisioneros de guerra y que los máximos gobernantes de Ur eran enterrados con sus familiares y su séquito. Otros muchos ejemplos de violencia ritual han sido registrados en la historia de la India, China, Japón y las islas Fidji. Obviamente, el continente americano no fue la excepción. Existen numerosas evidencias arqueológicas e iconográficas de los cruentos holocaustos realizados por la civilización moche de Perú, por muchos pueblos mesoamericanos del área maya, Oaxaca, la Costa del Golfo y Teotihuacan, y por sociedades que habitaron mucho más al norte, incluidos los nativos del Suroeste de los Estados Unidos.
Hubo en el mundo antiguo toda suerte de occisiones rituales. En el reino nubio de Kerma, compartían la misma fosa sacrificial los cadáveres de hombres, mujeres y niños; en la India, una mujer era decapitada anualmente en honor de la diosa terrestre Kâli; en Cartago, se dedicaban niños al dios Baal cuando había una amenaza militar... Algunos pueblos destacaban por su crueldad, como los japonenes que enterraban vivas a las víctimas que darían fuerza a castillos y puentes; los celtas que las enjaulaban y les prendían fuego, o los dayaks de Borneo que las ejecutaban con agujas de bambú. En fin, muchos pueblos –incluidos los habitantes de Bengala y Dahomey– son célebres por sus inmolaciones multitudinarias, algunas de las cuales se llevaban a cabo todavía en el siglo XIX.



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